El reemplazante. Lunes 23:00 horas en TVN.
Para esa gente que clama por más cultura en pantalla, creyendo que la expresión corresponde a las manifestaciones más serias y cuidadas del arte —esas quejas de algunos actores por la emisión de Las Argandoña—, acá el canal de todos ofrece una producción dramática con la capacidad de reflejar transversalmente el país que hemos construido en las últimas décadas. El reemplazante urde distintas realidades con un telón de fondo: el Chile engreído y materialista de grandes cifras macroeconómicas, pero con señales en rojo en el área donde se construye el futuro: la educación.
Resumen a la vena. Carlos es un ejecutivo que pierde millones de dólares. Va preso, sale y no le queda más que vivir con su padre, hermano, cuñada y sobrino en el sector poniente de Santiago. Su viejo, profesor, le consigue trabajo en su liceo como académico de reemplazo. El sitio es un nido de alumnos apáticos, en un entorno que grita en cada detalle la falta de oportunidades.
Sin sentimentalismos ni pretensiones cursis, El reemplazante construye un relato coral en la dura cotidianidad de las poblaciones chilenas y sus establecimientos educacionales. No hay personajes favoritos, simpáticos ni tiernos, regaloneados por el guión y las cámaras. Al contrario, el trazo resulta duro. El protagonista es un tipo lacónico, aún choqueado por la caída. Sus alumnos no encuentran sentido al estudio, a sabiendas de opciones ilegales y rentables. Asoma el bullying, los embarazos adolescentes, las consecuencias de la pasta base y un matrimonio aturdido por una infidelidad.
Frente al acento dramático a veces excedido de Los 80 y Los archivos del cardenal, El reemplazante es una alternativa áspera, contextualizada y valiosa. Cuenta con un casting espectacular —sobre todo los actores jóvenes—, y locaciones perfectas para reflejar un país lamentablemente segmentado.