Hace veinticinco años que están juntos. Dicen no tener una fórmula para recorrer unidos este largo camino, solo lo atribuyen a una maravillosa conexión y coincidencia. Se conocieron filmando teleseries —en la década de los ochenta— y la pasión de ambos por vincularse con las personas, a través de su oficio, los motivó a tomar un nuevo rumbo, muy distinto al mundo de la televisión.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Para los que vivieron en esa época (año noventa y tres) es fácil recordar a dos simpáticos personajes de la teleserie Marrón Glacé. Julio, interpretado por Samuel Villarroel, era un hombre aprensivo y protector, celoso de su sexy mujer, Shirley, personificado por Marcela Medel. A esta exitosa teleserie se suma una larga lista, en la que Samuel y Marcela se hicieron conocidos por sus inolvidables personajes. La gran mentira, La represa, Ángel malo, Villa Nápoli, Te conté, Gatas y tuercas y una veintena más, forman parte del extenso curriculum televisivo de esta dinámica pareja de actores de la Universidad de Chile.
Este camino consolidado en la actuación y reconocido por el público, los llevó, hace más de quince años, a tener un contacto directo con la gente y a vincularse con lo íntimo. A través del teatro, estos actores generaron un espacio de interconexión entre la expresión artística y el desarrollo personal. Han recorrido todo el país, con sus diversos programas y talleres, forjando un nexo especial con la localidad de El Molle, en el Valle de Elqui.
¿Cómo surge en ustedes la necesidad de generar estos talleres?
Samuel: Sentimos que, en estos tiempos, las cosas se desproporcionaron, se ha perdido el centro, el equilibrio y los alineamientos. Es necesario recuperar las confianzas, retomar lo preciso, lo que tú quieres, el espacio íntimo. Hoy lo material ha pasado a ser demasiado importante, donde la “cosa” es lo que le da sentido a la vida. La materialidad es importante, pero no lo es todo. En nuestros talleres, trabajamos justamente esto.
Marcela: Solo se necesita estar dispuesto a entrar en este viaje. Es un todo y la gente se va muy emocionada de vivirlo.
¿Cómo nace esta conexión con el Valle de Elqui?
S: Data de hace muchos años, cuando hacíamos giras de teatro. Coincide con una relación personal y afectiva con la familia Aoun Gómez de El Molle. Este entorno nos permitió realizar actividades que no son tan comunes, como el crear talleres de desarrollo personal.
M: Además de la actuación que, en lo personal, es una actividad que me interesa hacer siempre, nosotros comenzamos a ofrecer estos talleres en diferentes partes del país. Se dio esta posibilidad en el valle, lo que fue muy sincrónico. Este entorno, además, ¡es perfecto!
¿Cuál es el enfoque de sus talleres?
M: Nosotros no olvidamos nuestra raíz, que es la expresión artística. Surge, entonces, la necesidad de conectar a la persona con esto.
S: Partimos de la base que no solo estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época, donde la modernidad hace que la persona tenga una serie de preocupaciones e inquietudes. Con estos talleres enfocamos la relación personal con los vínculos… con lo íntimo.
En la práctica, ¿cómo se maneja este enfoque?
S: Lo que hacemos es que la gente observe lo que siente. Esto permite tener una buena relación con su “yo” interno. Es importante rescatar lo que le pasa a cada uno.
M: La dinámica es distinta en todos los grupos. Pasamos por muchas emociones y al inicio del taller, les decimos que vean lo que les va ocurriendo y esto es porque nos damos muy poco tiempo para estar con nosotros mismos. Siempre se valora tu relación con lo externo, pero no la relación que tengo yo, conmigo. Esto debería ser al revés.
¿Utilizan diferentes programas de trabajo?
S: Así es, siempre depende de las personas, del grupo y del tiempo. Tenemos un programa que se llama “Taller Grupal de Calidad Personal”, enfocado a empoderar lo personal, a perder el miedo y a enfrentar la rabia o la tristeza. Hoy, los escenarios cambian tan rápidamente que no tenemos un espacio lineal y el nivel de expectativa cambia continuamente. Hacemos muchos ejercicios para que la gente se tranquilice, para que tenga claridad, precisión y creatividad.
