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EDICIÓN | Noviembre 2012

Singular

Bárbara Silva, sicóloga
Singular

Esta es la singular historia de cómo una joven mujer se esculpió a sí misma y se convirtió en artífice de su propio destino. De cómo logró ir a la NASA y formar parte de un selecto grupo en la Singularity University. Su incesante búsqueda tecnológica, su paso por Dinamarca, San Francisco y Silicon Valley, su vuelco de la sicología a la innovación, y su reciente trabajo con la co-fundadora de Singularity, Susan Fonseca, en esta entrevista.

Por Macarena Ríos R. /fotografía Vernon Villanueva B.

Su vida ha sido una búsqueda constante. Un aprendizaje constante. Una serie de causalidades y redes configuradas en el momento preciso. Una orquestación estratégica que hoy la tiene a la cabeza de BST Innovation, su propia consultora, y trabajando de la mano con Susan Fonseca, una mujer extraordinaria. Pero partamos desde el principio. Su periplo comenzó en la Universidad Adolfo Ibáñez, donde estudió sicología. Tenía veintitrés años cuando se fue a hacer un intercambio de Sicología Organizacional al Tecnológico de Monterrey (México). Intercambio que le permitió conocer y convivir con diversas culturas y pensamientos. Más tarde realizó un magíster en Sicología Organizacional en la UAI (Santiago) y, en paralelo, un diplomado en Focussing (coaching) dictado por la UAI de Viña del Mar, en conjunto con el Instituto de Focussing de Nueva York.

En forma natural, la sicología clínica fue mutando hacia la sicología organizacional. Y en forma natural también descubrió que tenía otras habilidades y decidió explorarlas. Su viaje a Dinamarca, a San Francisco y Silicon Valley, forma parte de esa ruta exploratoria.

DE ARMAS TOMAR

Como Bárbara necesitaba generar el dinero suficiente para poder hacer el intercambio en México, mandó cerca de cien cartas a diferentes resorts en Estados Unidos. Era verano cuando partió a Lake Tajo a trabajar en un centro de esquí, con solo cien dólares en el bolsillo. Dos semanas antes de recibir su primer pago, estuvo durmiendo en cafeterías, en el baño de su trabajo, en habitaciones atestadas de gente.

Fue muy difícil, pero la experiencia la hizo fuerte. “Si fui capaz de resistir esto, con nieve más encima, puedo resistir cualquier cosa”, pensó. Estuvo tres meses. En esos tres meses, y gracias a su espíritu emprendedor, trabajó en cinco lugares distintos, cerca de dieciséis horas diarias. Y juntó la friolera suma de doce mil dólares.

SWITCH EN DINAMARCA

Inquieta e hiperactiva, el 2010 fue un año de búsqueda. Y partió a Europa a ver y a empaparse de tendencias, específicamente a Dinamarca, un país dueño de una gran calidad de vida, muy amigable con el medio ambiente y bastante avanzado con los temas de energía sustentable. “El nivel de avances tecnológicos que tiene ese país es impresionante. A mí me interesó ir a buscar un referente internacional que me mostrara qué es lo que estaba pasando en términos de desarrollo tecnológico”.

Estuvo cuatro meses. Se bajó del avión, tomó el metro e inmediatamente buscó un lugar donde quedarse. No conocía a nadie. Y tuvo que comenzar a articular una red de apoyo. “Ahí me di cuenta de la relevancia de tener armada una plataforma, de la importancia de crear redes locales en distintos países, porque esas redes te ayudarán a futuro, te van a abrir las puertas tarde o temprano para desarrollar una serie de negocios, oportunidades, encuentros, ¡lo que quieras! El no haber tenido una red me enseñó a que tenía que aprender a generarlas”.

Fue ahí cuando apareció tímidamente la palabra “innovación” en su vocabulario. “La innovación era un tema súper potente para esa cultura y decidí complementar mi formación con algún estudio ligado a ella”. Investigó programas, postuló a varias universidades y quedó en prácticamente todas. “¿Por qué tengo que ir al fin del mundo para hacer un magíster en innovación?”, se preguntó Bárbara una tarde. Y decidió ver qué había en Latinoamérica. Grande fue su sorpresa al darse cuenta que la Adolfo Ibáñez dictaba un Magíster en Innovación. ¡Y al lado de su casa! En menos de una semana estaba en Chile.

EL MAGÍSTER

“Dentro del Magíster había un curso (programa de inversión), que se hacía en Silicon Valley. Uno de los speakers era Carlos Baradelo (decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de San Francisco). Fue él quien nos armó un programa, una agenda de trabajo y nos hizo una inducción acerca de la relación que había entre el mercado latinoamericano y Silicon Valley”.

