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EDICIÓN | Abril 2012

La historia de Carmen

Carmen Del Río, Directora Museo Regional de Rancagua
La historia de Carmen

Carmen es la gestora de lo que hoy en día es el Museo Regional de Rancagua. Hace más de treinta años que es su directora y a pesar de haberse venido de la capital, hoy se siente más rancagüina que nadie; y con toda razón, porque conoce mejor que cualquier habitante de esta región su historia y su patrimonio. Apasionada, tremendamente culta y simpática habla de lo nuestro con los ojos brillosos, y con una sapiencia que ya la quisiéramos en cada compatriota. Aquí su esfuerzo y una clase magistral de lo que somos.

Por María José Pescador D. Fotografías: Danny Bolívar U.

No hay nadie en toda la región del Libertador que tenga los exquisitos conocimientos que posee Carmen acerca de la historia de esta zona. Con estudios de historia y geografía hechos en la PUC -Santiago-, donde más tarde ejercería como docente,  llegó a Rancagua hace más de treinta años luego de haberse casado con un agricultor. Así se vino a vivir al campo más allá de La Compañía. "Pasé de trabajar horas a mirar el techo, teníamos en esa época un solo auto, una citroneta  en la que yo acompañaba a mi marido a todos lados, mientras aprovechaba de leer mis libros. En aquello años, no llegaba la locomoción hasta allá, entonces si no tenías como salir, simplemente había que quedarse en casa".

Además cuenta que no tenían ni luz eléctrica, ni teléfono, sólo una pequeña tele con batería de tractor que le permitía ver por un rato lo que sucedía en el mundo, además de una radio; así estuvo por diez años. En esta casona patronal de adobe, Carmen tuvo a su primer hijo, y luego tres más: Magdalena (37), Verónica (35), ¿Verónica? (33) y Mario (29), hoy todos tienen sus trabajos en Santiago, menos el menor que aún vive con Carmen.

Ya con tres de sus hijos, teniendo la menor un año, recibió una llamada de quien era el director del museo en esos años -Rodrigo Valenzuela-  quien a través de la universidad en donde estudió Carmen, le dieron el dato de esta profesora que vivía en las cercanías de Rancagua. "Me encantó su propuesta como investigadora del Museo, pero sólo pude en un principio trabajar medio día por los niños. Por otro lado mis estudios se centraban en la historia universal, no sabía mucho de la región, ni tampoco con detalle la historia de Chile. Entonces empecé a recorrer los distintos lugares de la zona, y me sorprendí demasiado con lo que encontré, sobre todo con los contrastes, ver artesanos que seguían haciendo sus oficios con las mismas técnicas de los indígenas hace quinientos años atrás, y que variaban muy poco de lo que se podía encontrar con la arqueología".

Así Carmen, se encantó con la región, se maravilló y apasionó. Se fue encontrando a través de la historia, con bellezas naturales como el Parque de Cocalán de palmas chilenas, y otro igual en Chépica, una mini reserva que nació sola. "Uno veía cómo se hacía el vino con lo último en tecnología en las viñas boutiques, pero al lado en palmilla podías ver al pequeño agricultor haciendo chicha con el sistema que trajeron los españoles también hace quinientos años. Los veías con la zaranda moliendo la semilla para que cayera el líquido en un lagar de cuero, para llevarlo a unas jarras de cerámica. Eso está todavía. Aquí conviven lo tradicional con lo tecnológico y eso llama mucho la atención".

<strong>¿Qué otras cosas has descubierto?</strong><br /> Por ejemplo que tenemos muchísima identidad, y que el verdadero huaso existe y que no es el que se pone el chamanto sólo para ir al rodeo, y anda en un cuatro por cuatro, eso es una mentira. Hace unos años se hizo un estudio sobre la identidad regional por parte de la Universidad Austral en conjunto con la Universidad de Chile, identifica al huaso como una persona estrictamente ligado a la tierra, y que han cambiado el caballo por la bicicleta, ya que es difícil mantener a los equinos, ya no hay tanto espacio en los campo. Pero siguen teniendo muchas creencias y costumbres entre las que están la música popular, el canto a lo divino y a lo humano -especie de poesía religiosa que provino de los Jesuitas- que casi nadie lo conoce...

