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EDICIÓN | Noviembre 2012

Ejemplo de vida

Francisca Mardones, tenista paralímpica
Ejemplo de vida

Es una de las mejores tenistas del mundo, participó en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 y ahora aspira al Top Ten del tenis mundial. En su silla de ruedas, se instala como un modelo de esfuerzo y admiración para quienes buscan la reinserción a través del deporte.

Por Francisco Ortiz / fotografía Andrea Barceló

Eran las últimas semanas del año 2000 cuando un huracán atacó la zona de Islas Vírgenes, en el mar Caribe. Como de costumbre, cada vez que se anunciaba uno, había que tomar las providencias del caso, y en aquella oportunidad no fue la excepción. En uno de los tantos hoteles, una chilena debía resguardar la seguridad de los huéspedes.

Francisca Mardones, a los veintitrés años, trabaja como administradora hotelera. En ese momento su vida tomaría un rumbo trágico, aunque con el pasar de los años entendería que era la forma en que el destino quería llevarla a cumplir sus sueños.

“Estaba feliz administrando un hotel cuando llegó un huracán y como estaba a cargo del lugar, me tuve que encargar de los huéspedes, trabajadores y comprar víveres para el refugio. Cuando el huracán se estaba acercando, nos metimos al búnker. Pero estando ahí se me olvidó proteger un área. Y dije… ya no se puede salir, pero son dos minutos… qué me va a pasar en dos minutos; y cuando iba caminando hubo un deslizamiento de tierra, y me caí por un barranco. Me golpeé la columna. El dolor era indescriptible”, recuerda.

¿Qué pensaste en esos momentos?
Que debía salir de ahí, aunque fuera arrastrándome. Si no me movía iba a salir volando con el huracán y tenía que protegerme de alguna manera. Así que me arrastré hasta llegar al búnker, donde estuve sola por dos días, con un dolor terrible que no me dejaba ni respirar. Sentía que era el fin del mundo, además parecía que el cielo iba a caerse. Afortunadamente, después me encontraron.

Debe haber sido muy duro…
Fue súper fuerte. Pensaba que era el fin de mi vida. Era un dolor que jamás había sentido, no sabía que existía algo tan fuerte. Sólo mover la punta del dedo me hacía doler todo el cuerpo. Pensé que no salía más. De hecho, tenía un cuaderno donde empecé a escribir una carta de despedida. Han pasado doce años y recién hace algunos meses pude leer ese cuaderno.

Hoy la vida de la “Pancha” es completamente distinta, marcada por una histórica actuación en los Juegos Paralímpicos de Londres. Un sueño que traía desde niña, pero que nunca pensó cumplir de esa forma, sobre todo porque nunca se decidió completamente por ninguna disciplina deportiva. “Me gustaban todos, no me podía decidir por uno, así que practicaba varios deportes a la vez. Y de repente me di cuenta de que ya estaba grande y no me había dedicado lo suficiente como para ser profesional. Quedé con ganas de ser deportista olímpica”, explica.

Siempre relacionada con el deporte…
Desde chica me encantaba. Cuando estaba en el Jardín Infantil, gané una carrera de bicicleta. Gané entre treinta niños. Y me gustó esa emoción. Además, justo en esa época estaban realizándose unos Juegos Olímpicos y ver en la televisión a todos esos atletas me hacía pensar en estar ahí.

Por eso decidiste estudiar Educación Física…
Sí, pero justo antes de entrar a la universidad tuve un choque en auto. Eso significó que anduviera varios meses con cuello ortopédico y no pude entrar a estudiar. Entones opté a mi segunda opción, que era Administración Hotelera. Y cuando estaba saliendo, me fui a Islas Vírgenes a hacer la práctica y me quedé trabajando.

RENACER PARA TRIUNFAR

Luego de su terrible paso por el Caribe, Francisca debió regresar al país para comenzar un eterno y doloroso tratamiento. Operación tras operación, años de rehabilitación y remedios que la llevaron hasta la intoxicación, fueron parte del proceso en búsqueda de una recuperación que, si bien nunca llegó completamente, hoy le permite ser una destacada tenista paralímpica a nivel mundial.

