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EDICIÓN | Noviembre 2012

¿Cuestión de tiempo?

Acortar las carreras
¿Cuestión de tiempo?

Las opiniones son variadas, pero coincidentes en la necesidad de un análisis más profundo. Una historia que parte por el sistema escolar chileno y pasa por la repetición de contenidos y sobreespecialización de las carreras, burocracia en el proceso de titulación y, por ende, un alto costo económico familiar. Un debate que toma mayor fuerza y en el que cada uno de los actores involucrados tiene algo que decir.
 

Por Verónica Ramos Baldi.
 

Jorge Molina es ingeniero civil de minas de la Universidad de La Serena y actualmente ocupa el cargo de Superintendente de Planificación Mina, en Minera Escondida. Su carrera, tiene una duración formal de seis años, pero él, tardó dos años más, incluyendo el proceso de titulación. Perdió un año por factores externos, sin embargo, afirma que el proceso más lento y complicado, fue el de plan común. “Teóricamente, las ciencias básicas, es la base de la formación y dura cinco semestres, no obstante, creo que son demasiados ramos científicos, los que, en la mayoría de los casos tienen cero aplicación cuando sales al mundo laboral” y agrega: “es fundamental focalizar esta carrera, en los ramos de especialidad, desde una etapa más temprana”.

Casos como el de Jorge, siendo algunos más extremos, se repiten entre cientos de estudiantes de esta y otras carreras profesionales, en nuestro país. Según un estudio del MINEDUC, las tres primeras carreras de mayor duración, producto de dilaciones de los alumnos, son geología, ingeniería y derecho. El programa formal de estas, es de diez semestres, sin embargo, en la práctica y en tiempo real, se extienden, en varios casos, hasta quince semestres. Un estudio, avalado también por este Ministerio, demuestra que en promedio, los alumnos de diferentes carreras, tardan un año y medio más, en titularse.

La extensión formal versus la duración real de las carreras, ha sido tema de análisis hace algunos años, por los principales actores involucrados. Hoy, esta materia abrió un debate, tomando mayor fuerza, entre las autoridades centrales, economistas e incluso en pre candidatos a la presidencia.

La propuesta de reducir las mallas universitarias es, sin duda, un tema que llegó… para quedarse.

NIVELACIÓN Y COMPETENCIAS

Para el Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Serena, Alberto Cortés, este tema debe ser analizado desde tres aristas: perfil de egreso, competencias reales del profesional y una mejora en los planes y programas de estudios de la enseñanza básica y media. “Muchas veces el estudiante ingresa a la universidad sin hábito de estudio y sin el conocimiento básico de las ciencias. En los países desarrollados, las ciencias básicas están incorporadas en la educación media, por lo tanto, las ingenierías demoran cuatro años. El alumno ya viene preparado, cosa que nosotros no tenemos”.

¿Es fundamental, entonces solucionar a priori este problema?  
Es necesario que exista un nivel de educación similar en los colegios, ya sea, particular, subvencionado o municipalizado. El Estado debe hacerse cargo de un nuevo plan de estudio para la enseñanza básica y media, si bien es cierto, aumentó la cantidad de horas pedagógicas, pero los planes y programas, no se han mejorado.

¿Qué acciones han tomado al respecto, como Facultad de Ingeniería?
Como Facultad hemos destinado recursos para poder nivelarlos y así mejorar la tasa de retención y el tiempo de permanencia de los estudiantes en la universidad. Hace poco participé de un foro mundial de educación, donde este tema es recurrente, pero nadie actúa. No podemos continuar con la discusión, el Estado debe intervenir y tomar decisiones de manera consensuada.

La discusión de este debate es transversal, tanto para las universidades estatales como privadas. Ello, en virtud del largo tiempo real que representa acceder a un título profesional, los que están muy por encima, de los tiempos teóricos. El director regional de Sede de la Universidad Central de Chile, Luis Moncayo, sostiene que es absolutamente factible reducir la extensión de las carreras, lo que por cierto, agrega, está marcando una tendencia. “El Acuerdo de Bolonia, que integró en Europa los sistemas de educación superior de cada país europeo, transferido a América Latina a través del Proyecto Tuning —actualmente en ejecución—, evidencia que más temprano que tarde, las carreras universitarias, reducirán sus años de duración por razones académicas, sociales y económicas. No se justifica que en una sociedad del conocimiento y de educación permanente, exista un sistema de educación superior, que exija largos años de preparación a sus estudiantes”.

En esta misma línea, el director académico de la Universidad Santo Tomás sede La Serena, Agustín Moreno, enfatiza que esta medida es factible y necesaria, pero que el cambio, no depende solo de las universidades. “Es necesario hoy, “podar” el currículo y dejar en ellos, solo los contenidos teóricos, procedimentales y actitudinales que garantizan al titulado insertarse activamente en el mundo laboral y en el desarrollo científico y sociocultural. Pero también, se debe considerar que, para ingresar a la administración pública, es un requisito estar titulado en programas de diez semestres o más. Tampoco existe aún —como sistema educacional nacional— la definición de niveles de habilidades a lograr, durante la escolaridad formal, que aseguren ciertos pisos habilitantes”.

