La luz es energía y cada vez que nos enfrentamos a ella experimentamos distintas sensaciones. Ese es el objetivo de esta arquitecta, que desarrolló un innovador sistema que permite mezclar el arte, la sensibilidad y la tecnología a través de la iluminación.
Por Mónica Stipicic / fotografía José Luis Salazar
Ximena estudió arquitectura, pero hubo algo que siempre llamó su atención. Algo que iba mucho más allá de los espacios y las perspectivas: la iluminación. “La luz afecta anímicamente. Está comprobado que en los países con menos luz natural la gente se deprime con mayor facilidad, porque hay un ciclo que tiene que ver con la melatonina y la seratonina, que permiten tener mejor calidad de vida durante el día y dormir adecuadamente en las noches. La luz espacial es realmente mágica y eso es lo que me llamó la atención”, explica.
Después de cuatro años trabajando y de haber observado el desarrollo de varios proyectos con iluminación asociada, decidió dejar todo y tirarse a la piscina. Recién casada partió a Italia a perfeccionarse, específicamente a Milán. “Lo primero que me llamó la atención es que se trataba de un tema que mezclaba sensibilidad y técnica y yo sabía que lo mío estaba más ligado a lo experiencial, a estimular los sentidos. Quería hacer iluminación con componentes artísticos”.
¿Cuándo llegaste a Milán te encontraste con un mercado desarrollado?
No, allá el tema estaba en ciernes. Era el 2005 y estaban empezando a entrar las luces LED —sistema de conductores a baja tensión que gastan poca corriente, tienen mucho brillo y larga duración— en el diseño, porque antes solo se usaban en señalética. Así que me tocó vivir in situ un cambio súper importante y fui aprendiendo de la mano de una nueva tecnología.
¿No te asustó volver a trabajar a Chile, donde no había ninguna experiencia sobre el tema?
Me vine con la sensación de que había un campo propio, pero decidí darme un tiempo para estudiar el mercado, el estado del arte y resolver si era o no viable. Estuve como cuatro meses analizándolo y me decidí a patentar el producto que había desarrollado en Europa “The Anemix”, que es un panel de luz que crea efectos de profundidad con una ilusión óptica que se logra mezclando distintas capas.
ACUARIO LUMINOSO
En la oficina de Ximena hay varios “Anemix” dando vueltas. Se trata de verdaderas obras de arte realizadas con luces, muy decorativas y originales, que no solo pueden colgarse de una pared (o constituir una por completo), sino también pueden ser bases para mesas y todo tipo de muebles.
Patentar tu creación fue el paso final para empezar el negocio…
Sí, pero antes comprendí que mi conocimiento era limitado en muchas cosas y que necesitaba un diseñador industrial que me ayudara a construir estos aparatos. Fue así como comencé a trabajar con Mónica Labra. Juntas vivimos el difícil proceso de instalar Luxia Lighting y de aprender procesos empresariales.
¿Por qué decidiste lanzarte primero en el extranjero?
Puede parecer esnob, pero de verdad sentimos que en Chile no estaba listo el mercado para un producto así. Además, estando en Europa hice bastantes contactos, especialmente en el Salón del Mueble de Milán. Postulamos para ser expositores en un grado inicial y quedamos seleccionados… no nos quedaba otra que lanzarnos. Me conseguí plata con la familia para la primera parte y después obtuvimos capitales de CORFO. Armamos el primer panel y partimos con la caja bajo el brazo… fue muy anecdótico, porque era tan grande que no nos dejaron subirla al avión y tuvimos que correr por el aeropuerto hasta lograr subirlo a un vuelo de carga. En esa feria hicimos hartos contactos y tuvimos nuestro primer pedido: una oficina en Denver que quería un panel. Fue nuestra primera venta, súper básico en su funcionamiento, con una cajita de conectores como los de parlantes; hoy ya usamos controles remoto y wifi.
Un trabajo tuyo estuvo expuesto en las vitrinas de la tienda Harrods en Londres, ¿cómo surgió esa posibilidad?
