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EDICIÓN | Noviembre 2012

Triunfa en la capital del rugby

Bernardo Moltedo
Triunfa en la capital del rugby

Lleva una breve pero exitosa carrera. Pese a ello, no ha sido fácil llegar hasta el sitial en donde se encuentra. Y es que con solo dieciocho años, puede decir que juega rugby en el país más competitivo del mundo de aquel deporte: Nueva Zelanda. Esta es la historia de Beño, un joven viñamarino que hoy pasa sus días en Auckland, en busca de sus sueños.
 

Por Francisco Ortiz C. / Fotografía Vernon Villanueva B.

Dos títulos mundiales y nueve campeonatos del Tres Naciones ubicaron a los All Blacks como la mejor selección de rugby en el mundo. Se trata del combinado de Nueva Zelanda, que con más de cien años de historia ha logrado posicionarse como un mítico equipo, al cual se le respeta y admira en todo el orbe.

Todos esos pergaminos hacen que cualquier rugbista en el mundo sueñe con poder practicar ese deporte en el país oceánico. Y justamente hay un chileno que cumple aquel anhelo. Se trata de Bernardo Moltedo, un joven viñamarino de dieciocho años, que está cumpliendo sus metas en Auckland, mezclando los estudios con su mayor pasión: el rugby. Desde enero que vive en Nueva Zelanda, terminando sus últimos años de educación secundaria en el Sacred Heart College Auckland, donde forma parte de la selección del colegio.

EXPERIENCIAS QUE SUMAN

Sin embargo, el estar jugando en Nueva Zelanda, Oceanía, ha sido —hasta ahora— producto de un largo proceso que vivió en Chile, donde jugando por los mejores equipos de la zona siempre destacó como deportista y gran persona. Reconoce que en un inicio deseó ser futbolista, pero las ganas le duraron poco.

¿Cómo partes en el deporte?
Mi inicio en el deporte fue en el Colegio Mackay. Como a los diez años empecé a jugar rugby en el club de Old Mack’s y seguí adelante en el Mackay hasta como los quince años, cuando me fui al Colegio Montemar.

¿Y qué pasó en el Montemar?
La verdad que ahí no tuve muchas oportunidades, así que el club que me recibió fue Sporting Club. Ahí permanecí cerca de dos años, donde me apoyaron. Y a los dieciséis me fui al Old Mack’s, donde jugué el año pasado en segunda y estuve algunos minutos en primera.

¿Siempre fue el rugby?
No. También tuve un paso por el fútbol, y como a los ocho años le dije a mi papá que quería ser futbolista, pero nunca me hizo caso (ríe).

¿Cuándo optas por el rugby?
Siempre jugué fútbol por el colegio, pero en el rugby yo tenía un partido el sábado y desde el lunes estaba pensando en jugar. No me pasaba lo mismo con el fútbol, la ansiedad era solo por el rugby.

¿En qué momento decides dedicarte a esto?
Desde el año pasado, porque haber jugado por la primera de Old Mack’s, fue una motivación extra. Quería demostrar que tenía capacidades para competir con los más grandes.

UNA VIDA JUNTO AL RUGBY

Pero para Beño, como lo llaman sus cercanos, el rugby escapa de lo deportivo. Gracias a esta actividad ha podido establecer grandes lazos de amistad, independiente de cualquier circunstancia. Con su esfuerzo, el apoyo de la familia y su talento ha logrado consagrarse como un gran deportista que hoy muestra sus armas en el extranjero. Pese a que no fue fácil en un comienzo, debido a que se cambió del Colegio Mackay al Montemar, por lo que dejó muchas cosas de lado.

¿Qué te agradó del rugby?
Me empecé a sentir bien con el rugby, ya que me fue muy fácil tener amigos, eso es lo que más valoro. El Mackay siempre fue mi apoyo esencial, y gracias a eso pude llegar a Old Mack’s. También siempre estaré agradecido del Sporting Club, porque me dieron todas las facilidades. Además, siempre fue esencial el apoyo de mi familia.

¿En Old Mack’s logras tu consagración?
Ese periodo fue perfecto. Me sentía bien, apoyado por el club. A pesar de ser el más chico, era uno más.

¿A lo largo de tu carrera recuerdas un partido en especial?
Recuerdo un partido cuando íbamos en octavo básico y teníamos como rival al Craighouse, que nos ganaba todos los años. Pero ese partido lo perdimos por dos puntos, y ahí nos dimos cuenta de que podíamos más. Nos marcó mucho.

UN VIAJE SOÑADO

Si bien jugando en nuestro país lograba tener notoriedad, al destacar por su esfuerzo y buen juego, y se consagró como uno de los buenos proyectos a nivel nacional, no se sentía conforme. Es por ello que, desde hace un par de años, le rondaba en la cabeza la idea de partir —nada más y nada menos— que a Nueva Zelanda, el país donde el rugby es parte de la vida. Y es en Auckland donde ha estado radicado todo este año.

¿Cómo nace la idea de irse a Nueva Zelanda?
Lo de Nueva Zelanda lo estuve buscando desde hace unos tres años, pero se veía muy lejos. Sin embargo, el año pasado empezamos a mandar mails a los colegios y me aceptaron en el que estoy.

