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EDICIÓN | Noviembre 2012

El estilo Tannebaumn

Ximena Tannenbaum, interiorista
El estilo Tannebaumn

No sigue la moda, de hecho no sabe qué es lo que se lleva; ella sigue solo sus instintos y su propio estilo, lo que le ha permitido seguir en el pódium de las mejores diseñadoras y decoradoras de nuestro país por más de quince años. Aquí la historia de una grande del mundo del arte.

Por María José Pescador D. fotografías: Danny Bolívar U.

Hasta su apellido es único. Ojos azules, pelo largo, muy largo, camisa blanca bien escotada, con una chaqueta negra que, a un lado, tiene una estrella bordada con mostacillas y perlas. En sus muñecas, muchas pulseras de finos cordones, todas de un color diferente, cada color tiene su significado.
Su padre, Abraham, era polaco; se vino a Chile a buscar nuevos aires y se instaló en Santiago, luego se trasladaron a Rancagua, y después a Arica. “Tengo mucha conexión con los rancagüinos, por mi familia, y con los ariqueños. Soy una mujer criada en provincia”. Hoy, su hijo menor, Sebastián Cuesta, está a cargo del restaurante Costa Luna en Pichilemu, y su hija Francisca también se trasladó a la playa para ayudar a su hermano. “Ando de allá para acá, sobretodo este último tiempo que tuve que decorar el restaurante”.
Luego de trabajar por años como empresaria en Arica, el gerente de un reconocido hotel le ofreció decorarlo entero. Y es que su casa era conocida por su estilo. “Mi casa salió en todas las revistas de decoración, entonces mis amigas iban y me pedían que les ayudara con las suyas, pero nunca me dediqué al tema, hasta que apareció esta oportunidad”.

“Lo pasé muy bien y decidí que esto es lo que quería hacer. Me encanta, ¡lo haría gratis!”. En ese entonces, mis ideas eran contemporáneas para la época. Hoy lo siguen siendo, pero la gracia es que está la posibilidad de encontrar de todo, antes se me ocurría algo y tenía que inventarlo”. Si a Ximena le pedían mosaicos en el baño, y allá iba ella, compraba las típicas cerámicas y las mandaba a cortar en pequeños pedazos.

Hoy a esta mujer no le llama la atención el boom del vintage, del art decó, del kitsch, de las pátinas y los colores fuertes, del animal print y tantas otras tendencias que han invadido el mercado del diseño. Hace años ella ya conocía todos los estilos, nunca le han gustado ni ha seguido lo que está en boga, lo de Tannenbaum es magia: cuando entra a un espacio vacío inmediatamente se lo imagina decorado y, tal como se lo imagina, es tal como finalmente resulta. “Entre lo que pienso para un lugar y el resultado final, no hay cambios. Me pasa que al ver el espacio que hay que ambientar, se va creando un mapa en mi mente de manera espontánea”.

Si bien antes Ximena participaba en las grandes muestras de decoración, en la actualidad y después de tener tienda por doce años, decidió que mantendría su mística y se dedicaría solo a sus clientes. “Hoy las muestras de decoración te imponen un sinfín de cosas, por un tema de auspiciadores y otros, y si hay algo que a mí no me gusta, son las imposiciones. Libertad para crear ante todo. No puedo transar en algo que me afecta interiormente”.

DEPARTAMENTO PILOTO

Ximena Tannenbaum no necesita muchas presentaciones, quienes saben de diseño y decoración la conocen. Es fuente de inspiración para muchos diseñadores emergentes, y es que su gusto tan especial es único e intransferible. Fue la primera decoradora que se atrevió a instalar livings en el restaurante El Deseo en Santiago; quien alguna vez lo visitó, recuerda que este era el ícono del diseño en su época. Hace quince años, en su tienda, el vintage era parte del mobiliario que ofrecía, y el animal print, siempre fue parte de su cultura artística.

Pero nada es porque sí. Ximena recuerda cuando chica su casa en Rancagua, su padre era fanático de juntar todo tipo de cosas. “Mi casa parecía un museo. Para empezar, en el living la alfombra era una piel de un puma con la cabeza y todo, tenía la boca abierta y se le veían los dientes...había que pasar al otro lado saltando. Una vez nos fuimos a la playa y cuando llegamos, las piedras que revestían la chimenea estaban todas pintadas de distintos colores, una por una… mi mamá casi se muere. Mi papá era lo más kitsch del mundo; a mi mamá, en cambio, le gustaba más lo moderno”.

¿La esencia de tu trabajo?
Los clientes saben que yo propongo, no impongo. Que trabajo pensando en la persona y con la persona. Que ninguna casa va a quedar igual a otra, que no hago departamentos pilotos, y que soy tremendamente consecuente. La esencia: la consecuencia.

