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EDICIÓN | Noviembre 2012

La naturaleza como motor

Tere López
La naturaleza como motor

Top model en los ochenta y madre antes que todo, Tere López es una mujer power. Ha sabido salir adelante y rearmarse varias veces para cumplir su objetivo en la vida: el equilibrio entre trabajo, familia, deporte y vida al aire libre.

Por Mónica Stipicic / fotografía José Luis Salazar

Es el mix perfecto entre una reina de belleza y una amazona. Con el pelo tomado en una sencilla trenza, jeans y bototos, sigue manteniendo la estampa que la hizo famosa como top model en los ochenta. A pesar de que roza los cincuenta años, tiene cinco hijos y tres nietos, el tiempo parece no afectar a Tere López.

Se pasea por los jardines del Santiago Paperchase Club como si estuviera en su casa. La naturaleza es lo suyo y se le nota cómoda. “Me crié en el campo de mis abuelos y en Arauco. A los cuatro años ya recorría el lugar arriba de un caballo. Llegamos a Santiago para entrar al colegio y cuando llegué a Las Ursulinas fue muy difícil adaptarme… hasta ponerme zapatos fue un tema para mí”, recuerda.

Estuvo desaparecida de la escena pública hasta hace cuatro años, cuando volvió a figurar en las pantallas de televisión, aunque sin grandes aspavientos, como conductora del programa Caballos de la señal de cable Vive Deportes.

¿Por qué tan desaparecida?
No existo en el sistema porque no me gusta. Siempre ha sido así. Soy una defensora de las causas perdidas, es la tónica de mi vida. Siempre contactada con la naturaleza y un poco rebelde.

¿Cómo llegaste entonces al modelaje?
Siempre fui muy regalona de mi papá y era él quien me acompañaba a todos lados, hasta a comprarme ropa. Un día la dueña de una tienda me preguntó si quería hacer fotos para su marca. Él me dio permiso, pero cuando la cosa empezó a crecer y llegaron más propuestas, me lo prohibió tajantemente. Rebelde como soy, me di cuenta de que era tanto lo que me maquillaban y peinaban que ni siquiera me podía reconocer… así que seguí, porque con eso compraba mi independencia.

¿Qué te llamó la atención?
Partió como una forma de compaginar calidad de vida y tiempo con una pega bien pagada. Una línea que intento mantener hasta el día de hoy con mis trabajos.

Fuiste parte de una generación de modelos muy top. Muy distinta a la de hoy…
Claro. Compartí en ese tiempo con la Ana María Cummins, la Pollo Mir y la Rosa Parsons… fue una época muy compuesta y profesional. La verdad es que tengo lindos recuerdos.

En paralelo, Tere entró a estudiar diseño y construcción, además de fotografía. Se casó y empezó a tener hijos. La maternidad marcó el punto en que decidió abandonar el modelaje.

“Me acuerdo que la Manuela, mi hija mayor, tenía dos años y estaba con mucha fiebre. Yo tenía que viajar a Buenos Aires a hacer unas fotos para la revista Vogue. No me importó nada, llamé y avisé que no iba, que estaba dispuesta a pagar las multas por no cumplir el contrato, pero no iba a dejar a mi hija así. Desde ese momento no acepté ningún trabajo que implicara viajar, nacieron mis otros hijos y aceptaba solo cosas puntuales. Me importaba que mis niños entendieran que la vida real no es la de la supermodelo”, dice.

¿Cómo aceptaste entonces participar en Señora Chile?
Me lo pidieron mucho y dije que no varias veces. Al final se transformó en un desafío con mi marido, quien no entendía que no estuviera dispuesta a competir y ganarme en unos días el sueldo de “una vida” de trabajo. Solo para demostrarle que me la podía, decidí aceptar. Me encerré una semana a estudiar para no hacer el loco y firmé contratos solo por el tiempo que duraba el reinado. Por suerte, la final era en Kuwait y en la época de la Guerra del Golfo, por lo que tuvo que aplazarse. Eso me dio la excusa perfecta para bajarme y justificar el retiro. No me interesaba ser Señora Mundo y desaparecer de la vida de mis hijos durante un año.

MAMÁ GALLINA

Sus niños cruzan por completo la vida de esta mujer. Se considera absolutamente una “mamá gallina”, le interesa estar, compartir y vivir cada proceso en la vida de sus hijos. Y lo ha hecho de manera entregada y absoluta.

“Con la menor recién nacida me fui a vivir a Tahití. Fue un viaje que buscamos y armamos como familia porque sabíamos que el matrimonio no andaba bien y creíamos que en un lugar así podríamos salvarnos. Obviamente no funcionó y yo partí de vuelta a Chile, separada y con mi cinco niños chicos”, recuerda.