El que sean actores conocidos, ¿es una ventaja amparada en la credibilidad?
M: Más que la credibilidad, es la cercanía. Me dicen ¡yo la he visto tanto en la tele, que es como tenerla en mi casa! (risas), entonces la conexión con las personas se establece muy rápido.
S: Esto solo, no bastaría para hacer nuestro trabajo, pero sí influye. Se da un ámbito de mayor complicidad y de confianza. Como dice el poeta Huidobro ¡Poetas, no habléis de la rosa, hacedla florecer en el poema!... la vinculación es desde el corazón.
¿Cómo han adquirido estas herramientas?
M: Hemos realizado diferentes cursos, de acuerdo con lo que a cada uno le hace sentido aprender y entregar.
S: Sin duda, ha sido un complemento, en base a nuestro libre albedrío, creando y diseñando de acuerdo con la experiencia, con lo que nosotros queremos y ante la necesidad de las personas. Lo positivo de todo esto es que pasan cosas…
Y esto de que pasen “cosas”… ¿también deja grandes satisfacciones en lo personal?
M: Tiene que ver con la misión de cada uno en esta vida. Cuando uno es una semillita en el otro… ¡es muy grato!
S: El mundo de las personas es muy aguerrido. No diría que malo, pero ¡está fuerte!, entonces entregar espacios y que la gente los quiera ¡es muy bonito!
MAGO Y SEMILLA
Según el calendario maya —aclara Marcela— ella es semilla y Samuel es mago. Una sincronía, que les ha permitido estar juntos por más de veinticinco años como pareja y en lo laboral. Hoy, viajan por todo el país con sus talleres, y lo disfrutan. Juntos, están permanentemente creando espacios con temáticas de contingencia, como por ejemplo, el sobre endeudamiento. Cada uno aporta, con su “granito de arena”, lo que le parece adecuado en la dinámica, ya sea a empresas, particulares o grupos.
La actuación ¿quedó en segundo plano?
M: Ante todo, a mí me gusta la actuación. Es lo que más me apasiona hacer. El trabajo de los talleres, en lo personal, es un gran complemento, porque ha permitido conectarme aún más con las personas.
S: Hace rato que no estoy en televisión, pero no me cierro a las posibilidades. Con Marcela nos conocimos en la televisión y me encanta, pero no tengo premura.
Samuel, ¿crees que hoy, funcionaría un programa infantil como Patio plum, en el que fuiste protagonista?
Yo creo que sí. Creo que viene un salto grande en televisión… viene un cambio, porque las exigencias son diferentes, todo es cíclico.
¿Cuál es la fórmula para estar tanto tiempo juntos?
M: (risas) No creo que haya fórmulas. Sí creo que la coincidencia es lo más importante, es decir, intuir que juntos recorreríamos un largo camino, basado en el respeto, en el amor y en los valores. No creemos en la cultura de lo desechable.
S: Hemos hecho de nuestra relación, una prueba. Hemos aprendido a amarnos en la diferencia, nadie es igual al otro, y el amor, es la libertad. Los apegos son tan grandes que, en nuestros talleres, muchas veces preguntamos: ¿el amor, tiene pertenencia?, ¿por qué estás al lado de alguien?
¿Cuáles son las mayores fortalezas de su relación?
S: La conexión que tenemos. Compartimos la construcción del sentido de las cosas.
M: El sentido de vida es muy personal, pero coincide con el de Samuel. Juntos construimos una tercera cosa, que no es la mía, ni la tuya, sino… la nuestra. Un mundo privado e íntimo.
¿Están en un buen momento de sus vidas? ¿Se sienten plenos?
S: Siempre ha sido bueno (ríe). Lo importante es que miro mi presente y vienen cosas entretenidas. Tengo dos posibilidades: vivir sintiendo que todo es un milagro o sintiendo que nada es un milagro.
M: El presente es lo único que vale y, como dice Samuel, el futuro hay que hacerlo “bonito”.
“Nosotros hemos aprendido a amarnos en la diferencia, nadie es igual al otro, y el amor es la libertad. Los apegos son tan grandes que, en nuestros talleres, muchas veces preguntamos: ¿el amor, tiene pertenencia?, ¿por qué estás al lado de alguien?”, Samuel Villarroel.