Al finalizar la etapa escolar, muchos alumnos con diferentes necesidades educativas especiales (con dificultad física, intelectual, sensorial o social) caen en la incertidumbre, junto a sus padres, de lo que ocurrirá en su futuro. En los últimos años, Chile ha imitado modelos extranjeros en cuanto a inclusión universitaria para que, eventualmente, puedan insertarse en el mundo del trabajo y ser lo más autónomos posible, pero la tarea va mucho más allá.
Por María Inés Manzo C.
En el contexto de educación superior en Chile, la inclusión real en universidades recién se está instalando, pero es un camino que tiene mucho por recorrer, primero porque no son muchas las instituciones que lo consideran dentro de sus mallas y, segundo, porque es un tema que desde la educación escolar presenta varias falencias a nivel de integración y de lo que es mejor para los alumnos con necesidades especiales.
Un sistema inclusivo va mucho más allá de asegurar el aprendizaje, pues busca que todos los alumnos tengan los mismos derechos y deberes. Además, el trabajo con los padres es muy importante, ya que ellos deben estar dispuestos a que sus hijos se inserten, como todos, a un mundo donde no pueden ser protegidos constantemente.
En países como Alemania, Italia España o Estados Unidos, la inclusión en universidades lidera y va de la mano a un cambio social, aunque se está apuntando más a las empresas y el empleo con apoyo. Conocido es el caso del español Pablo Pineda, que fue el primer estudiante con Síndrome de Down titulado de una carrera universitaria como profesor. Hoy con treinta y siete años, además se ha hecho conocido en Europa y en el mundo por protagonizar la película Yo también, que cuenta justamente la historia de un trabajador social que se enamora de una compañera de trabajo. A este caso, y otros en España, se le suman el de la estadounidense Karen Gaffney, también licenciada en educación, y quien es la primera Down en cruzar a nado más de 14 km del lago Tahoe en Estados Unidos, o el de la joven japonesa Aya Iwamoto, graduada en literatura inglesa.
Pero para Irma Iglesias, presidenta de la Fundación grupo Down21-Chile, este tema va mucho más allá: “la preparación es desde la cuna, los padres de niños pequeñitos deben preguntarse cómo veo a mi hijo o hija a los veinte años. Nosotros apostamos por la educación inclusiva, el mundo real, en el que se debe ganar el espacio en el bus escolar, en el kiosco del colegio, el respeto en la sala de clases. La estimulación temprana está en la familia, en subirlo al mismo carro que a los demás, esa es la clave, porque ellos no nacen discapacitados, sino que los hacemos”.
Es así como la Fundación Down21-Chile, además de las capacitaciones a colegios, trabajan con la Universidad Mayor y la Universidad Diego Portales para darles ayuda en estos temas, pero uno de sus mayores logros ha sido el empleo con apoyo, donde hoy cuentan con cinco trabajadores contratados en el Congreso Nacional (Cámara de Diputados). Funcionarios que trabajan de acuerdo a su rendimiento, de nueve a doce horas, tres veces a la semana y con un sueldo más almuerzo. “El empleo con apoyo es una combinación de trabajo y de servicios a lo largo del tiempo. Es una vía poderosa y flexible para asegurar los beneficios normales derivados del empleo, proporcionar ayuda continua y apropiado, crear oportunidades, y alcanzar participación plena, integración y flexibilidad. Para nosotros como institución es un gran logro, tenemos la preparadora laboral de nuestra fundación contratada por el Congreso Nacional para que contribuya permanentemente en esta labor con los jóvenes; esto significa que el gasto no recae en los padres y es como debe ser”, cuenta Irma Iglesias.
EXPERIENCIAS EN CHILE
Una de las primeras iniciativas conocidas en universidades chilenas que ofreció cursos para jóvenes con discapacidad cognitiva, fue la Universidad Central de Santiago (Facultad de Educación), que desde el año 2006, junto a la Fundación Hineni, apostaron por un grupo de padres y alumnos, que finalizado cuarto medio, buscaban no perder todo lo aprendido en el colegio por quedarse en sus casas.
Es así que se creó un modelo de empleo con apoyo llamado Programa de Formación e Integración Socio-Laboral para personas con Discapacidad Intelectual (DI), que tiene como objetivo entregar formación y apoyo personalizado, para que los alumnos tengan una adecuada transición hacia el mundo adulto y una real integración al mundo laboral.
A lo largo de tres años, este programa presenta un plan curricular conformado por el desarrollo personal, prácticas, ocio y tiempo libre. Todo para que la persona con discapacidad y con especiales dificultades pueda acceder, mantenerse y promocionarse en una empresa, pero con el apoyo de profesionales. Es así que al egresar se busca que los alumnos manifiesten habilidades de lenguaje y comunicación, aplicación de números, uso básico de tecnologías, trabajo en equipo, entre otros, lo que les permitiría enfrentarse por sus propios méritos, mejorando así su calidad de vida y autonomía.
Una alternativa que ha dado mucho que hablar y ha sido una tranquilidad para muchos padres y familias que ven los progresos y logros de sus hijos (hoy con trece alumnos). Pero esta universidad no es la única, ya que en Viña del Mar también existe otra institución que ha estado marcando la diferencia en cuanto a prácticas laborales e inclusión universitaria.