¿Cómo ha cambiado el tema deco en estos últimos diez años?
Mucho. Antes la gente no se atrevía, miraban una casa y entonces te decían que querían algo como aquello…cosa que no hago por ningún motivo, pero ya el atreverse a querer decorar diferente es un paso para proponer e inventar algo nuevo. Hoy las personas son más audaces, gracias también al internet. Hoy la persona investiga, te propone. Pero para mí la evolución del diseño no ha sido tan importante, sí lo que me ha impactado es la cantidad de materiales que existen hoy en Chile. Encuentras lo que tú quieras.
Recién tuviste que decorar el restaurante Costa Luna en Pichilemu, de tu hijo. ¿Cómo fue esa experiencia?
Cuando entré al lugar, supe exactamente lo que quería: que fuese acogedor, cálido, un espacio amistoso con todos, con los perros, con los niños. Nada de que “aquí no se admiten perros” o “cuidado con los niños”. Para eso, el punto focal lo puse en la chimenea, con un living alrededor, y en la terraza, un fogón para la noche. También instalé mesas de la zona hechas en ciprés. Y usé colores turquesas con rojo.

¿Materiales?
Todos los nobles. Nada de imitaciones. Si es mármol, que sea mármol; lo mismo con las telas, el lino, el terciopelo, el algodón.

¿Qué está de moda ahora?
No sé lo que está de moda. No utilizo las cosas porque estén de moda…si coincide, coincide, pero no voy a disponer de algo porque se usa, lo mío es que cada casa que hago sea particular y única.

¿Tu mejor proyecto?
La escenografía de Buenos Días a Todos. Fue increíble, aprendí muchísimo del mundo de la televisión, fue fantástico; lo pasé muy bien, porque uno siempre está al frente de la pantalla y no detrás. Entonces me acuerdo de que yo puse persianas, telas con rayas, y ese tipo de diseños no se pueden usar porque se reflejan, se mueven a través de la TV. Fue alucinante. Pero cada proyecto ha sido especial, he trabajado con gente con muchos recursos, pero también con personas humildes.

¿Alguno que recuerdes con emoción?
Sí. El de un señor que apareció en la tienda y que vivía en Estación Central. Él quería que yo le decorara la casa. Me preguntó cuánto cobraba y le hice un presupuesto razonable, porque de verdad me dieron muchas ganas de aceptar el desafío. Quedó increíble. Le hice cosas bien entretenidas. Tenía en medio del living un pilar que se lo revestí en mosaicos en degradé de colores.

PALABRAS CORTAS

Ahora Ximena está trabajando en varios proyectos de casas particulares, tanto en el desarrollo de la decoración como en asesorías. Pero si hay uno que nunca termina, porque siempre va cambiando, es el de su propia casa. De hecho, ella misma confiesa que cada cierto tiempo se aburre y tiene que trasladarse a otro lugar. Y que cada semana los muebles de su casa cambian de zona, unos van, otros llegan, algunos nunca se mueven. “Es la herencia de mi padre, un hombre visionario y nómade”.

¿El estilo que más te gusta?
No tengo estilo. Me gusta el mío, el estilo Tannenbaum. Tengo un sello muy particular. Quien entra a una casa decorada por mí, lo sabe de inmediato.

Define tu personalidad en tres palabras
Honesta, divertida y súper relajada.

¿Tres colores?
Negro, negro y negro…

¿Por qué?
Porque me encanta, porque hace que una casa sea única, diferente. Me gusta porque da un toque distinto.

¿El mueble más cool?
Amo las sillas. Podría poner una silla en un lugar como si fuese una escultura. Me gustan las de colores fuertes, lacadas, que rompan los esquemas.

¿En el arte?
Sammy Benmayor. Ahora mataría por un Lira. Me gusta la pintura que diga algo, que transmita. La escultura, la fotografía.

¿Objetos?
Solo los que uno más quiere. Yo tengo en mi casa puras cosas que amo.No compro nada porque hay que comprar, o porque va a ser una buena inversión. Me da lo mismo, solo quiero ver cosas que me gustan a mí alrededor.

¿Admiras?
A Philippe Starck.

¿Plantas?
Adentro de la casa, no. Recién estoy reconciliándome con ellas. Pero tiene que ser “la” planta. Me gustaría, por ejemplo, un plátano grande. Pero un ficus, no.

¿Una cosa o muchas cosas?
Muchas cosas. Minimalismo, cero conmigo.

¿A qué le dirías que no, siempre?
A las flores plásticas, esas que la gente compra para que parezcan de verdad. Si son plásticas con luces de colores tipo kitsch, no hay problema. Le digo que no a nada de lo que parezca a... Tampoco me gustan las mesas de vidrio transparente con canto…

¿A qué le dices que sí?
A los cojines. A los objetos que van identificando a su dueño. A las estanterías grandes.

¿Qué se puede y no se debe?
Todo se puede y todo se debe. Todo está permitido.

¿Por qué la gente llama a Ximena Tannenbaum?
Porque hoy las personas están llamando a profesionales que realmente les ayuden. Y porque a los clientes les gusta agarrarse de alguien para atreverse...

“Mi casa de Rancagua, cuando chica, parecía un museo. Para empezar, en el living la alfombra era una piel de un puma con la cabeza y todo, tenía la boca abierta y se le veían los dientes...había que pasar al otro lado saltando”.

 

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