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EDICIÓN | Octubre 2012

Reconstrucción desde el alma

Por Amalia Cubillos
Reconstrucción desde el alma

“En terreno, me he dado cuenta que lo que más valora la gente es su dignidad. No estoy hablando del tipo de material de la casa, ni de los edificios anexos a ella, estoy hablando de la dignidad que se le entrega cuando se les escucha, cuando se les saluda, cuando se les toma en cuenta de verdad”.

Hace justo cien años, los arquitectos proyectaban verdaderas ciudades satélites, como el Barrio El Huemul por ejemplo, en donde se le ofrecía a la clase obrera casas de primer nivel junto a teatros, plazas y todo lo necesario para que pudieran vivir.

Hoy, sin duda, la calidad de las construcciones ha bajado,  si bien la tecnología ha mejorado, no vemos esos grandes proyectos que trascienden en el tiempo.  Los montos de los subsidios no son como uno quisiera,  y pareciera que se ha preferido privilegiar la cantidad por sobre la calidad. En terreno, me he dado cuenta que lo que más valora la gente es su dignidad. No estoy hablando del tipo de material de la casa, ni de los edificios anexos a ella, estoy hablando de la dignidad que se le entrega cuando se les escucha, cuando se les saluda, cuando se les toma en cuenta de verdad.

Muchas veces hemos recibido agradecimientos explícitos, por el solo hecho de dirigir la mirada, de hacerlos sentir que son importantes. Me gusta el cambio que ha habido desde “subsidio a los más pobres” a “subsidio a los de más esfuerzo”, sin duda existe mucha gente que no ha tenido las mismas oportunidades que nosotros, y solo necesitan un pequeño empujón para salir adelante.

Cumplir con los estándares mínimos de necesidades es solo uno de los eslabones, luego viene un trabajo potente de dignidad, que la gente se sienta en iguales condiciones para así prosperar.

En nuestra incursión en el área vivienda, nos hemos dedicado a hacer las casas más difíciles, las que ninguna constructora quiso hacer, justamente porque el subsidio no daba, dado las condiciones geográficas de los lugares, la lejanía, dispersión y dificultad de acceso de cada vivienda. En el proceso hemos conocido gente maravillosa, cada maestro que interviene en la obra da las gracias por poder aportar con un grano de arena en la reconstrucción no solo de las casas, sino del alma de la gente. Hemos visto cómo las comunidades se unen en pro de un bien común, cómo comparten y se solucionan los problemas con tal de que todos puedan lograr tener su hogar.

Gracias a la Cámara Chilena de la Construcción por su apoyo, representada por Cristián Boetsch, a Pablo Schuster, gran arquitecto y líder del equipo de vivienda de Desafío, a Fabián Perez, Dideco de Constitución y a todos los maestros que logran cumplir el sueño de la casa propia, espero que como ellos muchos actores se sumen a esta noble causa y aporten desde sus especialidades para hacer un Chile mejor.

 

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