<strong>TREINTA AÑOS</strong>

Cuando recién llevaba dos años trabajando, el director del museo fue trasladado para emprender otras tares en la capital, por lo que Carmen quedó a cargo. De eso hace ya más de treinta años. "En ese minuto estaba por tener a mi cuarto hijo y fue bien terrible porque en esa época era todo muy difícil, tuve que empezar a trabajar tiempo completo y corría todo el día porque además el camino hacia mi casa era de tierra y con las lluvias se cortaba, entonces cuando esto pasaba tenía que partir como un celaje antes de que me prohibieran la pasaba, porque se formaba un socavón gigante".

<strong>¿De qué manera ha crecido con tu gestión el museo?</strong><br /> Cuando llegué, teníamos las dos casas que ahora corresponden al museo, una que está al frente y esta, ambas ubicadas en la parte histórica de la cuidad, en la calle Estado. Una es la Casa del Pilar que tuvimos que recuperarla porque estaba muy mal cuidada. Hicimos de todo para restaurarla. Esta casa es de las más antiguas de la zona, y aunque aún no lo hemos podido comprobar, hay papeles que dicen que pudo haber sido la casa de Manuel Rodríguez. Y esta otra casa que también es antiquísima. Ambas se recuperaron, y tenemos colecciones preciosas de artefactos, música, réplicas y tantos otros que a veces las personas ni saben que se hacen, como exposiciones que están en Santiago y luego desembarcan aquí. Las personas prefieren ir a Santiago a verlas, pero eso es porque no saben que luego vienen aquí.

<strong>¿Has pasado alguna noche en el museo?</strong><br /> Sí claro. Y se sienten cosas. Como que se abría la reja de entrada y nada. Sombras que pasan, puertas que se abren hasta el día el hoy. Una vez se prendió un cd en la sala de charlas...

<strong>¿No te da miedo?</strong><br /> No para nada, le tengo más miedo a los vivos que a los muertos.

<strong>¿De estos treinta años, que es lo que más te enorgullece?</strong><br /> La restauración y ampliación de las dos casas. Además haberle dado cabida a manifestaciones regionales de muchos tipos: hemos tenido textiles en donde mostramos sombreros y vestidos de época, colecciones arqueológicas que antes se iban a Santiago, y que hemos logrado rescatar de lugares como la bodega de la Universidad de Chile además de otros que estaban en el Museo Arqueológico Natural, y que nadie las veía. Por otro lado el haber logrado constituir un equipo de restauración, conservación y documentación con excelentes profesionales.

<strong>¿Cómo investigaste la historia de la región si cuando llegaste al museo no existía ni siquiera internet?</strong><br /> He pasado años de mi vida sentada en el archivo y la Biblioteca Nacional. Me dediqué a buscar y pedir todo lo que tenía que ver con la región. Recuerdo que nos donaban cajas y cajas de libros, con los que también acrecentamos nuestra biblioteca.

<strong>¿Es difícil llevar gente al museo?</strong><br /> Somos una región minera y aunque siempre en todos lados hay gente que escapa de la regla, los mineros por ejemplo no tienen mucha noción de cultura, les cuesta, y motivarlos a ellos nos ha costado muchísimo. Por otro lado antes de la existencia de las redes sociales, el convocar al público a una exposición, seminario, charle, entre otros, era tremendamente difícil, y hasta que no llegaba el día del asunto, no sabíamos si iba a venir o no la gente.

<strong>¿Cuánta gente visita el museo al año?</strong><br /> El año que más gente vino, fueron cincuenta y seis mil personas.

<strong>¿Qué motiva al rancagüino?</strong><br /> Las exposiciones de flores, todo lo que tiene que ver con la gastronomía de época...

<strong>¿Investigaciones que te han sorprendido?</strong><br /> Los vestigios humanos que hemos encontrado de hace miles de años, y por otro lado una investigación que dice que fueron los Jesuitas quienes primero trabajaron la mina El Teniente. Además de nuestro archivo de música popular en donde destaca el canto a lo divino.

