Conocidas por su oferta gastronómica de pescados y mariscos, estas tradicionales caletas de la costa del Maule son muy visitadas por curicanos y talquinos, quienes eligen este destino para disfrutar de la tranquilidad de la zona y de la variedad de un paisaje que une lo campestre, los ríos y el mar.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Francisco Cárcamo P.
Un recorrido que decidimos hacer aprontándonos a la época estival, para idear panoramas de fin de semana en las cercanías de nuestras ciudades, sin tener que hacer un tremendo gasto, y con un viaje de hora y media a la playa. Así, partimos desde Talca a Iloca y Duao para mostrar las cualidades de estos balnearios tan demandados por los habitantes de la séptima región. Son alrededor de cien kilómetros desde la capital del Maule, tomando el camino de Pencahue que va a Curepto y que llega a la localidad de Lora. El trayecto se hace lento, entre curvas y cuestas que cruzan los cerros del secano costero. Desde Curicó son cerca de ciento veinte kilómetros, tomando el camino hacia Rauco y Hualañé. Este también es un recorrido de curvas y cerros hasta llegar a la Huerta y luego, a la comuna de Licantén.
Iloca está ubicada más al sur, en la comuna de Licantén, distante siete kilómetros de Duao. Al llegar se pasa por el sector de Lora, donde está el fundo Lora, famoso por sus exquisitos quesos mantecosos, su mantequilla de campo y otros productos lácteos. Luego, el camino se acerca y bordea en paralelo el río Mataquito, donde confluyen los ríos Lontué y Teno. Un paisaje espectacular y muy campestre, aunque estemos en la costa, porque algunos animales como vacas y ovejas están pastando en los prados de la ribera del río. En este lugar, a orillas del Mataquito, está el peñón de San Pedro, una gran roca de altura que tiene un puente para cruzar, y donde apreciamos una hermosa vista del río y del mar. Aquí, la zona es ideal para paseos en bote y para practicar la pesca deportiva. También, las extensas praderas que se unen con las dunas y la playa hacen que este sector sea apto para cabalgatas. Muchos lugareños arriendan caballos a los turistas, sobre todo en verano, para una agradable cabalgata a orillas del río y de la playa.
La playa de Iloca se caracteriza por ser extensa, de arena fina y gris y algo ventosa. Al interior, la planicie costera es muy angosta, porque se acaba con abruptas laderas y cerros, que forman una especie de “farellón costero”. El panorama de Iloca, más que entretención, ofrece descansar, vida familiar, compartir con amigos y desconectarse. El paseo por la renovada plaza, la caleta de pescadores y la feria artesanal es una buena opción después de un tremendo banquete culinario.
La calle principal, llamada Agustín Basoaín —el fundador de esta localidad— es una especie de costanera que recorre el borde costero hasta llegar a Duao. Un alojamiento y restaurante recomendado es el hotel Iloca, con más de ochenta años de existencia y con una gran historia familiar de sus dueños: los Parada Rodríguez. Aquí, se ofrece un servicio acogedor y de calidad gastronómica. Al entrar se rememora la época de la colonia, por su fachada antigua, su techo de tejas, un corredor, tinajas y un zaguán que lleva al patio central interior. A pesar de los años, este hotel se ha remodelado y cuenta con uno de los mejores servicios de la zona. Piscina temperada al aire libre, terraza con vista al mar, acceso directo a la playa, acogedores salones de juego y estar, y cómodas habitaciones, para una estadía con mucha hospitalidad y descanso.
Otra alternativa es la Hostería Iloca, también con mucha historia en la zona, porque pertenecía al antiguo fundo Iloca y atiende desde el año cincuenta y siete. También ha sido un alojamiento con herencia familiar de varias generaciones, y tiene una gastronomía de primera.
DUAO: CALETA DE TRADICIONES
Seguimos por el camino del borde costero, avanzando unos siete kilómetros hacia el norte y llegamos a Duao. Esta es una caleta que tiene una gran tradición y admiración por sus pescadores, ya que es la segunda caleta de pesca artesanal más grande del país. Fue una de las caletas más afectadas por el terremoto y tsunami. Gracias a la ayuda del proyecto “Ruta de las Caletas”, financiado por la empresa Antofagasta Minerals—que reconstruyó las caletas de Boyeruca, Duao, Pellines, Curanipe, Pelluhue y Loanco—, para lo que invirtió tres mil millones de pesos y así levantar una nueva infraestructura para que los pescadores de la zona pudieran seguir operando con sustentabilidad, fortaleciendo el turismo y la gastronomía del sector, además de ir generando un potente apoyo a la pesca artesanal.
