Buscan que su trabajo en sí sea un concepto y, por eso, firman todas sus ideas como si fueran uno solo. Cada uno, desde su experiencia, aporta con una mirada crítica a su entorno. Una nueva propuesta que, como ambos afirman, llegó para quedarse.
Por Claudia Zazzali C. y Lorena Cisternas M. / Fotografías Andrés Gutiérrez V.
No existen las casualidades, sino las causalidades, dicen. Y al parecer, que estos artistas se juntaran en un proyecto común, es mucho más que una coincidencia. Alejandro García y Franz Reimers crearon la dupla de arte García-Reimers para potenciar las cualidades de cada uno y desafiarse mutuamente a transformar su mirada.
Durante el 2011 presentaron una exitosa muestra bautizada Toma-2 en la Galería de Arte Fundación Minera Escondida, tras adjudicarse la convocatoria que FME ofrece en conjunto con Balmaceda Arte Joven a los artistas locales. Realizaron, luego, un ejercicio de mural en el Colegio San José y, posteriormente, ya empoderados de la marca, García-Reimers llegó a Calama para concretar un trabajo de intervención urbana en la población Los Halcones.
Ambos estudiaron en Santiago. García siguió Pedagogía en Arte y Reimers, Licenciatura en Arte. Aunque en diferentes universidades, tuvieron un profesor en común, Mario Soro, quien los marcó y definió su cercanía con “la mirada de la obra”. De eso conversaban por horas cuando ambos, ya en Antofagasta, comenzaron a darse cuenta de sus intereses comunes. Nació la amistad y con ello, los cuestionamientos al circuito creativo imperante y las inquietudes por proponer un trabajo en que la calle fuera su taller.
¿Cómo empezaron los proyectos juntos?
R: Nos conocimos por temas laborales en el programa de Chile Mi Barrio que tenía el Consejo de la Cultura hace unos años. Allí yo realizaba un curso para animadores socioculturales y Alejandro trabajaba en el mismo Consejo. Ese tiempo laboral fue la incipiente creación de la dupla, pues todas las mañanas conversábamos unos treinta minutos en el plano de la creación.
G: En mi trabajo cotidiano, mis conversaciones giraban en torno a la gestión cultural. Entonces, pasamos de compartir estas reflexiones orientadas a idear cosas, compartir imágenes mentales a llevarlas al plano de los proyectos: hagamos un taller, arrendemos un espacio, todos los días se nos ocurrían cosas nuevas.
EGOS
Para García–Reimers “más miradas de una misma idea, no permiten otra cosa sino transformarla, modificarla, potenciarla y llevarla al extremo. De hecho trabajan además con un tercero, Marco Guzmán, un audiovisualista que participa con García-Reimers en todas sus obras. “Somos casi una colectiva”, afirma la parte Reimers.
¿De qué se trató Toma-2?
G: Esa instalación respondió a varios meses de planificación y, luego, un buen tiempo del trabajo en el espacio mismo de montaje. Había una alfombra hecha con envoltorios de helados, que albergaba un taburete en el centro. La idea era que el público se ubicara en el espacio “alfombra-taburete” y que, a la vez, apreciara el video en la pared posterior de la sala. El video era el segundo ingrediente. Fue difícil tomar la decisión de cómo colgar los monitores y hasta el volumen del video fue un tema.
R: La expo incluía tres peceras que daban la bienvenida. Tenían arena en su interior y eso requirió de una logística particular, por el peso, la iluminación y la visualidad. Tenían que dar al espectador la oportunidad de reconocer el paisaje, de ver nuestra ciudad detrás de los palitos de paleta que representan la basura en nuestras playas y, a la vez, eran el souvenir que todos se podían llevar como recuerdo. Nos esforzamos por crear instancias donde el asistente pudiera reflexionar en torno a la creación de la obra, tarea nada fácil en lo práctico.
TECNOLÓGICAMENTE ARTESANAL
Este debut en sociedad de García-Reimers, les permitió sistematizar lo que estaban haciendo: “concretar en un proyecto todas nuestras conversaciones e ideas fue, desde un principio, una cosa muy seductora para nosotros”, afirman.
“En este traer y compartir nos dimos cuenta de que Franz tenía un trabajo bastante particular que se relaciona con la alquimia, con el grabado, con lo artesanal, con la cocina del arte. Queremos presentar esos elementos a través de un elemento tecnológico, llevados a la reflexión con sentido social”, acota Alejandro. Reimers agrega: “a mí me gusta mucho el taller: los colores, la mezcla, los pigmentos, le doy mucho a eso, pero también está la esfera desde el video al MP3, procuramos que nuestros trabajos tengan una cosa alquimista donde se mezcle la tecnología y lo primitivo”. Toma-2 implicó también el trabajo de muchas otras personas que participaron de este proceso “tecnológicamente artesanal”, como ellos mismos definen.
¿Y qué se viene ahora?
R: Tenemos que potenciar esa marca registrada, también como un concepto de obra. Es nuestra preocupación constante a la hora de proponer: mostrar esta ironía de lo tecnológicamente artesanal, reírnos de nosotros mismos y llamar a la reflexión.
¿Algún proyecto en concreto?
G: Queremos instalar una obra en el espacio público, que tiene que ver con una remembranza de los ochenta, algo cotidiano como fue el panfleto, pero llevado a la tecnología actual. Queremos plasmar el cómo funcionan ahora los canales de comunicación, poner eso en jaque con nuestro patrimonio cultural arquitectónico y social.
Estas intenciones se entrelazan, además, con su idea de emprendimiento, en que pretenden con el tiempo convertirse en una empresa que realice mejoras con sentido en un espacio urbano. Su búsqueda de financiamiento, sea por proyectos o por donaciones, no frena su ímpetu por sacar la galería a las calles o de alguna manera, como enfatizan, “romper con la institucionalidad” del arte, hacer que el público que ve una de sus obras, sea parte también de ella. Y eso, indica García, “tiene que ver con que planteamos ideas y obras que, definitivamente, son de acá, de la calle, de la playa, del cerro o de la población”.
¿Y está el norte preparado para estas acciones?
G: Para eso y mucho más. Pero es necesario contar con escuelas de pedagogía y arte que actualicen al profesor. Si logramos tener a niños que aprendan, vamos a tener público, los artistas van a contar con un público capaz de generar crítica o de hacerse preguntas. El estudiante, en general, no solo en el arte, debe poseer ese chip de saber hacer preguntas, eso debe enseñar la escuela.
¿Cuál es su búsqueda?
G: Queremos instalar preguntas como García-Reimers. Tal vez no con cinco obras al año, pero sí con una potente donde los dos cuestionemos cosas que van desde el formalismo académico que ambos sufrimos, hasta las fórmulas que proponemos para tener una ciudad mucho mejor. Antofagasta es una ciudad creativa que se ofrece íntegra a todo quien la habita, mostrando desde sus carencias hasta el crecimiento imparable.
R: También buscamos que siempre sea una obra García-Reimers y no una de Reimers y otra de García. Eso se entendió en Toma-2, se entendió en Calama y esperamos que con lo que venga se consolide una obra común que va entre la parodia, la historia, la memoria visual de los antofagastinos y el paisaje.
"Sus ideas, siempre relacionadas con lo urbano, los llevaron a recorrer las calles de Antofagasta midiendo, ubicando material, observando, imaginando monumentos y realizando intentos de vestir semáforos, rascándose la barbilla al momento de pensar en el financiamiento."