<strong>¿Qué te queda?</strong><br /> Mucho por investigar y descubrir. En el museo ya me queda poco, porque ya tengo mi edad y hay que dejar lugar para las nuevas generaciones.

<strong>CONSTRUIR Y EDUCAR</strong>

El año dos mil se cambiaron los planes de estudio y los nuevos requerían que los profesores de primero medio debían como obligación pasar las historias locales o regionales. Para eso Esteban Valenzuela que era el encargado de la corporación Pro O¨Higgins se comunicó con Carmen para ver la posibilidad de crear un libro para este fin.

Así y en conjunto con la arqueóloga Blanca Tagle, se empezó a investigar en base al programa que se debía cumplir para generar el libro de historia regional. Libro que se hizo y fue la base durante diez años para las Olimpíadas de Historia Regional, que se hacían una vez al año y en la que participaban distintos liceos de la zona. Esto hasta el terremoto del 27F, en donde se interrumpió la secuencia. "Se les entregaba a los profesores el libro, más videos, set de mapas de la región, cuadernos para el alumno, etc". Hoy el libro necesita una actualización debido a que ya han pasado dos años desde que se editó, y según Carmen no se sabe qué va a pasar debido a los nuevos cambios de los programas estudiantiles. "Los niños que lograron conocer un poco su historia le tomaron mucho valor, la encontraron muy interesante".

Dentro de todo lo que ha emprendido esta directora de tiempo completo, destaca el proyecto iniciado junto al arquitecto Fernando Gutiérrez, y que ganó un FONDART, para editar distintos libros que hablaban del patrimonio arquitectónico de la región. "Lo hicimos porque nos dimos cuenta de que en las propias comunas la gente no valoraba para nada lo que tenía, sus casas no les importaba. Por eso hicimos cuatro Fondares para realizar cuatro tomos, los que llegaron a todas las bibliotecas públicas de la región".

<strong>¿Lo más importante?</strong><br /> Es que hoy el museo es un referente de la región.

<strong>¿Proyectos?</strong><br /> Queremos que la gente se apropie del museo, porque el museo es de la gente. Para eso la actual reconstrucción en la que estamos desde el terremoto, contempla un ascensor para que los discapacitados puedan subir a la biblioteca, una cafetería con mesitas y sillas para quienes quiera venir a leer simplemente.

<strong>¿Cómo han sido estos treinta años de trabajo y de familia?</strong><br /> Todos se involucraron mucho con el tema del museo. A mi marido le encantaba, claro que otras veces le daba rabia tanto tiempo que yo le dedicaba a este trabajo. Pero todos han sido muy comprensibles. Traté siempre de, por ejemplo, traer a mis hijos a la hora de almuerzo para que estuviéramos juntos. Cuando se empezaron a ir a estudiar a Santiago la cosa se complicó más porque solamente tengo el día lunes libre, día que el museo está cerrado. Entonces ellos muchas veces no podían venir el fin de semana y yo corría a verlos los lunes. Pero bueno eso lo sufren todas las personas que viven en el campo o lejos de la universidad que eligen los niños.

<strong>¿Qué tienes pensado hacer si dejas el museo?</strong><br /> Primero no quiero dejarlo caído, después de tanto tiempo dedicada al museo en desmedro de mi familia, no puedo irme así como está. Hay que terminar la reconstrucción y los planes de mejoramiento de las instalaciones. Después me propondré a terminar algunas investigaciones que quedaron en el tintero y que quiero terminar. Estudiar ciertas cosas no es tan fácil, no se trata de tomar un libro y listo, se necesitan muchas fuentes, y salidas a terrenos. Además de dedicarme a mi marido que está enfermo e ir a ver a mis hijos más seguido. Seguiré viviendo en la misma casa en donde estoy hace más de treinta años, allá en la Compañía, no me voy de aquí por ningún motivo.

<strong><em>"He pasado años de mi vida sentada en el archivo y la Biblioteca Nacional. Me dediqué a buscar y pedir todo lo que tenía que ver con la región. Recuerdo que nos donaban cajas y cajas de libros, con los que también acrecentamos nuestra biblioteca".</em></strong>

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