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Espacio Inmobiliario » Perspectiva Urbana

EDICIÓN | Noviembre 2012

Capítulo 06, Roma

Plaza de España
Capítulo 06, Roma

En nuestro recorrido por Italia, por razones obvias, nos hemos detenido más tiempo en Roma, donde probablemente podríamos eternizarnos; sin embargo, repasaremos solo las postales que, con mucha estrategia, han logrado posicionar como imagen e identidad nacional, a tal punto que, estando en el país, no puedes irte sin haber pasado… al menos, para decir que pasaste.

Por José Pedro Vicente, Arquitecto. Magíster en Arquitectura Pontificia UC. Santiago.

En las dos columnas anteriores, recorrimos el Coliseo entendiendo su despiadado fin, concluyendo que era menos absurdo de lo que vemos hoy en nuestros estadios, y luego, aprovechamos de pedir perdón en el Vaticano. Por lo tanto, y siguiendo con el ritmo de un turista, es hora de hacer una pausa, y qué mejor que en un espacio público de grandes fortalezas urbanas. La Plaza de España aparece estratégicamente, no solo como desahogo de algunas callejuelas y remate a un eje, sino también, como conexión entre cerro y plan. Características que la hacen abastecerse de una cantidad importante de gente, siendo su amplitud y capacidad de contemplación, lo que la transforman en un lugar de permanencia. Como los turistas somos los que necesitamos descansar, el resultado es un espacio urbano cosmopolita que se enriquece con la multiplicidad de especímenes que formamos parte de la multitud.

Sentado en uno de los ciento treinta y cinco peldaños de la escalinata, con inmigrantes que se cruzan por delante ofreciéndote clandestinamente desde cervezas hasta carteras “Louis Vuitton”, comienzo a sacar mis propias conclusiones respecto a mi ejercicio profesional, aclarando que, en mi caso, lo he orientado por el desarrollo de proyectos. Si entendemos que esta rama de la arquitectura se asocia a la definición y orden de los elementos que constituyen una edificación, la Plaza de España nos subraya que hay algo más importante que lo anterior. Me refiero a la experiencia que te ofrece la forma construida, es decir, lo que debes diseñar es el modo de usar y habitar y no la forma de lo que estás usando.

Si tomamos un ejemplo de este comentario, entendemos que una escalera como la que vemos, es la encargada de conectar una cota con otra, cumpliendo con las exigencias de pendiente, altura de peldaño y largo de la huella, para que, con tales variables, logres llegar de un punto a otro sin peligro y con los descansos necesarios para que no sea una tortura. Ahora bien, distinto es que, cumpliendo con lo anterior, logres una suerte de anfiteatro urbano que te permita disfrutar y contemplar las edificaciones de interés que posee el entorno, ya sea las que dan el soporte al comercio, hotelería y vivienda como las iglesias, esculturas y piletas. Entender de dónde venías caminando y para dónde puedes ir a continuación, examinar a la gente del mismo modo en que fuiste examinado cuando llegaste a la plaza, o bien, quedarte pegado en “peladas de cable” que luego podrás compartir en alguna columna.

Una escalera común y corriente, no deja de ser una simple sumatoria de gradas si no piensas en su valor agregado. Del mismo modo, una vivienda no deja de ser un bulto de recintos si es que no la diseñaste pensando en cómo sería la experiencia de habitarla. Con los mismos metros cuadrados, puedes conseguir resultados totalmente distintos y distantes en calidad.


Pd: Un chef una vez me dijo en tono irónico: “Prepara un plato de lo que quieras, y con lo que te sobre, yo hago uno mucho mejor”. Estimado, donde quiera que estés, acepto la derrota ofreciéndote el mismo desafío: “proyecta y construye una casa, y con los materiales que te sobren….”  
 

 

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