Tell Magazine

Entrevistas

EDICIÓN | Noviembre 2012

Una pareja perfecta

Guillermo Chong y Cecilia Demergasso
Una pareja perfecta

Esta dupla de investigadores lleva décadas estudiando nuestro desierto, para llevarnos más allá del cielo. Bajo el alero de la Universidad Católica del Norte, son un vínculo entre nuestro país e importantes centros de investigaciones del mundo, como NASA y ESA, contribuyendo al esfuerzo en la búsqueda de nuevos destinos para la Humanidad.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.

No sería extraño que los hombres del futuro comenzaran una nueva existencia volviendo a las cavernas. Con trajes especiales y luz artificial, en una mezcla rara entre los Picapiedras y los Supersónicos.

Esto, que parece de película de ciencia ficción, no es tan lejano a una realidad futura. Reputados científicos del mundo están preparando todo en caso que la vorágine ecodestructiva a la que sometemos a nuestro planeta, nos obligue  cambiar nuestro único hogar en el Universo. Así de radical, así de real.

Guillermo Chong, geólogo, doctor del Instituto de Geología y Paleontología de la Universidad Técnica de Berlín, es uno de los chilenos que participa en estas investigaciones. Junto a su mujer Cecilia Demergasso, Directora del Centro de Biotecnología de la Universidad Católica del Norte, participan, desde 1997, en diferentes etapas de proyectos de alto nivel, que sin darnos cuenta, le dan vida a nuestro Desierto de Atacama. El más conocido de estos proyectos es, hoy por hoy, el de investigación robótica, desarrollado por la National Aeronautics and Space Administration, nada más ni nada menos que la NASA, con la Carnegie Mellon University y varias universidades europeas y norteamericanas.

Guillermo Chong, considera un lujo formar parte de estas iniciativas, pues acerca a los científicos locales a una realidad difícil de conseguir por presupuestos e infraestructura que es imposible tener en Chile. Y no sólo por falta de recursos, sino también por el gran desconocimiento que tenemos en estos temas.

¿Cómo empezó esta aventura?
Pensar en el Desierto de Atacama como uno de los mejores análogos del planeta Marte es una historia de larga data. Son más de cuarenta años de estudios y es muy probable que comenzaran casi a la par que la carrera a la Luna.

¿Es como un escenario ideal para hacer un ensayo general de cómo sería la vida en otros planetas?
Efectivamente. En muchos países desarrollados están pensando en otros destinos dentro del Universo en los cuales el hombre pueda poner el pie y sobrevivir. Es una carrera contra el tiempo y de frente a lo desconocido, porque en esta inmensidad que nos rodea, nosotros somos apenas un micro decimal, hormiguitas  que buscan  nuevos caminos ante la posibilidad de un colapso terrestre.

¿Tanto así?
Miremos a nuestro alrededor. El agotamiento de los recursos naturales, la sobrepoblación, los cambios climáticos, los impactos del hombre sobre la naturaleza y sobre el planeta en que vive, son dramáticos. Los mares se vacían de peces, la atmósfera, los suelos y subsuelos se contaminan, el agua va desapareciendo. Somos  protagonistas de nuestro propio desastre, como si buscáramos  nuestra propia extinción.

Es como  una película de terror.
La humanidad está consciente de esta situación. A algunos les importa y buscan soluciones y a otros les da lo mismo. Nosotros en Chile vivimos en un rincón del mundo, en una isla continental donde pareciera que esta realidad no nos tocara, pero los daños están a la vista: los agujeros en la capa de ozono, el avance en el  alzamiento del nivel del mar, el derretimiento de los hielos, el aumento de los incendios forestales, la mayor irrupción en el planeta por la ocupación del hombre que va eliminando las posibilidades de la agricultura, e incrementando la desertificación, las lluvias ácidas, los desastres nucleares. Todos son temas reales y no de películas. Nos afectan ¡y cómo!

Pero si nosotros mismos provocamos la destrucción ¿no podríamos tratar de revertir o mitigar esta debacle?
Es que uno vive rodeado de cosas a las cuales no quiere renunciar. Hay grados de bienestar que damos por ganados y que creemos que tendremos siempre: el agua potable, la energía, los medios de transporte. Sin embargo no puede ser que nos tapemos los ojos y creamos que los males de la humanidad son responsabilidad "de otros”. Si seguimos así, parte de la humanidad deberá buscar trasladarse a otros planetas, pero obviamente no es cuestión de comprar un boleto e irse a otro lugar del Universo comentando que “nos vamos para allá porque aquí está mala la cosa”.