OPCIÓN REGIONAL
Desde el 2010, en la Ciudad Jardín, y hace seis años en Santiago, la Universidad Andrés Bello comenzó un Programa Diploma en Habilidades Laborales, que se proyecta además, en el 2013, en la ciudad de Concepción, abarcando de esta manera más regiones de nuestro país. Este programa está dirigido a jóvenes que muestran necesidades educativas especiales por discapacidad cognitiva leve o dificultades de aprendizaje, que por su severidad les dificulta el acceso directo a la educación superior. Pueden provenir de la educación media regular en modalidad de integración o de otras modalidades de educación especial. Hoy esta iniciativa ya cuenta con veintisiete alumnos entre primero y segundo año; este año ingresaron nueve y para el próximo se esperan entre diez y quince nuevos alumnos.
¿Pero cómo funciona? Alejandra Ríos, directora del Diploma en Habilidades Laborales de Viña del Mar, nos cuenta con detalle: “La idea es entregarles a nuestros alumnos herramientas para tener una vida lo más autónoma posible en el futuro y prepararlos para la vida adulta, pero en un ambiente absolutamente normalizado. En los proyectos de integración, estos alumnos son él distinto del curso y en las escuelas especiales todos tienen alguna dificultad. Aquí es un grupo de pares, que pueden compartir con compañeros de otras áreas como de ingeniería comercial, arquitectura, diseño, ecoturismos, etc.”
De este modo, la primera etapa consiste en una exploración de habilidades e intereses mediante diferentes áreas (matemáticas, arte, expresión corporal, desarrollo personal, informática y computación entre otros), donde luego los alumnos podrán optar a distintas especialidades como ayudante de veterinaria, ayudante de gastronomía, ayudante de administración o ayudante de educación parvularia.
“A lo largo del segundo y tercer año, les entregamos herramientas para sus prácticas y clases en terreno. Por ejemplo, en gastronomía van a una cocina y aprenden in situ a preparar una pizza, a usar el horno y el que le tiene miedo al fuego se dará cuenta de que no puede trabajar ahí y buscará otra especialidad donde se sienta cómodo. Las actividades que realizan en hoteles se relacionan con archivo de documentos o también en la recepción, recibiendo a los pasajeros, cobrándoles, asignando las habitaciones y actividades de ese tipo. El tema del computador le es muy fácil y se manejan muy bien en las redes sociales, porque no hay nada que los diferencie con los demás. Pero hay que aclarar que siempre serán “ayudantes de”, en ese sentido somos bien transparentes con los padres y apoderados”, aclara Alejandra.
En esta propuesta, los alumnos, efectivamente, se consideran alumnos regulares y tienen los mismos derechos y deberes que sus compañeros. Se les dio el pase escolar —que había costado mucho por los códigos de educación especial— y participan de las mismas actividades deportivas o extra programáticas, como lo es la natación. Además, cuentan con tutores de su misma edad o año académico que han surgido de manera espontánea por otros alumnos de variadas carreras, lo que les ha ayudado a vivir la comunidad universitaria en los recreos o la biblioteca. Por ello, incluso algunos se han vuelto amigos, ya que comparten más allá del aula y están permanentemente comunicados.
Una instancia que para muchos ha mejorado su autoestima y los ha ayudado a desenvolverse no solo en la universidad, sino que en la ciudad, ya que varios han aprendido a movilizarse en locomoción colectiva durante el paso por el diploma. Un gran cambio de vida tanto para la familia como para los mismos jóvenes. Asimismo, para la universidad ha sido muy enriquecedor, porque se aspira que quienes compartieron con los alumnos del diplomado, sean en un futuro quienes los contraten. Probablemente, alguno de ellos deberá tomar la decisión de dar o no la oportunidad a personas con capacidades diferentes e integrarlos en el ambiente laboral.
En cuanto a la evaluación hasta la fecha, Alejandra cree que ha sido un proceso muy positivo, tanto para los alumnos como para los empleadores de la zona. “Las prácticas han funcionado muy bien, inicialmente pensamos que conseguir empresas que estuvieran dispuestas a darles una oportunidad a alumnos con capacidades diferentes como los nuestros, iba a ser una tarea difícil. Sin embargo, el sector empresarial de la V Región nos sorprendió con su apertura a la diversidad. Logramos que a todos nuestros alumnos se les abrieran las puertas en excelentes lugares, tales como Enjoy, Hotel Conference Town, Coca Cola, Inmobiliaria Aconcagua, Cámara Aduanera, GasValpo, tienda LEGO y más”.
“La preparación es desde la cuna, los padres de niños pequeñitos deben preguntarse cómo veo a mi hijo o hija a los veinte años. Nosotros apostamos por la educación inclusiva, el mundo real, en el que se debe ganar el espacio en el bus escolar, en el kiosco del colegio, el respeto en la sala de clases. La estimulación temprana está en la familia, en subirlo al mismo carro que a los demás, esa es la clave, porque ellos no nacen discapacitados, los hacemos”, Irma Iglesias.