Se inició en el patinaje artístico a los nueve años. Fue campeona de la región de Valparaíso y más tarde, al radicarse en La Serena, dejó la competencia personal para entregar, a las más pequeñas, todo su conocimiento y experiencia en este deporte. Una historia de desafíos, logros y proyectos, de la mano de la artífice del primer Club de Patinaje Artístico de esta ciudad.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Llevaba solo tres meses practicando en el Club de Patinaje más antiguo de Chile —el Ciclón— cuando fue seleccionada para competir y obtuvo el tercer lugar. Nacida en Viña del Mar, Giselle Jarret, con tan solo nueve años, se convertía en niña prodigio del patinaje artístico. Su disciplina, tesón y constancia en los trazados, con ejercicios de alta precisión, la llevaron con el tiempo, a obtener el título de campeona regional de la región de Valparaíso.
El traslado de su familia a La Serena, en plena adolescencia, fue un duro golpe para Giselle. Dejó a sus amigas de toda la vida, pero no dio tregua al patinaje. Tomaba sus patines y entrenaba sola, en el sector Espejo de Agua, del Parque Pedro de Valdivia. “En ese entonces, tenía quince años y cuando entrenaba, las mamás me preguntaban si podía hacer clases a sus hijas”, comenta Giselle.
Tiempo después, mientras estudiaba en la universidad, decidió impartir las primeras clases y llegó a formar un grupo de treinta niñas. En eso estaba, cuando en el único lugar que existía para practicar, se instaló un parque de entretenciones y tuvo que retirarse. “Estuve un largo tiempo buscando pistas para los entrenamientos, hasta que me recibió la Compañía Minera del Pacífico (CMP), y formamos la primera rama de patinaje artístico”.
¿Cómo se gestó esta posibilidad?
Un apoderado me dio el dato. Estuve un año haciendo clases totalmente gratis, pero me dejaron mantener a mis alumnos. Después me contrataron y comencé a hacer clases a los hijos de los funcionarios.
¿Fue una vitrina importante?
Sí, llegué a tener cerca de cincuenta niños. Mientras terminaba mi carrera de administración turística, hacía clases todos los días. Así, pude costear mis estudios.
¿Cómo aprendiste la técnica, para enseñar?
Hice varios cursos intensivos para entrenadores. Uno de mis profesores fue Nello Magnolfi, uno de los primeros entrenadores que formó parte de la selección nacional, a principios de los noventa. Trabajábamos con el sistema de clínicas, esto permite avanzar muy rápido, porque son clases intensivas. Viajamos al norte y comenzamos a competir en los nacionales, a través de un club de Viña del Mar, ellos me apadrinaron y competíamos por Viña, no podíamos representar a La Serena, porque no existía un club.
¿Cuándo formas el Club de Patinaje de La Serena?
En el año 2000, me fui a vivir Calama. Tuve que dejar a mis alumnas, ¡fue tremendo! Ellas siguieron entrenando con otra profesora, pero lamentablemente, no funcionó. Pasaron varios años y todas estas chicas dejaron de competir. Cuando regresé a La Serena, me reencontré con varias de ellas y con sus padres. Fueron ellos los que me motivaron a formar este primer club.
Pero ¿fue una propuesta que nació de ti?
Surgió como una vuelta de mano. No queríamos que el patinaje muriese en La Serena. Ni las chicas, ni sus padres, ni yo, queríamos que esto quedase en el pasado. Necesitábamos darle vida al patinaje, además, quería que mis hijas también tuviesen su espacio.
¿Tus hijas también practican patinaje?
Mis hijas se pusieron los patines muy chiquititas. Las dos están activas y forman parte del club. A ellas les encanta. Esto de viajar y alojar juntas es todo un panorama. Se apoyan, entre todas, y se quieren mucho.