VALOR DEL TIEMPO

En marzo de este año, el Ministro de Educación, Harald Beyer, solicitó al Consejo de Rectores de Chile (CRUCH) generar una propuesta para reducir la extensión de los programas de las carreras universitarias. Dos meses después la respuesta de las autoridades académicas es un cronograma a largo plazo, en el que se espera lograr esta meta, en cinco años. El argumento del CRUCH, es que la mala base académica de los alumnos que ingresan a las universidades, hace que los años de estudios se extiendan, lo que a su vez dificulta la posibilidad de realizar cambios. El vicepresidente del CRUCH, Juan Manuel Zolezzi, afirmó en esa oportunidad “los jóvenes no tienen la preparación y las universidades terminan haciendo nivelación el primer y segundo año”.

Así las cosas, se incluyó también, en este informe, medidas de corto plazo, entre ellas, incorporar sistemas integrados de nivelación de estudiantes, permitir que durante las carreras se puedan obtener grados intermedios y revisar las trabas curriculares y administrativas.

En definitiva, la respuesta no fue satisfactoria para el Ministro, manifestando su decepción al conocer el informe del CRUCH. “A los estudiantes les cuesta financiar sus carrerasun cuarenta y seis por ciento más, que si estos jóvenes estudiaran en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)”, señaló en esa ocasión. Al respecto, un estudio del MINEDUC, indica que los alumnos que tardan en promedio un total de catorce semestres, cuatro más que lo formal, terminan pagando un sesenta y tres por ciento más de lo que deberían.

No deja de ser un factor determinante, por cierto, el costo económico y social, que significa para las familias chilenas mantener a uno o más hijos en la universidad. Los programas curriculares de ingeniería y medicina son las más extensas, lo que a su vez constituyen los aranceles más caros, sobrepasando incluso los cinco millones de pesos anuales. Dicho por el propio Ministro Beyer, el sistema de educación superior chileno, sigue siendo caro y afirma, que el nivel de gasto es similar al de los países más ricos del mundo. “En términos prácticos, esto nos obliga a pensar en el acortamiento de las carreras y en asegurar que los aranceles sean más justos”, indicó.

Por su parte, el Decano de Ingeniería, ULS, Alberto Cortés, señala “el hecho de reducir los tiempos, significa disminuir los costos no solo para los padres, sino que para todos. Sin duda, es positivo, pero para llegar a esto, es necesario realizar una mesa de trabajo y analizar con todos los actores, cuales son las competencias que requieren del profesional. Nosotros, ya lo tenemos definido, pero debe existir un consenso”. Coincide en esta apreciación, el Vicerrector Académico de UST, Agustín Moreno, “hay que discutir entonces, de acuerdo a cada profesión, cuál es el producto con que la sociedad espera que un titulado y/o graduado demuestre que aprendió todo lo que debía aprender y que es lo mínimo que demanda el mercado laboral”.
 
REDUCIR LA FORMACIÓN DE UN MÉDICO: ¿ES POSIBLE?

El debate se ha extendido a otras áreas profesionales. Medicina es una de ellas. Su duración formal es de siete años, más un semestre que demoran, en promedio, los alumnos en titularse. Si bien, es una de las carreras más largas, el MINEDUC considera que acortarla no es una determinación fácil.

El Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Norte, sede Coquimbo, Nicolás Velasco, señala que acortar esta carrera es un tema complejo, ya que interactúa con el MINSAL y sus requerimientos. Agrega también “la responsabilidad que tiene el egresado de medicina sobre sus hombros, al salir de la universidad, es muy superior a cualquier otra profesión, por cuanto es responsable de la salud de sus habitantes”.

¿Cuál es su postura, respecto a la factibilidad de acortar esta carrera?
Si bien el nuevo presidente de ASOFAMECH, Luis Ibáñez mencionó al asumir, que podría estudiarse acortar la carrera en un año; esto no se ha discutido formalmente con él. Más que plantear acortar o alargar la carrera, se requiere antes, un análisis mucho más profundo en conjunto con el MINSAL y las universidades, del tipo de médico que requiere el país en la actualidad, y cuáles son realmente los conocimientos y habilidades mínimas que se requieren para ejercer la profesión.

¿Es compatible reducir el tiempo de esta carrera con el proceso de aprendizaje y las competencias del egresado?
La gran cantidad de conocimientos que se agregan año a año en el área de la medicina y que la población exige al egresado estar en conocimiento prácticamente de todos ellos; no aceptando errores,  hace complejo por ahora tomar una decisión. Creo, que mientras no exista un estudio profundo al respecto, parece difícil tomar una posición determinada.

En definitiva, más allá del tiempo de extensión de una carrera, el tiempo que tome esta discusión, también tiene sus costos. Finalmente, ¿De qué o quién depende, la decisión? ¿Alinearse a una tendencia internacional? ¿Voluntad política y social? ¿Un nuevo marco regulatorio? Sean bienvenidas sus propias conclusiones.

“No se justifica que en una sociedad del conocimiento y de educación permanente, exista un sistema de educación superior, que exija largos años de preparación a sus estudiantes”, Luis Moncayo, director regional de la Universidad Central de Chile.

 

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