Claro y por eso las investigaciones…
Para que tengas una idea, dentro del Sistema Solar, la Tierra es el único planeta que ha conservado el agua durante miles de millones de años en todos sus estados. En realidad, debiéramos llamarnos el planeta “Agua” porque es lo más abundante y es nuestro seguro de vida. El resto de los planetas no son tan amables y de ahí viene la gran cantidad de estudios que buscan cómo se podría sobrevivir en ellos.

¿Dónde por ejemplo?  
Hay lugares del Universo donde se han encontrado indicios de posible vida o de los componentes que permitirían su desarrollo : las lunas de Saturno como Titán y Encélalo; las lunas de Júpiter como Io, Calisto o Europa o algún exoplaneta o planetas fuera de nuestro Sistema Solar que se descubren por docenas cada año. Una de las alternativas principales se investiga aquí en el norte de Chile, en el territorio del Desierto de Atacama, que es uno de los mejores "análogos de Marte". En este territorio, se busca vida asociada a condiciones extremas, como los microorganismos extremófilos, que sobreviven en ambientes hostiles e incluso existen cavernas similares a las que se espera encontrar en el planeta rojo como refugios preliminares. No deja de ser irónico que con toda la tecnología y avances, quizás en un futuro la humanidad vuelva a las cavernas.

¿Cuáles son los objetivos de ese proyecto de robótica en el Desierto de Atacama?
En esencia es contribuir a la búsqueda de vida presente o pasada en Marte. Comienza en 1997 con el robot Nomad, siguen luego el Hyperion y, finalmente el Zoe. La información que se puedan determinar y analizar aquí, junto con un cúmulo de otros antecedentes, permitirán seguir diseñando robots o rovers marcianos como el Spirit y el Opportunity que, entre mucha información obtenida  entregaron reportes de agua congelada en el subsuelo marciano. También para el actual Curiosity que busca muestras biológicas. Todos estos seguimientos tienen una contribución importante desde el Desierto de Atacama, por sus características en cuanto a su alta radiación de luz ultravioleta, sus niveles de oxígeno y  características de su relieve.

Es decir ¿se buscan microorganismos?
Evidencias de vida presente o pasada. En la Tierra los primeros seres vivos fueron las bacterias, que sobrevivieron durante miles de millones de años y aún son parte fundamental del ciclo orgánico. Las que estudiamos específicamente son las que llamamos extremófilos, es decir, aquellas que existen bajo la superficie de la Tierra, en campos geotermales a altas temperaturas o a bajísimas temperaturas, en ambientes ultra salinos. Si se logran ubicar e identificar algunas de ellas y entender su metabolismo, podremos elaborar teorías de sobrevivencia.

¿Y cómo llegó usted a estar involucrado en estos proyectos?
Todas estas iniciativas son lideradas por grandes centros como la NASA o la Agencia Espacial Europea (ESA), pero dentro de un contexto de investigación y desarrollo de gran envergadura en que participan miles de personas distribuidos en decenas de instituciones. Nosotros, como Universidad Católica del Norte, tenemos un convenio con ellos desde el año 1997, año en que llegó el Nomad, que hoy está en el Museo del Desierto. Ese fue el inicio de una serie de misiones diferentes no sólo relacionadas con robótica sino con el estudio de cavernas, lagos de altura y otros.

¿Llegará pronto algún otro robot?
En mayo próximo debería llegar uno de estos rover  que apunta a hacer sondajes a baja profundidad. Ojalá piensen en algún nombre atacameño, para que la comunidad comprenda que estamos muy involucrados en estas iniciativas y que debemos aprovechar el conocimiento de los investigadores. Ellos están dispuestos a interactuar con la comunidad a través de charlas, relacionarse con colegios, invitar a terreno a la gente y otras actividades de difusión.

¿Cuál es el rol de ustedes como investigadores?
Mi mujer y su equipo trabajan en todo el tema relacionado con el estudio biológico de las muestras y yo desarrollo lo que se llama el "field truth", la verdad del terreno, definiendo características geológicas que permitan trabajar adecuadamente al robot en el contexto de "analogía con Marte". Tenemos un gran equipo humano que nos apoya. Es una tremenda oportunidad para desarrollar nuestro conocimiento, pues somos colaboradores científicos y realizamos un trabajo continuo con las otras universidades e instituciones involucradas de gran nivel. Para nosotros es gratificante como profesionales, investigadores y personas pues esto es la gran aventura de la humanidad.

