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EDICIÓN | Noviembre 2012

El sueño por una “sociedad ciudadana”

María Isabel Hamilton, directora ejecutiva Fundación Carmen Gaudie
El sueño por una “sociedad ciudadana”

Desde su infancia recuerda haber visto las marcadas diferencias sociales, hechos que ahora se han transformado en su caballito de batalla. Los diferentes pasos que ha tenido en diversas organizaciones sociales nacionales e internacionales han impulsado su carácter amable y visionario. Amante de la libertad y de la independencia, esta profesional de la educación ha dedicado su vida al emprendimiento y al desarrollo social y público, intentando construir una sociedad igualitaria para todos.
 

Por Víctor Godoy J. / Fotografía: Patricio Salfate T.

“Hoy los pobres están marginados, tanto así que a los jóvenes y niños más ricos hay que explicarles qué es un pobre. Antes se convivía con los pobres de cerca”, afirma María Isabel Hamilton Rodríguez, nacida en Santiago y profesora de historia, geografía y educación cívica de la Universidad Católica de Chile. Pertenece al Consejo Regional de Educación (Coquimbo) y, hasta hace algún tiempo, fue representante de ASHOKA en Chile. Actualmente, es directora ejecutiva de la Fundación Carmen Gaudie.

Toda su vida laboral ha estado ligada a la cultura, a la educación y al área social, las que se han convertido en sus verdaderas pasiones. Hoy, asegura que se siente privilegiada por los roles que le ha tocado cumplir, destacando una profunda motivación por el ámbito público. Hace más de diez años llegó a la Región de Coquimbo, con una clara misión: trabajar por la educación.

¿Cómo nace su relación con esta zona?
Fue mi lugar de veraneo favorito. Y digo fue, porque ahora es mi lugar de trabajo, gracias a la Fundación. Don José Luis del Río, fundador de esta organización, era de La Serena y su esposa, Carmen Gaudie, era de Coquimbo. Por eso, siempre se pensó en esta región, a la hora de definir dónde desarrollaríamos nuestras líneas de acción, enfocándonos especialmente en la Provincia de Elqui. La idea era achicarnos en territorio y ampliarnos en tema.

¿Cuál fue su objetivo inicial?
Cuando partimos, en el año 1996, no existían fundaciones privadas en Chile que fueran activas y trabajaran con recursos propios. Allí fue cuando dijimos ¡aprendemos! Siempre tuvimos el concepto de generar capacidades en la gente, especialmente en los vulnerados o en quienes tengan ganas de emprender. Nunca hemos apoyado proyectos asistenciales. Siempre hemos sido bajo perfil, incluso, recién vamos a inaugurar nuestra página web, después de diecisiete años.

¿Por qué después de tanto tiempo?
Solo por el bajo perfil. Ahora estamos innovando, por ejemplo, en un tema sobre la influencia del entorno de las escuelas, en el mejoramiento de la calidad de los aprendizajes. La idea era hacerlo con el gobierno regional, pero era muy lento… por eso avanzamos solos.

¿Cree que su labor es tarea del Estado?
También la realizan. Nosotros podríamos definirnos como colaboradores. Siempre tratamos que estén los tres sectores: la sociedad civil organizada, el Estado y el área privada. Cada uno aporta cosas distintas. Me he dado cuenta de que trabajar así hace que los proyectos permanezcan en el tiempo. Con el Estado cuesta movilizar temas innovadores, porque hay burocracia. La mejor forma es trabajar asociados, cada uno aporta desde su espacio y de la forma en que se puede mover.

¿Cómo se presenta hoy la Fundación Carmen Gaudie?
Estamos haciendo un pequeño viraje. Revisamos las líneas de acción con la población y creamos un fondo concursable, cuyo objetivo es mejorar la calidad de la educación pensando ¿cómo intervenimos en el entorno social de las escuelas? Entonces, invitamos a la gente, a organizaciones y universidades, a presentar sus iniciativas donde la fundación financia hasta treinta millones de pesos, por cada uno de los proyectos elegidos.

¿EDUCACIÓN DE CALIDAD?

Hamilton fue representante de ASHOKA en Chile, una organización sin fines de lucro, enfocada en la inversión social y en potenciar y detectar a emprendedores sociales. Desde hace un tiempo, sus estudios en educación y su desarrollo en la filantropía la han posicionado, a nivel nacional, como un importante referente en estas materias.
 
¿Qué piensa sobre la educación chilena?
Creo que hemos avanzado muchísimo en infraestructura. Las escuelas públicas no tienen nada que envidiar a los colegios privados, sin embargo, falta mejorar la calidad de los aprendizajes. Se le echa la culpa siempre al profesor, pero todos tenemos responsabilidad. La escuela influye cerca de un treinta por ciento en el aprendizaje de los niños, el resto es en la casa y el entorno. Si tú tienes un entorno que te juega en contra, ¿cómo estudias? El error es intervenir solo dentro de las escuelas; se hace allí porque es un lugar cautivo.