Días antes de terminar el curso, Bárbara se acercó a él y le dijo: “Encuentro súper interesante lo que usted está haciendo, estaré una semana más en Estados Unidos y me encantaría quedarme haciendo MBA”. “Cuenta con eso”, le contestó Baradelo y le llenó la agenda de clases, le hizo fullnet working, conectándola con todos los eventos de innovación y emprendimiento que había en USA. Hoy en día, Carlos Baradelo es su mentor en Estados Unidos.

CIUDADES HERMANAS

Mientras Bárbara hacía su Magíster en Innovación en Santiago, trabajaba en la Municipalidad de Viña. Ahí se enteró que Viña del Mar tenía una ciudad hermana en el estado de California: Sausalito, en San Francisco, y que estaban organizando un viaje que llevaría a la alcaldesa al país del norte. “Ella fue la primera mujer que me dio un tremendo espaldarazo y que, al incorporarme en la delegación, me abrió una puerta gigantesca, porque me permitió conectarme con una serie de organizaciones, empresas y cámaras de comercio estadounidenses, lo que generó oportunidades de intercambio, colaboración y proyectos hasta el día de hoy”.

Durante ese viaje, aprovechó de ir cuatro días a la Singularity University, donde conoció al presidente de ese entonces, Neil Jacobstein, y le mostró el proyecto de innovación que estaba desarrollando. “¿No has pensado en postular a Singularity?”, le preguntó Jacobstein. Fue en ese instante en que se le encendieron las luces a esta viñamarina y vio una tremenda posibilidad. Al volver a Chile postuló al programa de emprendimiento, patrocinado por la NASA y Google.

SINGULARITY

Le habían ofrecido irse a Estados Unidos a una multinacional, cuando supo que había quedado seleccionada en Singularity. Los dos meses y medio costaban nada menos que veinticinco mil dólares. Y comenzó a levantar fondos y recursos. Pero en todos lados, la respuesta era la misma: “Te felicitamos, pero no tenemos dinero para apoyarte”. “Ellos no entendían que yo no quería plata regalada, sino que podía crearles valor a su empresa conectándolos con organizaciones en Estados Unidos, buscando transferencias de tecnologías, de prácticas, etc.”.

Después de algunos meses, Bárbara no logró encontrar financiamiento. Aunque solo tenía el pasaje, partió igual. “El tema de las lucas lo resuelvo allá”, se dijo.

Al llegar a Silicon Valley, habló con los directivos de Singularity: “No tengo dinero ahora para pagarles, pero el valor que les voy a crear a ustedes va a ser más grande que los veinticinco mil dólares. Los voy a conectar con todas las redes que hay en innovación y emprendimiento en Chile y eso les va a traer mayores resultados positivos en el largo plazo”. Y le creyeron. Y no sólo le creyeron, sino que la becaron ciento por ciento.
   
¿Cómo fue tu viaje a Silicon Valley?
La mejor experiencia del mundo. Ahí se me dieron todas las condiciones para poder desarrollar mis potencialidades e implementar los proyectos que yo quería.

¿Qué aprendiste?
¡Muchísimas cosas! Por ejemplo: nos dieron una introducción a tecnologías exponenciales y de última generación como la nanotecnología, robótica, inteligencia artificial, energías renovables. Lo importante, más allá del conocimiento en sí, es cómo utilizas estas tecnologías para resolver problemáticas que hoy enfrenta la humanidad.

¿Cómo fue el primer día?
El más feliz de mi vida. No me daban ganas ni siquiera de dormir. Era tan interesante todo lo que pasaba que no quería perderme de nada. Las clases eran súper intensas, casi catorce horas diarias, ciento ochenta speakers internacionales. Speakers y profesores del nivel de premios nobeles, gerentes generales de multinacionales, dueños de fondos de inversión, altos ejecutivos de Google, de Xerox… Singularity es una comunidad que siembra ese espíritu de colaboración.

¿Lo que nunca olvidarás?
Ir a la NASA. Fue ahí donde todos los puntos empezaron a conectarse.

¿Qué fue lo que más te llamó la atención?
Tener todas las herramientas del mundo a nuestra disposición. A través de los  laboratorios de innovación podíamos explorar cualquier tipo de tecnología. Imagínate, yo, que soy sicóloga, ¡hice un robot! Llegaron médicos de Stanford a enseñarnos cómo se hacía una cirugía, y terminé en un laboratorio sintetizando mi ADN. Eso es lo interesante: te dan todas las experiencias posibles. No tienes por qué ser experto en estas temáticas, pero sí conocerlas. Es importante que tengas la imagen global a la hora de generar un producto o servicio y contratar a los expertos para que ejecuten la parte técnica.

¿QUÉ PASARÍA SI?

Durante setenta y cinco días, Bárbara, la sicóloga, la que hace escalada y trekking en su tiempo libre, convivió junto a personas de todas partes del mundo. De los setenta y nueve participantes, once eran latinos. Ninguno se cansó de aprender.