LA OTRA MIRADA

Para Cecilia Demergasso participar en proyectos de esta envergadura, no solo es beneficioso para los objetivos de cada iniciativa, sino para el posicionamiento de nuestro país como polo de crecimiento científico. “El Desierto de Atacama es considerado por la gente que trabaja en ciencia planetaria como un análogo de primer orden de Marte. El año pasado descubrí que existen ochenta y tres publicaciones al respecto con casi cuatrocientos autores, de los cuales solo once éramos chilenos. No podemos seguir siendo espectadores de nuestro propio potencial”.

Este desaprovechamiento es lo que más preocupa a Cecilia. Asume que son proyectos costosos, pero tiene la certeza de los grandes beneficios que podrían aportar.

“Hoy estamos empeñados en demostrar estos beneficios futuros. Necesitamos que las instituciones comprendan que no podemos desaprovechar oportunidades como contar, por ejemplo, con las muestras del proyecto de robótica de la NASA. Debemos conseguir un financiamiento  local, aun no lo logramos, pero estamos a la búsqueda de un nuevo proyecto, nuestro”, nos cuenta.

¿Cuál sería un proyecto ideal?
El que tenga recursos. Lo que pasa es que hay cosas similares que nosotros hacemos, hay microorganismos que crecen bien en un día, hay microorganismos que crecen bien en dos meses, dependiendo de la línea de trabajo que uno tenga, hay, en general, muchas posibilidades que nosotros podríamos desarrollar si contáramos con los recursos.

¿Cómo se siente en lo personal ser parte de un proyecto tan interesante, tan distinto al trabajo del común de la gente?
Conocer la biodiversidad, la diversidad microbiana en el subsuelo del desierto y el potencial que pueda tener es un desafío muy interesante. Y si además eso va a incorporarse a la exploración planetaria, la proyección va mucho más allá, pues nos da la posibilidad de contribuir al conocimiento de nuestros recursos naturales. Quizás los beneficios los reciban nuestros hijos o nuestros nietos, pero es ahora que debemos programarlo Debemos entender que existe un valor agregado en el conocimiento de esos recursos naturales.

¿Es muy caro financiar un proyecto de investigación?
Es caro, muy caro, Los reactivos de biología molecular tienen altos precios, se necesita un especialista que realice los análisis, se deben revisar muchas réplicas por las características de vida del desierto y el número de muestras que se necesita para realizar modelamientos también es muy alto. Una meta de nuestro Centro es el desarrollo biotecnológico, es decir encontrar en el suelo y en el subsuelo del desierto microorganismos con un potencial industrial, Por ejemplo, moléculas que se utilizan para preservar los alimentos en el proceso de congelación o pueden aportar compuestos o metabolismos de interés para otras industrias. En este contexto apostamos por una hiotecnología de zonas áridas que signifique una nueva oportunidad para el desarrollo del país. Por algo hay científicos de todo el mundo analizando el Desierto de Atacama. Como investigadores tenemos que ser parte de estos proyectos, tenemos que ocupar nuestro lugar. La  Convención de Biodiversidad, a la que Chile ha suscrito, propone que, para que la biodiversidad sea aprovechada por la Humanidad en forma justa,  los científicos locales deben estar presentes en las investigaciones relacionadas con la biodiversidad patrimonial. Esto si las investigaciones se realizan en el mismo país o si se generan las instancias para que los científicos locales se transladen a los centros donde existen las competencias científico-tecnológicas para participar en la realización de esas investigaciones. Existen convenciones al respecto, pero hay que hacerlas respetar.

¿Cómo podría lograrse esto?
Para eso Chile tiene que tener una legislación que contemple la generación de las instancias necesarias para que los científicos locales puedan participar en la investigación relacionada con la biodiversidad patrimonial. Debe contemplar también  las entidades a quién dirigirse y los protocolos que deben seguir los investigadores extranjeros interesados en estudiar la biodiversidad patrimonial de Chile. Estamos dando pasos, pero el punto de partida es tomar conciencia del valor de la biodiversidad de nuestras zonas áridas. Si autoridades e investigadores nos animamos a mirar a largo plazo y asumir un compromiso permanente, entonces todos podremos seguir una línea de desarrollo orientada a dejar un mejor lugar a las futuras generaciones.

“Miremos a nuestro alrededor. El agotamiento de los recursos naturales, la sobrepoblación, los cambios climáticos, los impactos del hombre sobre la naturaleza y sobre el planeta en que vive, son dramáticos. Somos  protagonistas de nuestro propio desastre”, Guillermo Chong.

 

Otras Entrevistas

» Ver todas las entrevistas


OPINA

  • Verificación Anti SPAM, Ingrese el resultado de la siguiente operación3+2+7   =