La agradable mezcla de mar, cerros y ríos hace que el aire campestre se mezcle con la brisa marina, cautivando a todo tipo de turistas, desde los más sibaritas, que van en busca de un placer culinario, hasta los más deportistas, que amanecen muy temprano para recorrer estas localidades, después de un trote matutino y un breve entrenamiento físico en las máquinas de ejercicios que recientemente fueron instaladas en la plaza, gracias a los programas de reconstrucción.
La escena matinal es atractiva para los visitantes que aprecian cómo los pescadores llegan cargados de mercadería, luego de una ardua jornada de trabajo. "Salimos bien temprano todos los días y sobre todo en verano, para que los turistas puedan comer rico y barato. Además, si nosotros no trabajamos, los restaurantes no tienen quién los provea de pescados y mariscos, y no cumplen con la demanda", comenta un pescador de la caleta. Esto permite a los turistas y lugareños disfrutar de las exquisiteces que se venden en el borde del litoral y hacer del panorama algo agradable sin gastar de más.
Un alojamiento recomendado en Duao es “Donde Gilberto”, una hostería que ofrece cabañas y cómodas habitaciones, la mayoría con vista al mar. También tiene sauna, piscina temperada y gimnasio. Cuenta con amplias terrazas, estar y un restaurante especializado en pescados y mariscos, donde garantizadas son las machas a la parmesana, un buen ceviche o unas ricas empanadas de mariscos, entre otras delicias marinas. Su estilo rústico lo caracteriza: muchas esculturas de madera, troncos y piedras adornan sus alrededores. Al otro lado del camino, a la orilla de la playa, está el sector de la piscina, ubicada en un ambiente de palmeras, césped y figuras talladas de troncos que le otorgan un estilo entre rústico y tropical. La cafetería, un quiosco de artesanía, hasta un helipuerto le dan un sello distintivo al este lugar.
NO OLVIDAR LAS PAPAYAS
Avanzamos por el camino, seguimos más al norte dejando atrás Duao y la hostería de Gilberto y llegamos, en unos diez minutos, a una localidad ubicada a orilla de camino frente a la playa, llamada Lipimávida. Esta zona ya corresponde a la comuna de Vichuquén, en la zona costera de Curicó. Aquí la geografía se mantiene similar a la de Iloca y Duao, una planicie costera muy estrecha y cerros cercanos a la playa. Esto permite que se produzca un microclima de mucha humedad y muy templado en el invierno, sin grandes variaciones de temperatura.
Los habitantes de Lipimávida, quienes están dedicados, en su gran mayoría, a la agricultura aseguran que este clima los ha beneficiado. Hace veinticinco años atrás comenzó a cultivarse en esta zona el papayo, que si bien es un árbol propio de la zona norte, este clima húmedo y templado que existe en este lugar es propicio para el cultivo de la papaya. Así, con el tiempo, las plantaciones fueron aumentando y se puede ver cómo las laderas de estos cerros del secano costero están cubiertas por papayos. Muchas empresas familiares partieron procesando este fruto y envasándolo en conserva. Hoy, también las conservas se han ido diversificando, ofreciendo variedades como membrillos, frutillas y castañas en almíbar. Además, encontramos muchas mermeladas a buen precio.
Al interior, por estos caminos rurales y después de mucho preguntar, también encontramos tejedoras a telar que confeccionan mantas y ponchos artesanales Lamentablemente, este oficio ha ido desapareciendo en la zona, y aunque algunas confecciones se venden en la feria artesanal, la mayoría trabaja en sus propias casas.
Por eso, para aprovechar este recorrido, no olvidar ir a Lipimávida, comprarse una mantita y, por supuesto, llevarse unas deliciosas papayas.
Nuestro Dato:
Hotel Iloca: Av. Agustín Besoaín 221, Iloca. F:+569 84295243/75-1983751HYPERLINK "http://www.hoteliloca.cl"www.hoteliloca.cl
Hostería Donde Gilberto, Duao. F: +56 9 93097449 / 75-1983768 HYPERLINK "http://www.dondegilberto.cl"www.dondegilberto.cl
“La escena matinal es atractiva para los visitantes que aprecian cómo los pescadores llegan cargados de mercadería, luego de una ardua jornada de trabajo”.