Después de Milán fuimos a una feria en Frankfurt y ahí nos contactaron. Fue muy importante porque, por primera vez, me hablaron de los sentidos. Era una campaña que involucraba ese concepto y tuvimos que enfrentarnos a ese desafío. Hicimos seis vitrinas, una con cada sentido y la última más grande con lo que denominamos una “tormenta urbana”. Me acuerdo del día en que llegamos a Londres, en el aeropuerto nos tomamos uno de los típicos taxis británicos y le pedimos que, camino al hotel, pasara frente a Harrods… ver tu trabajo expuesto en un lugar así fue realmente alucinante.
DUBAI Y SANTIAGO
El dueño de Harrods era el magnate Mohamed Al-Fayed. Gracias a él, la empresa Luxia Lighting se hizo conocida en Medio Oriente. Específicamente en Dubai, donde instalaron un mural curvo de veintidós metros en el restorán Izakaya del Hotel Marriot Marquis.
“Nos pidieron una pecera y nosotros les hicimos un cardumen bastante abstracto, basándonos en nuestra premisa de que hay que contribuir a generar experiencias”, explica.
¿Cómo fue la experiencia de estar trabajando en Dubai?
Fue espectacular. Hicimos todo el trabajo acá, mandamos treinta y tres paneles por avión y viajamos para hacer la instalación en tres días. La experiencia fue muy loca en términos culturales, los hombres nos miraban muy raro porque éramos dos mujeres trabajando de igual a igual con ellos. Fue tan gracioso que en algún minuto decidimos grabar sus reacciones.
Pero no solo en el extranjero es posible disfrutar del trabajo de Ximena. En Chile existen también interesantes desarrollos hechos por Luxia Lighting. Por ejemplo, en Espacio Riesco recibieron el desafío de transformar un salón subterráneo y muy bajo en un lugar atractivo. “Era un espacio difícil de vestir. Nos dijeron que querían hacer algo con telas y que fuera muy versátil. Desarrollamos sesenta lámparas gigantes hechas con una tenso estructura, cada una con control remoto y color independiente que permite hacer degradés, líneas y figuras en que cada foco se tiñe del color deseado”, dice.
NUEVOS DESARROLLOS
En Luxia Lighting trabajan cinco personas a tiempo completo, dos diseñadores, dos arquitectos y un administrador, y cuentan además con un amplio equipo de colaboradores como técnicos y constructores. La casa que comparten en Providencia se ha transformado en un verdadero laboratorio, donde pasan horas haciendo, deshaciendo e inventando nuevos modelos y tecnologías para desarrollar.
“Nos pasó que, el 2009, veníamos creciendo muy rápido cuando nos agarró la crisis. No estábamos en el mejor pie, así que rápidamente tuvimos que aplicar el Plan B”, recuerda Ximena.
¿Y eso en qué consistió?
Empezamos a trabajar en el desarrollo de productos más masivos, que nos permitieran seguir adelante con el negocio. Fue así como llegamos a las luminarias solares y a involucrarnos en el tema de la experiencia; cómo diseñar y fabricar experiencias de luz.
¿Cómo ha sido la recepción?
Por suerte tenemos muy buenos clientes, que nos permiten inventar e innovar con bastante libertad. Siempre digo que yo trato de entregar liebre por gato, es decir, si me piden cuatro ampolletas yo les ofrezco líneas… que el resultado siempre sea más de lo esperado.
¿Existe más conciencia de la importancia de la luz en los procesos de construcción?
Antes había nula conciencia, ahora hay algo. Cada vez nos están llamando más para trabajar en casas, donde desarrollamos degradés, túneles y nos enfocamos muy fuerte en la iluminación natural. Sabemos que una buena luz puede modificar por completo los espacios.
“Nos tomamos uno de los típicos taxis británicos y le pedimos que, camino al hotel, pasara frente a Harrods… ver tu trabajo expuesto en un lugar así fue realmente alucinante”.