Frescos, crujientes, agridulces, salados, surtidos, para todos los gustos, así son los productos Millantú. Frutos secos seleccionados que la familia Montes Mac-Clure procesa con los más altos estándares de calidad y tecnología. Una empresa talquina que empezó artesanalmente y que hoy exporta a otros países, además de ser uno de los líderes indiscutidos en el mercado nacional.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez A.
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A Mario Montes siempre le han gustado los frutos secos. Recuerda que cuando visitaba a su, ahora, señora -Paula-, ella le ofrecía almendras que tostaba en un sartén, exquisitas y recién cosechadas de su campo. Así partió esta historia, la pareja se casó, formaron familia y emprendieron juntos un proyecto que en ese momento significó un tremendo desafío, pero que dio sus frutos y hoy es una posicionada y prestigiosa marca.
En el año ochenta, los Montes - Mac-Clure partieron con una idea. Llevaban algún tiempo pensado en este negocio, además en esa década no era un rubro muy explotado como en la actualidad, por eso Paula estaba segura que resultaría. "En aquél entonces, y cuando vivíamos en Santiago nos dimos cuenta que esto no existía. Había una o dos empresas que vendían sólo maní salado y nada más. Así es que nos trasladamos a San Javier, con la ganas de emprender este proyecto pendiente. Estábamos sin trabajo, teníamos tres hijos, necesitábamos hacer algo urgente y partimos con este plan que nos parecía muy rentable. Sin hacer un estudio de mercado ni nada, sólo teníamos el entusiasmo, comenzamos a procesar frutos secos en nuestra casa y empezamos a vender poco a poco". Este emprendedor matrimonio comenzó primero con almendras, las que hacían en su propia cocina, sin implementos ni máquinas especiales. Su primer cliente fue un almacén de San Javier. Después, llegaron a vender a Linares y posteriormente, a Talca.
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Así surgió Millantú, hace más de treinta años. "Al principio nosotros mismos hacíamos todo, nos abastecíamos en Santiago. Yo iba al Mercado Central a comprar almendras y maní. Y también a una tostaduría donde compraba maní crudo. Todo era en cantidades mínimas, según como fueran las ventas, además no teníamos auto, entonces el saquito con la mercadería, había que traérselo al hombre", comenta Mario.
<strong>PROCESAR Y ELBORAR</strong>
Con el tiempo y viendo que el negocio daba frutos, surgió la idea de elaborar y procesar en forma más industrial y modernizarse. Así fue como Millantú, fue creciendo no solo en infraestructura, sino también en equipos especializados -para pesar, tostar y envasar la materia prima- y sistemas de tecnología que hasta hoy optimizan la producción y aseguran la inocuidad alimentaria.
En esta consolidada empresa familiar y detrás de un afiatado matrimonio, que lleva cuarenta y un años junto, se refleja también, un afianzado equipo de trabajo, donde el respeto, el conceso y la valorización del aporte que hace cada uno, en sus respectivas áreas, han permitido un desarrollo y crecimiento sostenible en el tiempo. El establecimiento de rigurosos controles de calidad y una exigente normativa de producción, permitió la expansión de su línea de productos, convirtiéndose en una prestigiosa industria alimenticia chilena. "Llegamos a la conquista de Santiago, y ahí partimos con algunos almacenes y panaderías. Tuvimos la suerte de llegar a <em>Walmart</em> (Almac, en ese tiempo), que nos hizo de inmediato un tremendo pedido" (Mario).
<strong>¿Cómo fue la llegada a Santiago?</strong>
(Paula) Nuestro primer pedido fue en el ochenta y dos, para Almac, que nos hizo una importante compra. Entramos a esa cadena de supermercados, nos fue bien con ellos, nos consolidamos y después, en el ochenta y cinco acordamos con Jumbo; y así fuimos creciendo, necesitábamos clientes de otras zonas, porque si nos quedábamos vendiendo sólo en la región, esto no iba a ser muy rentable.
<strong>¿Cómo fue ese proceso de modernización?</strong>
(Mario) Empezamos a crecer y como nuestra demanda aumentó necesitábamos más implementación. Fuimos comprando, a medida que nuestra rentabilidad nos permitía, algunas máquinas que requeríamos para procesar de manera más eficiente los frutos secos. Después obtuvimos un crédito SERCOTEC y luego uno de CORFO, que fue el que nos ayudó a comprar más maquinaria.
(Paula) Entre tanto compramos esta parcela, nos fuimos de San Javier y nos vinimos a vivir a este lugar. Aquí, empezamos a construir todas las instalaciones y los espacios que requeríamos y que nos permitieran seguir creciendo.
<strong>¿En algún momento tuvieron producción propia de frutos secos?</strong>
(Mario) Sí, en algún momento, tuvimos siembra de maní, hicimos dos años consecutivos, pero con bastante dificultades. Así que desde esa mala experiencia agrícola, dijimos vamos a dedicarnos a la elaboración y no a la producción. Como agricultores nos fue mal (se ríe). El maní necesita una tierra muy suelta y por acá es muy gredosa, además requiere de mucha extensión de terreno. Era bastante trabajo y al final de cuentas nos encarecía los costos. Uno de los grande productores de maní en el mundo es Argentina, por el tipo de suelo que tienen. Además utilizamos maní calibrado, y <em>premium</em> (homogéneo en tamaño, forma y sin manchas); del maní chileno sacamos sólo un cinco o diez por ciento del tamaño de primera calidad.