“Mi equipo de trabajo estaba formado por once personas: una experta en robótica de China, una experta en inteligencia artificial de España, un dueño de fondos de inversiones en Canadá, expertos de sistemas de Londres y Palestina, expertos en políticas públicas de Canadá y Pakistán y yo que veía toda la parte de diseño de experiencias de usuario y modelos de negocios. Nuestro proyecto de innovación se abocó a la salud. ¿Sabías que hoy día dos billones de personas no tiene acceso a salud? Existen trece médicos por cada diez mil habitantes. El cincuenta por ciento de los diagnósticos médicos tienen algún tipo de error o falla o retraso. El año 2050, más del veinticinco por ciento de la población mundial va a requerir de tratamientos para necesidades especiales, ya que estarán destinados principalmente a adultos mayores”.

¿Qué pasaría si pudiésemos crear algún tipo de sistema que permitiera monitorear a larga distancia a personas con necesidades especiales y ponemos todo esto en una plataforma?, se preguntó el equipo de Bárbara. Miraron a su alrededor y se dieron cuenta de que entre ellos estaban los expertos de esas tecnologías, y no solo los expertos, sino los dueños de aquellas.

“Queremos facilitar el acceso a la salud integrando tecnologías exponenciales que permiten que las personas, dentro de su red social, puedan interactuar con médicos desde cualquier parte del mundo. Algo así como condensar tu historial médico y crear una plataforma de telemedicina que otorgue: diagnóstico, servicio 24/7 y tratamiento remoto. ¡Imagínate como se maximizarían los recursos!”.

Actualmente, Bárbara (en twitter @bstinnovation) y su equipo están creando el modelo de negocios para levantar el financiamiento.

¿Qué te mueve?
La posibilidad de crear impacto social e inspirar a otras personas para que lo hagan.

¿Tu sueño?
Una sociedad más generosa con sus recursos. Siento que hoy las personas tienden a competir más en lugar de generar relaciones de colaboración.

¿Tu frase preferida?
“Hacer que las cosas sucedan”.

¿Tu fortaleza?
Soy perseverante, no me rindo jamás.

ORQUESTACIÓN ESTRATÉGICA

Cuando estaba en la NASA, conoció a Susan Fonseca y su proyecto: Woman@TheFrontier, cuyo objetivo es conectarse con redes sofisticadas de mujeres que están en la plana mayor del mundo, con mujeres potentes que están generando impacto. Tanto le gustó el proyecto que le propuso que Chile fuera el primer país piloto para implementar la organización. Y se transformó en la directora para América Latina.

“En nuestro país hay mujeres que están emprendiendo, que están innovando, pero carecen de la plataforma y la visibilidad necesarias. Quiero que la mujer esté sentada en las mesas de toma de decisiones de innovación y emprendimiento”.

En eso está ahora, organizando un panel de expositoras —nacionales e internacionales— convocadas para el 13 de noviembre en Santiago a inspirar un cambio y a ser un punto de encuentro entre las mujeres innovadoras y emprendedoras.

¿Un desafío?
Aunque me muera en el intento, me gustaría cambiar la forma en que las organizaciones se relacionan con el entorno. Hoy día quienes tienen el rol de hacerse cargo de las grandes problemáticas que enfrentan las sociedades (pobreza, salud, medioambiente) son los gobiernos, que son los que asignan recursos. Sin embargo, el nivel de contribución que tienen las empresas privadas es mucho menor en torno a generar impacto social dentro de la comunidad. Mi desafío es crear alguna plataforma donde las organizaciones tengan el rol principal en el desarrollo sustentable de la sociedad, generando empleos de calidad y que ese empleado sea, a la vez, emprendedor.

“Hoy día, la tendencia en el mundo de la innovación es generar lo que se denomina ‘orquestación estratégica’, concepto desarrollado por Alejandro Ruelas Gossi, uno de mis profesores en la UAI y que tiene que ver con ver qué organización tiene los recursos que yo no tengo y cómo puedo conectarme con aquellos para multiplicar mis capacidades. Ahí generas un ganar-ganar y creas una nueva forma de relacionarte. Creas valor para todos en forma transversal”.

Eso es justamente lo que está haciendo Bárbara, la primera mujer chilena en entrar becada a una de las universidades más increíbles del mundo. Eso es precisamente lo que está intentando a través de su consultora: generar inclusión desde la vereda femenina, innovar mediante impacto social. Aportar, inspirar.

“En nuestro país hay mujeres que están emprendiendo, que están innovando, pero carecen de la plataforma y la visibilidad necesarias. Quiero que la mujer esté sentada en las mesas de toma de decisiones de innovación y emprendimiento”.

 

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