¿Cómo recuerdas ese proceso?
Me operaron y no hubo buenos resultados. Después otra cirugía y lo mismo. Y otra, otra, otra… estuve un año hospitalizada. Y lo peor es que no solamente no me podían ayudar, sino que cada vez iba teniendo peores lesiones. Fue súper complicado, tenía dolores tremendos, y para palearlos me daban morfina, demerol y un montón de medicamentos para tratar de aguantar un poco. Y eso provocó que me intoxicara. Fue súper duro.

“Me dieron de alta y me mandaron para la casa como un bulto, porque nadie sabía qué hacer. Todos los doctores me veían, había juntas médicas… nadie sabía cómo arreglar el tema. Unos doctores decían algo, otros algo distinto y después se peleaban entre ellos”, recuerda.

¿Qué pensabas en ese momento?
Pensaba que sería pasajero, que se iba a revertir. Tenía que salir del hoyo para tener mejor calidad de vida. Fue entonces cuando apareció en mi vida el doctor Eugenio Galilea, que fue como mi angelito. Me dijo que llevaba nueve meses estudiando mi caso y que me podía ayudar. Ahí empecé a salir adelante.

¿Imaginaste volver a tener una vida normal?
Yo pensaba que no iba a poder hacer más deporte, disfrutar de correr, saltar, cosas simples. Pero de repente se me abrió esta puerta y me cambió la vida.

DE LA CLÍNICA AL TENIS

“Hace seis años y medio, Doris Gildemeister me invitó a jugar tenis. Y ahí volví a nacer, porque mi gran preocupación y frustración era que no iba a poder hacer deporte nunca más. Al día siguiente estaba en la cancha, y supe que había torneos en Chile, un circuito mundial y campeonatos en muchos países. Descubrí que era lo que había esperado toda mi vida”, reflexiona.

¿Fue muy difícil?
Afortunadamente, tenía condiciones y enganché de inmediato. Varios me preguntan por qué juego tenis y yo siempre digo porque fue el primer deporte que me ofrecieron. Si me hubieran ofrecido otro, estaría en eso… (ríe).

Todo muy rápido…
Empecé a entrenar, a aprender y de a poco fui jugando y ganando torneos, a jugar en Argentina, en Brasil. Después empecé a competir en Estados Unidos, Europa, África... De un día para otro había entrado a las cien mejores del mundo, y estoy entre las veinticinco. No solamente pude ir a torneos y ganar medallas en Panamericanos, sino que pude cumplir el sueño de toda mi vida: participar en los Juegos Olímpicos, los Paralímpicos.

¿Cómo ha sido la experiencia?
Increíble. Tener la posibilidad de viajar por el mundo compitiendo es algo que muchos tenistas quisieran. En eso me siento privilegiada. Los buenos resultados son el fruto de un trabajo, pero de muchos factores que deben coincidir. Yo estoy súper contenta de lo que he logrado, me siento más que pagada.

UN SUEÑO OLÍMPICO

Desde el huracán hasta su llegada a los Juegos Olímpicos pasaron casi doce años. Tiempo en que ocurrieron miles de cosas, pero hubo una que nunca falló: la convicción de que había que salir adelante. Francisca entendió que el destino le puso pruebas y que logró superarlas. Superación que alcanzó su máxima expresión en Londres 2012.

¿Cómo fue la experiencia en Londres?
Fue una emoción tremenda. Imagínate que la gente estaba revolucionada, todos los estadios llenos… habían visto a los deportistas convencionales haciendo cosas increíbles, pero después al vernos a nosotros con discapacidad haciendo lo mismo, nos decían que éramos súper héroes. Tú salías de la villa y la gente te pedía una foto.

¿Y el debut en la cancha?
Fue increíble, porque más encima fue en el court central. Además, cuando presentaron a la española, se llevó todos los aplausos. Pero después di vuelta a la gente, que terminó saltando y ovacionándome…Fue el gran sueño que he vivido. Estoy súper agradecida de la vida por eso.