<strong>¿Cómo se abastecen?</strong>
(Mario) Casi todos los productos son importados. Aquí se produce la pasa, la almendra, la avellana europea y la avellana chilena. Todo lo demás es importado, como las castañas de cajú, los pistachos y el maní. La castaña de cajú, principalmente proviene de Brasil o bien de la India. Los pistachos de Irán y Estados Unidos.
<strong>¿Cuál es la diferencia entre la avellana chilena y la europea?</strong>
(Mario) La avellana europea es la <em>hazelnut</em> la que viene en los chocolates. La avellana chilena es más pequeña y un poco más dura, la venden en la calle, en cucuruchos. La europea además son huertos plantados, en cambio, la chilena es una variedad endémica y silvestre, de la pre-cordillera de los Andes, se da desde Curicó hasta Chiloé. Hace algún tiempo, estuvimos exportando avellanas chilenas a Estados Unidos y a los gringos les gustó mucho que esta se diera en forma silvestre y tuviera ese carácter de un fruto salvaje, por lo que le pusieron <em>"Wild Chilean Avellana",</em> algo como avellanas salvajes chilenas. Además, es un fruto que conseguimos de comunidades indígenas como en la región del Biobío o con familias recolectoras en la región del Maule, ayudando de esta forma a preservar el bosque nativo, evitando que los lugareños lo talen y transformando al avellano en un recurso sustentable.
<strong>¿Por qué el nombre de Millantú?</strong>
(Mario) Millantú es un nombre extraído de la lengua mapuche que significa sol de oro (antú: sol y milla: oro). En ese entonces el vocablo mapuche estaba muy de moda, además creo que es importante que valoremos la cultura de nuestros pueblos indígenas. Otra razón por la que elegimos el nombre es porque la avellana chilena era una fuente de alimento para estos pueblos nativos que la recolectaban, desde antes que llegaran los españoles.
<strong>¿Cómo fueron gestándose los diferentes productos de la empresa?</strong>
(Mario) Partimos primero con lo más masivo que era el maní, y con las almendras y la avellana chilena. Fuimos los primeros en innovar y crear los surtidos. Un día, conversando con amigos, comiendo estos frutos, se nos ocurrió mezclar sabores distintos y experimentamos con el maní con pasas, que en ese tiempo no existía. Cuando lo sacamos a la venta, nos fue excelente porque a la gente le gusto. Después se nos ocurrió el maní con miel y también fuimos los pioneros en sacar al mercado el maní con merquén.
<strong>FORTALEZAS Y FUTURO</strong>
Millantú logró estar presente en las grandes cadenas de supermercados, contando con servicios propios de distribución y ventas a lo largo del país. Su preocupación constante por satisfacer las necesidades del consumidor y su diversificación de productos se han basado en el buen olfato para los negocios de Mario Montes y su señora, que con un don innato experimentan y propone nuevos y exclusivos productos que deleitan a sus clientes, y llaman la atención en el mercado. Además la calidad e inocuidad alimentaria es un tema en constante desarrollo. Implementaron la norma ISO9001 y pronto van a certificarse con la norma HACCP. Por todos estos atributos Millantú logró hace algunos años, ingresar al mercado estadounidense.
<strong>¿Cómo es trabajar con la familia, con tú señora, tú marido y con los hijos? </strong>
(Mario) Al principio, con Paula hablábamos todo el tiempo de pega, no nos desconectábamos. Pero con los años aprendimos a tener nuestros tiempos y separar las cosas, aunque a veces es inevitable. Nunca estamos fuera del trabajo, siempre estamos conversando de lo que podríamos hacer, de los desafíos que se presentan, en fin nunca se descansa. Tampoco quise involucrar a mis hijos, porque para mí fue difícil comenzar con esto y no quería eso para ellos. Pero un día Sebastián, que es ingeniero civil industrial, me dijo: "Papá yo te hago esa máquina que tú quieres". La hizo, la hecho andar y acá está todavía, lleva nueve años y nunca más se desconectó". Estamos muy contentos trabajando juntos, cada uno tiene sus áreas y nos respetamos y todo lo conversamos. Sebastián está a cargo de producción y Paula ve todo lo que es control de calidad y desarrollo de producción. Mi otro hijo, Agustín, es ingeniero comercial y empezó a trabajar con nosotros hace dos años como gerente comercial, encargado de las ventas nacionales y las exportaciones.
<strong>¿Cuáles son las fortalezas que tienen como empresa y como familia? </strong>
La confianza. El ambiente laboral es como el de una gran familia. Y entre nosotros hemos podido desarrollar, cada uno en su rubro- distintas áreas, de esta forma nos complementamos generando sinergias para enfrentar nuevos desafíos.
<strong><em> "Al principio nosotros mismos hacíamos todo, comprábamos en Santiago. Yo iba al mercado central a comprar almendras y maní, nosotros mismos nos abastecíamos y seleccionábamos los productos", Mario Montes</em></strong>.
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