¿Qué se debe hacer para mejorar?
Tenemos como referencia en educación, a Finlandia. Tienen un buen nivel cultural y, sobre todo, cívico. Tenemos mucho que aprender. No basta solo con una reforma educacional y focalizarse en el docente, pues más relevante aún es el rol del director. Una vez fui a Andacollo a visitar a unos posibles “clientes” y encontré unas salas oscurísimas, sin ambiente, pensé ¿cómo se resuelve esto? Lo cierto es que no es un tema de plata. No hay que ser experto en todos los instrumentos, para que una orquesta suene mejor.

¿Cree que los cambios en educación van bien encaminados?
Espero que sí. Hay una cosa que agregar sobre calidad en la educación: nosotros medimos mucho, pero medimos solo contenidos. La calidad del aprendizaje no es contenido. No estamos entregando habilidades sociales. Lo que tenemos que entregar, como sociedad, es la diversidad y fortalecimiento de las diferentes inteligencias.

¿Entonces, qué se entiende por calidad de la educación?
En Chile, una buena evaluación en matemáticas o lenguaje. Pero ¿para qué es la educación?, ¿para producir más o para que te desarrolles como persona? Necesitamos ser felices, que los niños tengan expectativas de vida y posibilidades de desarrollo, que disfruten de sus sueños. Junto a la fundación, acabamos de dar unas becas. Acompañamos a los niños en su educación, tenemos reuniones con sus familias, apoyo económico en preuniversitario y luego estudios superiores, siempre pensado qué es lo que ellos quieren.

¿Cuál es la receta: ser felices o tener un buen sueldo?
Creo que las dos cosas van de la mano. Cuando haces lo que te gusta, te sientes realizado, eso influye en hacer las cosas bien y se retribuye económicamente. De alguna forma, la profesión es solo una herramienta, pero nosotros lo tomamos como un fin. Cuando hablamos de educación, hablamos del nivel de vida que queremos tener.

¿Y sobre el movimiento estudiantil?
El tema de las marchas y encapuchados, lamentablemente, revelan la poca felicidad que hoy existe. Me simpatiza muchísimo el movimiento estudiantil, hacen cuestionamientos que van a cosas medulares. Si lees sus propuestas ves que no son reaccionarias, son puntuales. Sin embargo, les falta concretar, hacer alianzas y usar la institucionalidad, pero sin mezclar posturas. Hay que recuperar la ciudadanía.

EMPRENDORA SOCIAL

María Isabel se declara santiaguina de corazón, tanto así que nunca ha vivido en regiones. “De repente tanta paz no me acomoda mucho”, asegura esta profesional amante de la libertad y de la independencia. Viaja a La Serena una vez a la semana para coordinar y realizar reuniones. Es soltera y afirma que tener una familia no le quita el sueño.

¿Si tuviera que definir la sociedad… qué espera?
Me encantaría una “sociedad ciudadana”, integradora y diversa. En una escuela deben caber los brillantes, los no tan brillantes y los no brillantes. Al ser más ciudadano yo creo que eres también más amable. Es lamentable, pero ya ni barrios quedan, ¡cada día los muros son más altos!

¿Qué es lo que más le apasiona?
Me fascina viajar, andar de turista, es la mejor sensación. No hay destino final y me carga planificar las cosas; esa sensación de libertad total es maravillosa. El concepto de ser turista es increíble, ojala uno viviera siempre así. De hecho, una vez lo hice en Santiago; salí con un amigo a recorrer con ojos de turista. Vieras lo que encontramos; después mostramos las fotos y nadie se daba cuenta de que era la capital.

¿Es de las personas que prefirió dejar ese anhelo familiar por seguir proyectándose profesionalmente?
Creo que no ha sido una opción. Pero no es por mi profesión, ni vocación, es simplemente porque no se ha dado. Sin embargo, estoy muy bien así. Es posible que sea hasta por el estereotipo, mis amigos me dicen que tengo una visión idealista de las relaciones, como que quiero cambiar el mundo (se ríe). La sociedad, hoy, te empuja a casarte y a mí no me ha empujado aún. Eso sí, no me declaro soltera para siempre, porque aún me queda muchísimo.

¿Pero se ha enamorado?
Claro que sí, pero nunca he dado el paso definitivo para casarme. En el fondo, me cuesta, ese tema que tengo con la libertad e independencia pasa la cuenta y compartir la vida para siempre, es complicado. No sé, algún día escribiré un libro.

¿Y le hace feliz esta etapa de su vida?
La felicidad se produce en cada momento que vives. Pero, también, es un estado. A pesar de que aún no soy madre, me siento súper realizada como mujer y como profesional. Soy leal conmigo y con el resto y, más aún, me defino como una emprendedora social… ¿qué mejor, no?

“La calidad del aprendizaje, no es contenido. No estamos entregando habilidades sociales. Lo que tenemos que entregar, como sociedad, es la diversidad y fortalecimiento de las diferentes inteligencias”.
 

 

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