Por estos días ofrece una exposición en el Museo Gabriel González Videla, que a su juicio, representa la madurez que ha alcanzado su carrera artística. Vive hace más de seis años en la región, y asegura que decidió quedarse por la riqueza de paisajes que esta ofrece.
Por Daniela Collao V. / Fotografía Patricio Salfate T.
Cuenta que en Leipzig, la ciudad alemana donde nació y estudió artes, grabado, diseño de vestuario y artes visuales, la cultura está en cada rincón. Hay teatros, galerías y exposiciones en todas las esquinas. Es una ciudad que se caracteriza, además, por su riqueza musical.
Por eso, no es extraña la calidad, dominio y compromiso que exhibe en cada una de sus obras, en técnicas que van desde el huecograbado, a la acuarela, el dibujo y la pintura al óleo.
Vive en Guayacán, con la bahía y el puerto homónimo como postal. No maneja al ciento por ciento el español. Su marido, Hans Black, científico que trabajó en la Universidad Católica del Norte, nos ayuda con la traducción.
¿Cuál es la fuente de su inspiración, para obtener el resultado final?
Hay todo un proceso de observación previa, necesaria para llegar a la idea de una imagen. A eso se suman todo los métodos que domino y puedo lograr un resultado que me deje conforme con mi trabajo.
¿Tiene algún estilo en particular?
No es mi objetivo encasillarme en algún estilo o en alguna tendencia. Lo que busco a través de mi trabajo, es demostrar mis ideas solamente, de la forma más genuina posible. Intento evitar el desarrollo hacia un solo estilo, para no caer en la simplificación y la banalización.
¿Cómo podríamos definir lo que retrata?
Son las ideas que tengo en mi cabeza.
¿Y cómo llega a esas ideas?
Vivo y me muevo en el ambiente o en el paisaje; por ejemplo, si voy al embalse Puclaro y lo encuentro casi sin agua, bajo y me voy al fondo para ver qué descubro. Ahí ves cosas que nunca pensaste y resultan una serie de trabajos, que están inspirados en la naturaleza que encontré. Vi tierra seca, que se agrieta, entonces me hice una idea de eso, tomé fotos, dibujé mucho y eso me permitió llegar a una imagen, que sí vale la pena pintar.
EXTENSIÓN DE LOS SENTIDOS
En algún momento, su esposo Hans escribió: “En consecuencia, viajar, caminar, significa crear posibilidades de ver, de mirar, para dar expresión artística de lo percibido. (…). El paisaje, en los trabajos de Uta, es una extensión de terreno considerado en su aspecto artístico, que se observa desde un sitio”.
La observación, en sus obras, ¿es fundamental?
Sí, los ojos están siempre abiertos. Pero no es el único sentido, el oído también, porque la música es fundamental. De hecho, hice una colección visual, llamada “Paisajes del Jazz”, fue un trabajo tan impresionante que Enrique Díaz, contrabajista de primera, cuando lo vio dijo “eso sí es música”. Ahí se dio cuenta de que mi trabajo también da la posibilidad de expresar la música y se ofreció a tocar en mi casa. Lo llamamos “Musimultáneo”. También había un amigo que recitaba poemas. Resultó tan bien que, en la inauguración que hicimos en el Museo Gabriela Mistral, también tocó Enrique. Hubo otra exposición que se llamó “Sonora Luz”, que daba la posibilidad de visualizar la luz. Hay muchos pintores que dicen que están pintando la luz, pero físicamente es imposible, lo que se pinta son objetos iluminados.
¿Existe alguna similitud entre la vida de un artista en Chile y en Alemania?
La verdad es que ambos países se asemejan bastante, en lo difícil que resulta dedicarse al arte, porque nadie compra. De hecho, durante un tiempo nos fuimos a vivir a una isla en Alemania, y ahí me dediqué a confeccionar ropa con telas naturales, como seda, algodón y lino, para poder generar recursos.
El arte entonces, ¿es más por vocación?
Esto es lo que sé hacer y los resultados exhibidos me dan el impulso para seguir. En estos seis años que llevo acá, se observa un desarrollo en la calidad artística, y por eso se han realizado tantas exposiciones, que hasta ahora son más de veinte.
¿Por qué se vienen a Chile y por qué eligen esta región?
Esa fue una idea de mi marido porque él había vivido acá. Yo vine en cuatro oportunidades y me gustó. Mientras tenga un taller, sol, gente amable, y un paisaje, es suficiente.
¿Sintió que acá podía desarrollarse artísticamente?
Esta región es tierra de sol y de gente noble. Me llamó mucho la atención la caballerosidad del huaso chileno y me gustan mucho también las tradiciones que ustedes tienen, como el rodeo. Además, la intensidad de la vida, la manera como vive la gente acá. Más que el paisaje, a pesar de que es único. Parra tiene razón cuando dice que más que un país, Chile es un paisaje, pero la gente es muy generosa, lo cual es muy importante cuando vienes de otro país. La situación política y económica también, te da la posibilidad para trabajar. Lo importante es que no me he aburrido y vivo en Guayacán, un pueblo olvidado de Coquimbo, desconocido para algunos y donde mucha gente no se atreve a venir, y lo más importante, con mi propia galería donde puedo exponer cómo y cuando quiero.
“En estos seis años que llevo acá, se observa un desarrollo en la calidad artística, y por eso se han realizado tantas exposiciones, que hasta ahora son más de veinte”.