¿Fue muy duro para ti?
En el momento fue complicado, porque en este país las leyes no te benefician cuando te separas… acá cualquier hombre puede decir que gana doscientas lucas y evitar pagar lo que le corresponde. Fue una etapa de mucho crecimiento, me enfoqué en proteger a mis hijos, aunque muchas veces me vi con el agua hasta el cuello. Durante años fui la proveedora de mi casa.

¿Cómo te las arreglaste?
Me vi de un día para otro sin ningún patrimonio. Siempre me acuerdo que conseguí una nana que aceptó trabajar gratis por un tiempo, mientras yo empezaba a trabajar en una inmobiliaria en Chicureo y juntaba plata para pagarle… por suerte, resulté muy buena para vender y me empezó a ir bien.

En paralelo, el deporte seguía motivándola. “Tenía mi casa en Zapallar y vivía la mitad de la semana allá… en el colegio trataban de convencerme de que la semana era de lunes a viernes y no de martes a jueves, pero para mí era más importante el mundo que una sala de clases. Y por supuesto, durante el invierno el esquí era una constante”, explica.

Precisamente, gracias al deporte blanco, sus perspectivas laborales se fueron ampliando. “Esquiaba auspiciada por Oakley. Hasta que en una reunión me pidieron que me hiciera cargo de la marca en Chile. Me asustaba un poco que fuera una pega muy de oficina, pero terminó siendo una tremenda experiencia, muy entretenida y que me preparó para ser gerente de cualquier empresa en la vida”, dice.

EL DEPORTE Y LOS NIÑOS

El esquí ha marcado mucho tu vida…
Absolutamente, mis cinco hijos esquían, son snowbordistas, seleccionados y muy buenos. Los más chicos han sido campeones nacionales y sudamericanos. Roberta, la menor, es sexta del mundo y mi cuarto hijo, Iñaki, acaba de congelar la universidad para dedicarse a entrenar. Los dos se están preparando para las olimpiadas de invierno 2014 en Rusia.

¿Cómo lograste inculcarles a todos el deporte y a tan alto nivel?
Soy una convencida de que no existe un niño deportista sin los papás al lado. No todos pueden terminar siendo los mejores, pero sí ser buenos si uno los entusiasma y acompaña. Para mí esta es una forma de vida. Aunque reconozco que el esfuerzo es de ellos, siempre hicieron solos sus tareas, porque en la vida hay que barajárselas con lo que a cada uno le toca. Los cinco entraron a la universidad y, aunque traté de meterles la idea del año sabático después del colegio, no me resultó con ninguno. Son súper responsables.

Y la actividad deportiva de ellos terminó siendo tu trabajo…
Sí. Alguna vez dije que a los cuarenta años no trabajaba más. Y a los cuarenta y dos dejé las pegas formales y formé junto a mis hijos un club de snowboard federado que nos permitiera levantar un equipo competitivo. Fuimos campeones nacionales, aunque de los catorce niños con los que partimos, al final solo quedaron los cinco míos. El 2008 decidí traspasar la conducción del equipo a un entrenador y a la Federación Brasileña de Snowboard… para que nadie pudiera cuestionar que fuera yo, la mamá de los cinco esquiadores, quien llegara a decir lo buenos y maravillosos que eran… Poco después me encontré con un amigo y le comenté que estaba cesante; a los dos días me llamaron de Vive Deportes.

EL REENCUENTRO CON LOS CABALLOS

Siempre estuvo rodeada de ellos. Desde la influencia de su bisabuelo inglés adicto al polo y a las carreras, hasta la abuela equitadora. Desde los paseos “a pelo” en el fundo de Arauco hasta las cabalgatas en Zapallar para sumergirse en el mar junto a su yegua.

“Después de mi separación tuve que olvidarme de los caballos, simplemente porque perdí todos los que tenía. Fue muy duro porque había algunos que había cuidado desde chicos, pero decidí dejar el tema de lado por un tiempo”, dice.

¿O sea, este ha sido un reencuentro?
Sí, y muy enriquecedor. He aprendido muchísimo, trabajo con gente muy agradable y en contacto con la naturaleza. Nuestro propósito es informar de todo lo que pase en Chile y que tenga que ver con el mundo ecuestre: equitación, enduro, polo, carreras, domaduras, en fin.

¿Sientes que has logrado el equilibrio entre calidad de vida, tiempo y tranquilidad?
De todas maneras. Aprendí a decir que no, tengo súper clara mis prioridades. Me carga andar estresada y vivir para el resto. Pero hoy sé que eso lo manejo yo; al modo mío, como dice la canción…

“El modelaje partió como una forma de compaginar calidad de vida y tiempo con una pega bien pagada. Una línea que intento mantener hasta el día de hoy con mis trabajos”.

 

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