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EDICIÓN | Noviembre 2012

El eterno Don Carter

Juan Alcayaga, actor
El eterno Don Carter

Va a ser difícil que Juan Alcayaga (63) se saque algún día el personaje de don Carter, esté o no en pantalla, todo el mundo lo identifica con el cada vez más pícaro cartero del Profesor Rossa. Además, en persona, él es tan alegre, bonachón, bromista y livianito de sangre como el rol que interpreta en el ex programa infantil, hoy convertido en un espacio de humor para adultos.

Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.

Si bien, después del revival del programa en Vía X, la Dimensión Rossa solo duró una temporada en TVN, Juan está tranquilo y conforme con lo realizado. El actor, director y libretista lidera su propia compañía de teatro, Serotonina, con la cual continúa montando obras cómicas dirigidas a empresas.      

Era tan pinganilla cuando joven…
Sí, la verdad es que me echaron de todos los colegios de Antofagasta, mi ciudad natal.
Una hermana me trajo a Santiago, dándome la última oportunidad, y me inscribí en teatro, pese a que mi papá pensó que iba a seguir la onda biológica, pues él era dueño de una farmacia.  

Usted es de la vieja escuela…
Es cierto, estudié teatro en la Universidad de Chile, egresé en 1975 y he tenido la suerte de poder trabajar en esto pese a que la carrera de actor es bien franciscana en Chile. En esos tiempos, los que se iban a la televisión eran mal mirados, el resto aspirábamos a ser grandes actores. Pero la realidad es distinta, me casé, tuve un hijo (Alonso, treinta y cuatro años), de quien yo me hice cargo, y tuve que empezar a trabajar en tv.

Pero en teatro nadie olvida su rol en El violinista en el tejado…
Tuve la suerte que me llamaran para esa comedia musical, con la que se inauguró el Casino Las Vegas. Estando ahí me vieron los del Jappening y me invitaron a la tv. Recuerdo al Churrugusteaga, en Pepito Tv, un concursante que siempre ganaba, y dejaba picada a la Jacqueline Bisset Onassis (Gloria Benavides), que siempre perdía (ríe).

¿También vivió en Valparaíso?
Sí, necesitaban a un actor, en UCV TV, para sus programas infantiles. Tengo recuerdos muy lindos de esa época; de hecho, conocí a mi segunda señora (Marta Pinto) en Viña, quien ya tenía tres hijos. Ella es nada que ver con la Conchita… (ríe).  

¿Ahí conoció a Iván Arenas?
Claro, pero justo él estaba yéndose a Canal 13. Tiempo después me llamaron de ese canal para interpretar al cartero, y nos reencontramos con el profesor Rossa, fue mera casualidad, no hubo pituto (ríe).  

¿Qué hizo los diez años en que Profesor Rossa salió de pantalla?
Paralelamente yo era productor en La Red de programas musicales con Rolando Ramos, Alfredo Lewin y Rafael Araneda, ente otros. Con él estuve como coanimador en el emblemático Revolviéndola. También soy libretista cómico, así que cuando terminó el Mundo del profesor Rossa, me dediqué de lleno a eso en varios canales.   

¿Es cierto que perdió roles en teleseries por culpa de Don Carter?
Sí, llamaban al actor Juan Alcayaga y cuando me veían decían “Ah, pero tú eres Don Carter”. Perdí papeles en varias teleseries, una lata, así que para salir adelante formé mi propia compañía de teatro: Serotonina. La llamé así por el neurotransmisor que tenemos en el cerebro, que se activa y libera cuando sientes gozo.

¿Qué tipo de obras hace con su compañía?
Solo comedias para empresas, en funciones privadas, itinerando por Chile. Son obras escritas, dirigidas y actuadas por mí (ríe), junto a Carmen Barros, Willy Benítez, Daniela Tobar (la chica de la casa de vidrio) y otros.  

¿Practica el Ho’oponopono?
Efectivamente, he leído muchos libros de crecimiento personal, y me cautivó el Ho’oponopono, es un sistema que descubrió un psiquiatra y los nativos hawaianos lo siguen mucho. Es hacerte cargo de todas tus deudas, tus pecados. De todas las cosas que te pasan, tú debes asumir el ciento por ciento y perdonarte. Hace poco se murió un hermano de leucemia y me ayudó bastante.

¿Cómo hace para verse siempre igual?
Mis compañeros de curso me dicen que tengo un pacto con el diablo (ríe). Sé que no represento la edad que tengo, pero me mantengo así porque trabajo en lo que me gusta, lo disfruto muchísimo y lo que más hago, es reírme todo el día (ríe, otra vez).
 

 

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