Oriunda de Rancagua pero asentada en Pichilemu y con taller en Santa Cruz, está decidida a mostrarle al mundo el esplendor de la cerámica de Pañul, pueblito cercano a su casa y que se conoce por este material ancestral que posee cualidades únicas, como su colorido, suaves terminaciones y calidad.
Por María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U.
La “Toña”, como le dicen los amigos, estudió pedagogía en arte. Siempre le gustó enseñar, le apasiona y se nota. Trabajó como profesora de enseñanza media por quince años, hasta que un día, sabiendo que tenía condiciones para el dibujo, decidió dejar las clases en el colegio y seguir el camino de lo que era su afición: la cerámica y la pintura.
Primero hizo un curso, ofrecido por una reconocida marca estadounidense, que tiene que ver con el conocimiento de todos sus productos y que van enfocados a la cerámica y su pintura. Luego realizó cursos con Lise Moller de cerámica gres y, posteriormente, otro en el Taller Barbotina. “Todo aquello me sirvió para hoy tener este taller en Santa Cruz, en donde hago clases hace doce años, a un promedio mensual de veinte alumnas”.
María Antonieta conoció la cerámica de Pañul, en uno de los viajes que realiza todos los fines de año con sus alumnas. “Yo sabía que allí se hacía cerámica y quise llevar a las chicas para que conocieran el procedimiento de trabajar con el barro en sí, y cómo este se convertía en pasta y luego en piezas perfectas”. Desde aquel viaje, hace más de diez años, que esta profesora no dejó nunca más de ir a este mítico pueblo a comprar los elementos que ella luego, y junto a sus estudiantes, transformaría a través del tallado y la pintura.
Si bien Antonieta no trabaja la greda en torno, “porque esta es muy difícil de moldear”, conoce perfecto el procedimiento que realizan las señoras de Pañul, quienes ya no trabajan la cerámica de madera manual, sino que más bien, luego de tratar el barro y convertirlo en pasta líquida, esta se vacía en un molde grueso, para realizar una mayor cantidad de piezas. “Ya no se usa el torno en Pañul”. Una vez que la greda se endurece, luego de un par de días a temperatura ambiente, se saca del molde y es así como la compra Antonieta para sus creaciones personales. “Yo la pido cruda para poder pulirla, trabajarla o intervenirla a mi gusto y, luego, introducirla en mi horno eléctrico para quemarla y lograr el tono que me gusta, y que es uniforme”.
Pero para las alumnas del taller “neoclásico” (http://tallerneoclasico.blogspot.com ),la profesora compra la pieza en bizcocho, esto quiere decir que luego de que se saca del molde, se introduce en hornos a leña, de donde sale cocida, dura, lista para esmaltar, volver a meterla al horno, luego dibujar, pintar y darle una última horneada”. El problema del bizcocho que realizan en Pañul, es que allá la queman en hornos a leña, entonces el color no queda parejo. “Por otro lado, en esos hornos no se podrían esmaltar las piezas utilitarias porque no llegan a la temperatura necesaria, que es de mil treinta grados, lo que solo se consigue con horno eléctrico”.
¿Por qué es necesario esmaltar las piezas?
Para las piezas utilitarias como ollas, platos y otros, el esmalte ayuda a la prevención de hongos.
COLORES BRILLANTES
Las alumnas trabajan ya con el bizcocho listo, ya que no a todas les gusta el tallado, como explica Toña. Entonces ellas los esmaltan—si son piezas utilitarias—, lo llevan a horno, luego dibujan, pintan y otra vez a horno. El resultado final: una olla de fuerte color brillante, en tonos calipsos, rojos, anaranjados. Tazas, tazones, pocillos que por fuera tienen el color natural de la cerámica y, por dentro, resplandecen en tonalidades suaves y fuertes. Juegos de platos, vasitos, potes, ensaladeras, bandejas para aperitivo, de alucinante diseño, terminación y tonalidad.
¿Por qué te gusta la greda de Pañul?
Porque posee terminaciones muy finas, la arcilla es de mejor calidad y el color de quemado es distinto. Además, tengo un tema con Pañul, quiero que esta cerámica no se extinga y que el pueblo adopte una identidad que sea reconocida por todos como un lugar en donde se hace la cerámica más fina. Este es un trabajo que no podemos dejar que desaparezca.
Hoy Antonieta está creando su propia tienda, “Ema”, en avenida Ortúzar de Pichilemu—donde habrá un pequeño centro comercial—, que abrirá a partir del primero de noviembre. Además, está pronta a realizar un proyecto ofrecido por un empresario que le compró tres hectáreas en Pañul al artista Jorge González, y en donde este dejó su taller. “La idea es levantar el taller que dejó Jorge, para hacer crecer este pueblo, y darle la identidad que estamos buscando. Que la gente vea una pieza y sepa que es de acá, como pasa con la de Quinchamalí, ya que inmediatamente te imaginas una pieza negra con toques blancos. Además, ahí mismo se hará un hostal de lujo y la idea es que los extranjeros que visiten el lugar, tengan la posibilidad de ir a un par de clases y llevarse su propia pieza personalizada de esta cerámica. Aquí la idea es trabajar desde la pasta misma, en torno. Volver a lo ancestral”.
“Tengo un tema con Pañul, quiero que esta cerámica no se extinga y que el pueblo adopte una identidad que sea reconocida por todos como un lugar en donde se hace la cerámica más fina. Este es un trabajo que no podemos dejar que desaparezca”.