¿Cuál fue tu reacción al saber que cumplirías tu sueño?
Cuando lo supe, no lo podía creer, es un sueño que tenía desde chico. Hay muchos rugbistas que sueñan con ir a Nueva Zelanda, pero llegar allá fue difícil, los primeros meses fueron complicados, especialmente por el idioma. Es impresionante toda la gente que practica rugby, vas a la plaza y todos están jugándolo.

¿Los neozelandeses sabían algo de Chile?
Ellos no conocían mucho a Chile, solo por el terremoto y los mineros. Como chilenos somos más amables, se me hizo fácil tener amigos. Lo esencial es llegar siendo sencillo, sin hablar mucho, porque ellos son más reservados.

KIWIBOY

Llegando a su nuevo destino Bernardo debió lidiar con un problema físico (una discopatía lumbar) que arrastraba de antes, además de los inconvenientes propios de arribar a un nuevo país, y un nuevo equipo, donde no fue fácil triunfar. Pese a ello, y con varios meses en aquel país, ya se siente un kiwiboy más, denominación que se les da a los jóvenes del lugar.

¿Cómo alcanzas la selección del colegio?
Al tiempo de llegar, hubo unas postulaciones para quedar en el primer equipo del colegio, pero yo no lo logré.

¿Qué sucedió ahí?
Me sentí bajoneado, porque sabía que podía quedar. Empecé a entrenar siete veces a la semana y a los dos meses conseguí estar en el primer equipo.

¿Qué tal fue ese proceso de selección?
Fue un poco de suerte, porque se lesionó justó el jugador de mi posición. Y fue difícil porque solamente dos alumnos internacionales pueden estar en el equipo, y él era jugador extranjero. Se dio, jugué y lo hice bien.

¿Y la campaña del equipo?
Con el first team perdimos en semifinales por un punto. Y a muchos nos tocó jugar en el second, y fuimos campeones de Auckland. Además, me pude ganar el premio al bestback, que es el mejor de la línea. No lo podía creer, hasta el mismo entrenador estaba sorprendido.

¿Por qué crees que ganaste ese premio?
Yo no destaco por ser un jugador de mucha agilidad, pero la perseverancia, el entrenamiento físico, ha sido la parte clave. Hay muchos jugadores con harta calidad, pero si no entrenan, no destacan. Doy el ciento por ciento siempre.

Una temporada espectacular…
Se me dio todo. Todavía no puedo creer que saliéramos campeones con el second… El second está a años luz del first de Chile. Es otra cosa. Estoy muy contento allá, y lo más probable es que me quede el próximo año también. Y seguramente jugaré por un club amateur para menores de veinte en Auckland.

¿Es muy distinto el apoyo a los deportistas allá?
Tres de mis compañeros están en los All Blacks M 18 y han recibido la colaboración del colegio y de la familia. Para ellos es mucho más fácil surgir en el rugby, pues en todo hay apoyo del Estado. En mi colegio el noventa y siete por ciento de los estudiantes hace deporte.

A propósito, ¿qué tal los All Blacks?
Es como decir el fútbol en Brasil, o sea es todo. Toda la gente se vuelve loca por ver los partidos. Allá se vive el rugby. De ellos he aprendido mucho, porque son sencillísimos, son callados, no dicen mucho, pero en la cancha lo demuestran todo.

¿Y el tradicional Haka?
Cada colegio tiene su Haka, y hacen competencias internas, como las alianzas. Es entretenido, a mí me gusta, sientes inspiración y motivación.

¿Cómo es un día normal en Auckland?
Me levanto como a las cinco de la mañana. Tengo que ir a entrenar como a las seis, luego a las nueve entro al colegio, hasta las tres de la tarde. De tres a cinco volvemos a entrenar, y después tenemos dos horas más de estudio. Como a las nueve de la noche finalizo el día. Es muy esquematizado todo, y me gusta eso. Pero como ahora terminó la temporada de rugby, trato de descansar los fines de semana.

ES SOLO EL INICIO

Si bien es cierto que Beño ha comenzado a cumplir sus sueños tempranamente, asegura que aún le queda mucho camino por recorrer. Pertenecer a la selección de su colegio en Nueva Zelanda es solo el inicio de la gran carrera que le depara. Sus estudios, Los Cóndores y consagrarse en un equipo de primera son las metas más cercanas para este joven rugbista.

¿Te gustaría estar en la selección?
Siempre me ha llamado la atención. Tuve la suerte de haber quedado, el año pasado, en el preseleccionado de la M 18, y la verdad es que estar en Los Cóndores y representar al país es un sueño. Ojalá alguna vez tenga la opción de jugar ahí.

¿Qué esperas hacer al retornar a Chile?
Me gustaría estudiar algo relacionado con el deporte y seguir jugando en Old Mack’s.

¿Primero los estudios?
Nunca he pensado dejar los estudios de lado. Quizás en cuatro años más me vaya a Europa, pero primero desearía estudiar kinesiología o nutrición deportiva.

¿Qué meta te gustaría cumplir prontamente?
Me gustaría jugar por un club de primera en Europa o en Nueva Zelanda, esa sería mi meta. Lo veo muy alcanzable, pero hay que seguir perseverando en todo sentido.

“Yo no destaco por ser un jugador de mucha agilidad, pero la perseverancia, el entrenamiento físico, ha sido la parte clave. Hay muchos jugadores con harta calidad, pero si no entrenan, no destacan. Doy el ciento por ciento siempre”.

 

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