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Entrevistas

EDICIÓN | Noviembre 2012

Con los pies en la tierra

Aranzazu Yankovic
Con los pies en la tierra

Lleva quince años en televisión, y ha conseguido mantenerse vigente sin depender de las teleseries. Entra y sale de la pantalla con la misma naturalidad con la que se dedica al teatro, a hacer clases y a la empresa nutricional que creó con sus hermanas. Después del fenómeno de Soltera otra vez, Aranzazu vuelve a reinventarse.

Por Mónica Stipicic H. / Fotos Andrea Barceló.

Tenía veintiún años y estudiaba teatro en la UC cuando la llamaron de Canal 13. Era para una teleserie nueva que prometía transformarse en fenómeno. Y así fue, Adrenalina se convirtió en una de las más exitosas producciones vespertinas y marcó un antes y un después en la carrera de varias actrices jóvenes; Aranzazu Yankovic fue una de ellas.

“En ese momento me di cuenta de que había demasiados actores que dependían de la televisión y encontré que era terrible… yo congelé mi carrera para trabajar allí, así que me propuse volver a estudiar y titularme. De hecho, me ofrecieron el rol protagónico de Cerro Alegre y lo rechacé para volver a estudiar”, explica.

O sea, ¿no estar constantemente en pantalla es algo que buscaste?
Sí, fue una meta. Además, rápidamente me di cuenta de que los canales de televisión no funcionan como cualquier empresa en la que te quieren para siempre y en la que puedas envejecer. Cuando empiezas a mirarte demasiado, a preocuparte más de la cuenta si estás lindo o feo, estás perdiendo la esencia de esta profesión, que es observar.

Igual a los veintiún años la fama puede agarrarte con todo…
Es que yo era tan hosca… no capitalicé muy bien ese momento. Si alguien me saludaba en la calle me moría de vergüenza y dar una entrevista para mí era muy fuerte. Ahora creo que no estaba emocionalmente preparada, era chica y el tema me angustió. Rápidamente me di cuenta de que no podía vivir así.

¿No tuviste miedo de que no te llamaran más?
Sí, había un poco de susto, pero sabía que titularme era muy importante. Además, nadie puede quedarse en su casa esperando que lo llamen… nadie tiene por qué hacerlo. Les tengo mucho respecto y cariño a las teleseries, pero no son todo.

EL TEATRO, SU SECRETO

Esta alumna del Jeanne D’arc y las Monjas Inglesas no pintaba para actriz. De hecho, era la vergonzosa del curso y todos se sorprendieron con su elección. “Era mi secreto”, confiesa, reconociendo que cuando chica fue a ver El enfermo imaginario y decidió que eso era lo que ella quería hacer.

“Mis papás me dijeron que sí, pero solo en la Católica o en la Chile. Sabía que en esta última era imposible quedar, porque soy súper piola y cero excéntrica. Aunque quedé en la UC, al principio me iba súper mal. La escuela fue muy difícil, era muy ansiosa y fue un proceso horrible, en que lo pasaba muy mal. En algún minuto me dijeron que me ponía las pilas o me iba… y ahí atiné, aunque seguí sufriendo porque me costaba mucho desprenderme del trabajo”, dice.

Después de titularse vinieron varias obras en el teatro de la Universidad Católica y la creación de una compañía propia, con la que montaron versiones modernas de clásicos como Prometeo y El Rey Lear. “Vuelvo a la tele cuando me llaman, porque tengo súper claro que es muy difícil que un canal te necesite siempre… y no se pueden poner todos los huevos en la misma canasta”, dice.

¿Tienes recuerdos de algunos hitos de tu carrera que te hayan marcado?
La primera vez que vi mi nombre en el letrero del teatro de la católica fue súper emocionante. Me acuerdo también cuando estrenamos Prometeo, en Lastarria 90, en una sala que nos prestaron a condición de que pagáramos la luz y el agua. Hicimos una conferencia de prensa y no llegó nadie… pero por suerte, Carmen Romero nos envío unos programadores internacionales y a ellos les encantó la obra. No lo podíamos creer, pero después de eso pudimos viajar. Y salir de gira es de las mejores cosas que te pueden pasar en la vida.

¿Y en televisión?
Adrenalina fue muy importante, porque aprendí a resolver las escenas más rápido y no enrollarme demasiado. He hecho varias cosas, casi todas en Canal 13, porque nunca he ido a pedir pega a la tele…

O sea, sin manager…
No, aunque encuentro que el mercado está cada día más cruel, me daría vergüenza tener manager, no me la compraría ni yo… Me conocen desde los veinte años y siempre han hablado conmigo, así que me parecería un poco violento que, de un día para otro, les diga: comunícate con mi manager. Lo encuentro súper por quienes lo hacen, pero a mí me da un poco de pudor.

