Sin duda, en esta vida hay cosas que se heredan, costumbres que se traspasan de generación en generación. La pasión por los caballos, el rodeo y las tradiciones de nuestro campo chileno marcaron la infancia de este hombre. Hoy, como arreglador y jinete del Criadero Palmas de Peñaflor, Rodrigo nos cuenta cómo fue participar de la exitosa gira que junto a la escuadra ecuestre del criadero realizaron por Europa, a mediados de este año.
Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.
Creció en medio de los caballos. Las medialunas eran como su segundo hogar. Aperos, riendas y espuelas han estado siempre presentes en su vida. Gran parte de su familia comparte esta pasión y muchos de ellos han cosechado innumerables triunfos. “Desde que tengo uso de razón que estoy arriba de un caballo, toda mi vida he estado ligado a este mundo y, la verdad, no me imagino haciendo otra cosa que no sea estar cerca de estos animales.”
Casado con Mary Anne Morrison y papá de Rodrigo y Josefina, “Loli”, como es conocido en el ambiente corralero, se siente muy afortunado de poder trabajar haciendo lo que más le gusta. Definitivamente, para él ser arreglador de caballos es una labor que lo llena de satisfacción y reconoce que, a pesar del sacrificio que muchas veces ha implicado el haber optado por este camino, no se arrepiente en lo absoluto.
Después del colegio, Cardemil estudió en la Escuela Agrícola de Molina. Se fue a trabajar a Los Angeles –región del Bío Bío- y junto a Fernando Stevens, cuando sólo tenía veinte años, ganó su primera serie en Rancagua, con treinta y cuatro puntos. Ese mismo año, 1992, ganó el premio al jinete más joven que participaba en la competencia más importante de rodeo en nuestro país: el Champion de Rancagua.
Volvió a correr el Champion cuatro años más tarde con Mario Muñoz y posteriormente, el 2000, estuvo con Al Cherry. Poco tiempo después se fue a trabajar al criadero de Gonzalo Vial, con quien también llegó a correr el Campeonato Nacional, hasta que, el 2007, se trasladó al Criadero Palmas de Peñaflor, ubicado en la comuna de Molina.
Pero, sin duda, dentro de los logros que Rodrigo ha tenido en los rodeos, asegura que una de las cosas más importantes y que recuerda con más emoción fue cuando llegó a Rancagua con su hermano Francisco y después, el 2007, con su hermano menor, Nicolás. “Con Nicolás fuimos finalistas y yo creo que ese ha sido uno de los resultados que más me ha enorgullecido. Para mí, el haber tenido la posibilidad de correr para un criadero tan importante como este, Palmas de Peñaflor, y más encima hacerlo con mi hermano, fue sin duda espectacular”.
Rodrigo lleva ya seis años en este criadero y ha ido tres veces a Rancagua con buenos resultados. Sin embargo, asegura que hoy su mayor preocupación es que los jinetes que van a correr los caballos que él arregla reciban un animal que esté preparado para dar lo mejor de sí y estén a punto, “esa es mi gran responsabilidad”. “En este minuto me gusta más arreglar que competir, hay menos aplausos pero me encanta. Es como estar detrás de la pantalla, es como criar un niño para que después salga al mundo y si a ese niño le va bien, uno sabe que estuvo detrás y eso es muy gratificante”.
¿Qué significa ser arreglador de caballos?
Arreglador significa, entre otras cosas, enseñar al caballo a andar de lado, que pare, que retroceda, que aprenda a tener contacto con el novillo. Es un trabajo a largo plazo que requiere mucha paciencia. Se necesitan animales veloces y potentes, que sean aperrados. A los caballos se les va conociendo de a poco, su temperamento, sus condiciones, sus fortalezas y debilidades, se les va ejercitando, entrenando. Es como enseñarle a un niño a que aprenda a desarrollar ciertas habilidades.
ESCUADRA ECUESTRE
La escuadra ecuestre Palmas de Peñaflor nació de la idea de mostrar un espectáculo coreográfico inspirado en las tradiciones y danzas de nuestra tierra, en el cual la habilidad de potros y jinetes es fundamental. Aquí grupos de bailarines vestidos con trajes típicos o alegóricos recrean escenas significativas de nuestra historia y tradiciones, y en ese despliegue los caballos exhiben toda su gracia, acompañando los movimientos e interviniendo también en el baile.
Rodrigo afirma que la idea es que en cada una de las presentaciones de la escuadra se muestre al caballo y las tradiciones chilenas al más alto nivel. La escuadra hoy es una expresión de nuestra cultura y es una especie de embajada que recrea la historia y costumbres de nuestro país, con la intención de que los distintos shows que se preparan se muestren tanto en nuestro territorio como en el extranjero.
¿Cómo se gestó el viaje de la escuadra a Europa?
Con motivo de los sesenta años de reinado de Isabel de Inglaterra, la escuadra fue seleccionada para participar de un espectáculo ecuestre en donde también van otras de distintos países. Hicimos un primer espectáculo en la plaza de toros de Sevilla. También estuvimos en la Real Escuela Jerez de la Frontera, en Córdoba y en Windsor con la Reina. Estuvimos un mes. Fuimos cuarenta y siete personas, con diez caballos, diez jinetes, petiseros, la cantante Carmen Valdés, Juan Altamirano que tocaba el arpa, entre otros.
¿Cómo fue esta experiencia?
Inolvidable. En todas partes nos encontrábamos con chilenos que lloraban cuando veían nuestras presentaciones. Estás tan lejos de tu país vestido de huaso, con tus caballos, que es emocionante mostrar tus tradiciones en otros países. Entre los bailes y las pruebas de destreza que se exhibieron, los shows duraban alrededor de cuarenta y cinco minutos. Adecuábamos cada presentación según el espacio que teníamos, ajustando los tiempos, la música, etc. Compartimos con jinetes de todo el mundo en los jardines del Castillo de Windsor. Es impresionante la cantidad de gente a la que le gustan los caballos.
“La escuadra hoy es una expresión de nuestra cultura y es una especie de embajada que recrea la historia y costumbres de nuestro país, con la intención de que los distintos espectáculos que se preparan se muestren tanto en nuestro territorio como en el extranjero”.