EL GRAN SALTO
Hace dos años, Giselle Jarret cumplió uno de sus grandes objetivos: formar la Asociación de Hockey y Patinaje de La Serena. “Como no existen más clubes de patinaje artístico en esta ciudad, lo que hicimos fue juntar mi club, con dos clubes de hockey en línea: Serena Fuego y Rhinox. Esta era la única forma para poder federarnos y no quería competir de nuevo colgada de Viña”, recalca Giselle, y agrega con orgullo que este año lograron, con mucho esfuerzo, formar parte de la federación y, así, entrar de lleno en la competencia.
A este desafío cumplido se sumó otro, en el mes de julio. La Serena fue sede del Open Sudamericano de Patinaje Artístico. Este evento, por años se realizó en La Tortuga de Talcahuano, sin embargo, el gimnasio, no estaba en condiciones óptimas para realizar la competencia, producto del terremoto. La Federación de Patinaje Artístico tomó la decisión de realizar el Open en esta ciudad, y fue este club regional el responsable de iniciar la apertura. “Como país anfitrión, realizamos un esquema grupal inspirado en el folclore, en los bailes típicos de cada zona. Resultó muy bonito y una experiencia espectacular para las chicas”, afirma, orgullosa, Giselle.
¿Qué tal los resultados de la competencia?
Nosotros empezamos recién a competir, y a futuro, nuestra idea, es formar parte de un Sudamericano… para allá vamos. Comenzamos a trabajar con el sistema de clínicas y Maira Flores, campeona sudamericana en categoría sénior, realizó una clínica intensiva y se notó de inmediato el cambio en las niñas. Quedaron muy motivadas.
¿Es fundamental la seguridad y la autoestima en la práctica?
Por supuesto, el patinaje, no solo es la técnica. Requiere seguridad en la expresión corporal y artística, es decir, actitud.
¿Es muy intensivo el ritmo de trabajo?
Lo ideal es entrenar todos los días, pero nosotras no tenemos la disponibilidad de pistas techadas. Entrenamos siempre al aire libre, en el Parque Pedro de Valdivia. La niñas que lo practican, es porque realmente les apasiona este deporte.
¿Qué condiciones debe tener una niña para practicar patinaje?
Lo principal es que sean relativamente delgadas, esto les permite mayor plasticidad y flexibilidad.
Comenzar a temprana edad es el ideal…
Por supuesto. Tengo una alumna de cinco años que hace saltos, trompos, figuras, palomas, etc. Lo ideal es iniciarse en este deporte desde muy pequeña.
CON MIRAS AL SUDAMERICANO
Actualmente, un grupo de veinticinco niñas, de cuatro años en adelante, integran este club. Entrenan tres veces a la semana y varias de ellas son acompañadas por sus madres, quienes también se animaron a practicar sobre las ruedas en paralelo.
¿Has tenido conversaciones para una mejor infraestructura de este deporte?
Con el sudamericano quedó demostrado que las ruedas no dañan el parqué. Esto nos da la posibilidad, a futuro, de entrenar en el Coliseo Monumental.
¿No ha sido fácil esta labor?
No, para nada. Formar este club ha sido a pulso. Las personas que aman este deporte, son muy “jugadas”. Los padres, sobre todo, son muy apoyadores. Conseguir lo que tenemos hoy ha sido, sin duda, un trabajo en equipo.
¿Qué satisfacción tiene para ti todo lo que has logrado?
Me encanta este trabajo, porque además tengo alumnas muy valiosas. Si se cae una niña, todas corren a atenderla. Yo soy muy maternal en la pista, pero cuando tengo que ser exigente, lo hago.
¿Tienes expectativas con alguna alumna en especial?
¡Con todas!, porque esto es como aprender a leer. Si son constantes, logran la técnica. Con trabajo y tesón se logra todo.
¿Cuáles son tus aspiraciones?
Aspiro a masificar, aún más, este deporte en La Serena. Ahora estamos en categoría de iniciación. Nos quedan dos años para llegar a la alta competencia. Esto es un largo recorrido, y mis alumnas recién están empezando. Mi sueño es que La Serena tenga campeonas, y que mis niñas lleguen a un sudamericano.
“Esto es un largo recorrido, y mis alumnas recién están empezando. Mi sueño es que La Serena tenga campeonas, y que mis niñas lleguen a un sudamericano”.