Pero tu carrera no quedó ahí.
Tienen que venir más cosas. Mi idea es luchar por ser Top Ten. En Londres quedé entre las dieciséis mejores, que es algo súper bueno. Ahora tengo que trabajar para reflejar ese resultado en el ranking mundial. Es el minuto de seguir luchando, porque en el deporte no hay tiempo para bajar los brazos. Terminé mi participación en los paralímpicos y mi primer pensamiento fue: ahora viene Río.

¿No te cansas?
No es que me estrese sola, pero hay que seguir la planificación. Cuatro años se pasan rapidísimo. Además, tengo muchas actividades. No solamente el Mundial del próximo año y todos los torneos, sino que los Sudamericanos, el 2014, en Santiago, el 2015 los Panamericanos y el 2016, Río. Son muchas actividades y hay que estar a full.

¿Siempre has tenido apoyo para estas metas?
Al año siguiente de empezar ya tenía auspicio: la CCU. Creyeron en mi proyecto y apostaron por mí, y gracias a Dios el tema resultó, y hasta hoy se mantienen conmigo. También estoy con Reebok, que me acaba de nombrar rostro latinoamericano. El apoyo de ADO también ha sido muy bueno, y hay mucha gente que se la ha jugado por mí.

PUNTO DE PARTIDO

A sus treinta y cinco años, Francisca Mardones sabe lo que es luchar. Contra la vida, el destino, los obstáculos y rivales. Pese a todas las dificultades, es una agradecida de la vida y del tenis. Asegura que ya cumplió su mayor sueño, pero aún así, no hay nada que la frene.

¿Asimilas todo lo que te ha ocurrido?
Yo ahora entiendo que era mi destino. Si bien fue súper difícil todo lo que pasé y no es fácil entender las cosas, sobre todo cuando son tan fuertes. Pero era lo que tenía que vivir, y la única manera de poder ser tan feliz como ahora, de poder disfrutar todo lo que hago, de haber cumplido el sueño de mi vida a los treinta y cinco años. Eso es algo que poca gente puede decir, es un privilegio.

¿Te sientes agradecida del tenis?
El tenis me ha dado muchas alegrías y yo las quiero retribuir. Por eso, hace cuatro años fui a la Municipalidad de Las Condes a presentar un proyecto, para enseñarles este deporte a las personas con discapacidad. Tengo treinta o cuarenta alumnos con capacidades diferentes; problemas auditivos, de visión, psicológicos, todo tipo de cosas.

¿Buscas incentivar el deporte paralímpico?
La idea es ir dando el ejemplo para que otros se motiven a practicar deporte. Vienen los Parasudamericanos y necesitamos deportistas, o se van a ir todas las medallas fuera de Chile. Tiene que haber muchos y esa es la gran meta.

¿Cómo se vienen los primeros Paralímpicos en Chile el 2014?
Hay un cambio de mentalidad en Chile, con eso se dice todo. Estamos partiendo y no hay vuelta atrás. De aquí en adelante todo será mucho más grande. Ahora nos felicitan, porque somos siete deportistas que no tiramos la esponja y estamos encontrando la recompensa por haber seguido, y eso es un gran logro.

¿Hay algún límite?
Nunca he pensado que lo haya. En este minuto el único es ser la número uno del mundo, solo porque no existe el número cero. Entonces no puedo decir hasta dónde voy a llegar, porque siempre voy a seguir luchando.

¿Y luego del tenis?
En los deportes paralímpicos no hay un año de término ni hora de retiro. Es importante que eso se sepa; uno siempre puede seguir. Yo vi ganar medallas a abuelitos con discapacidad. Siempre quiero seguir vinculada al deporte. Ojalá el día de mañana como entrenadora o algo relacionado. Es importante que todos los que estamos en esto sigamos mejorando el deporte en Chile.

¿Te sientes discapacitada?
Tengo una diferencia física, pero eso no significa que no pueda lograr lo que quiera. Con el deporte la gente no ve mi discapacidad. Puedo hacer todo lo que quiera, aunque sea de manera adaptada. Manejo, viajo… todo se puede hacer.

“Tengo una diferencia física, pero eso no significa que no pueda lograr lo que quiera. Con el deporte la gente no ve mi discapacidad. Puedo hacer todo lo que quiera”.

 

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