DEL REALITY A LA TELESERIE

En Soltera otra vez debutó como mujer casada y con hijos. Aunque reconoce que le gustó tener un rol más adulto, le encantaría ser mala, muy mala. “Pero estoy medio frita, por mi cara”, reconoce.

¿Cuáles fueron los méritos de Soltera otra vez para transformarse en fenómeno?
Los guionistas merecen premio, yo leía los capítulos y me entretenía, estaba súper bien escrita. Además, había mucha identificación con la gente y mi teoría es que eso es consecuencia de los reality show, que han hecho que los directores se den cuenta de que no es necesaria la sobreactuación ni el formateo a la antigua. Esta era una teleserie muy natural.

También hubo un salto en el lenguaje audiovisual…
No es que hayan descubierto un nuevo lenguaje, sino que se usaron muy bien cosas de las series gringas. Si se copia bien, las cosas resultan fantásticas. Esta teleserie se grabó completa antes de salir; de hecho, no sabíamos en qué fecha la iban a lanzar. Pensábamos que le iba a ir bien, pero la verdad es que los actores nunca le achuntamos mucho… en Machos, por ejemplo, estábamos todos achacados pensando que no iba a resultar.

¿La complicidad de las cuatro amigas se traspasó a la realidad?
Pasábamos todo el día juntas y teníamos edades similares… no es que seamos las mejores amigas, pero nos tenemos harta confianza. Siempre es mejor trabajar cuando hay buena onda y eso se dio en este caso, éramos un buen grupo, súper afinado.

¿Se viene la segunda parte?
No lo sé. Entiendo que sí, pero no puedo poner las manos al fuego. Yo no he tenido ninguna conversación todavía, me han llamado un par de veces, pero las reuniones se han suspendido. Igual reconozco que una segunda parte me da un poco de susto, pero los personajes tienen muchas posibilidades y, si se hace al mismo nivel, da para más.

Si tuvieras que elegir un espacio en la televisión, ¿cuál sería?
Pagaría por estar en Los ´80. Se nota que está dirigida por un gran actor. Ese sería mi escenario ideal, se nota la plata bien utilizada, los detalles, los actores lo hacen increíble.

¿Te llama a atención el formato de la serie dramática?
La verdad es que pocas cosas me llaman la atención. Me encantó, por ejemplo, Donde está Elisa… y me gustan muchas series gringas como Modern Family, que es extraordinaria. Soy súper consumista de televisión, es como mi placer culpable. De hecho, me encantan los realities, sobre todo las competencias… quisiera hacerlas todas.

ACADEMIA Y NUTRICIÓN

“Me encanta hacer clases. Como me costó tanto ser actriz, me es más fácil empatizar con los alumnos”, explica. Aranzazu es la coordinadora del Minor de teatro de la Universidad Adolfo Ibañez —donde alumnos de distintas carreras tienen la posibilidad de tomar cursos de actuación—, hace talleres de extensión en la UC y, junto a Manuela Martelli, realiza cursos de profundización para actuar frente a las cámaras.

A eso suma cuidotupeso.cl, la empresa que creó junto a sus hermanas Alenka y Vanessa y que la tiene transformada en una total emprendedora.

“Mi hermana mayor vivió en Singapur y después en Miami, donde empezó a aprender sobre el tema. Volvió a Chile con la idea es crear esta empresa. Ella es ingeniera comercial y la otra es psicóloga, experta en trastornos alimenticios… imagínate tres mujeres que se pasaron la vida hablando de kilos, dietas y ropa”.

El sistema consiste en un software en que cada persona, con total confidencialidad, ingresa sus datos y características físicas, además de la cantidad de kilos que quiere bajar. El sistema le dice cuántos puntos debe consumir diariamente para lograrlo (las calorías se expresan en puntos), marcando día a día lo que se come en una base de tres mil quinientos alimentos, que crecen día a día.

¿En qué consiste tu labor ahí?
Desde barrer para arriba. Hago de todo. Tenemos diseñadores, nutricionistas, call center, reuniones varias… todo es online. Nos ha ido bien, pero nos ha costado mucho, envejecí harto con el emprendimiento…

¿Tú sigues el sistema?
Me he educado bastante, porque estoy todos los días usándolo. Pero tampoco estoy engrupida, porque me cargan los extremos. No es que hayamos descubierto la píldora mágica, solo es un sistema distinto de ver la nutrición.

¿Se puede vivir de esto?
Hasta ahora no… no lo tengo claro, hasta ahora se está manteniendo.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con las hermanas?
Fantástica, porque somos insoportablemente hermanables. Igual discutimos, pero la hermana mayor es la jefa y la jerarquía se respeta. Para mí, es el sueño del pibe.

“Cuando empiezas a mirarte demasiado, a preocuparte más de la cuenta si estás lindo o feo, estás perdiendo la esencia de esta profesión, que es observar”.

 

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