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EDICIÓN | Octubre 2012

CALOR DE FAMILIA

Los Milner Eguiguren
CALOR DE FAMILIA

Una curiosa mezcla de jóvenes emprendedores y giro sin tornillos. La familia Milner encontró en la calefacción solar la mejor forma de unir estos dos mundos: el negocio y la creatividad de un padre apasionado por la innovación.
 

Por Mónica Stipicic H. / Fotos José Luis Salazar.
 

Hace treinta años, Osvaldo Calder trabajaba instalando calefacción. Casado y con ocho hijos, desde siempre combinó su trabajo con su pasión por la investigación. Considerado por sus propios hijos como una especie de “genio loco”, pasaba largas horas armando —y desarmando— cosas.

Fue así como un día decidió usar unas cañerías negras sobrantes para armar un riego por goteo en su parcela de Pirque. Cuando las estaba limpiando, notó que el agua estaba muy caliente, a unos setenta grados. Fue ahí cuando se le ocurrió armar un circuito para templar la piscina. “Ese verano fue asqueroso, el agua quedó a treinta y dos grados, era como bañarse en un plato de sopa”, recuerda entre risas su hijo Tomás.

Algo había inventado y era el momento de ponerlo en marcha. Usando nuevamente su casa como centro de experimentación, conectó el circuito a las cañerías para calentar el agua. Lo instaló en el techo y con una bomba hizo circular el líquido: la casa tenía agua caliente solar.

“En ese momento me metí yo, para diseñar y planear cómo podíamos hacer de esto algo más masivo. De esas pruebas de ensayo y error surgió el “manifold”, que es una pieza que actúa como una mano en la que se conectan todos los tubos de la casa. Hacerla fue la mayor inversión, era una matriz, cara, pero fundamental para masificar el invento”, explica Tomás.

Y se lanzaron…
Más o menos, yo seguía trabajando en una oficina de arquitectos y mi papá dedicado a instalar calefacciones, pero de a poco empezamos a producir en serie. Nos compraban los primos, amigos y vecinos. Todavía era un tema familiar, casi como la chochera del fin de semana.

¿Costó dar el paso definitivo?
El primer indicio lo tuvimos el 2005, cuando nos recomendaron patentar el invento. Entonces, nos invitaron a participar en un concurso para emprendedores de la Escuela de Negocios de la Universidad Católica. Sumamos a dos hermanos más al proyecto y partimos. La competencia consistía en ir armándose como empresa y así fuimos pasando etapas, hasta que finalmente nos quedamos con el segundo lugar. El premio era pasar un año en la incubadora de empresas, que a su vez, nos presentó a la CORFO, donde nos dieron lo que se llama una Línea 1 de crédito, que en ese momento fueron seis millones de pesos destinados a investigación. Teníamos que cerciorarnos de que el material pasara todas las pruebas de resistencia. Una vez que estuvimos seguros de eso, fuimos por más.

¿Cuál fue el siguiente paso?
Postulamos a una línea 2, lo que significaba plata para el desarrollo. Fue entonces que constituimos Calder Solar como empresa. El 2008 dejé mi otra pega y me instalé aquí como gerente general, junto a mi hermano Osvaldo en la gerencia de operaciones.

¿Y cómo ha sido la experiencia de trabajar en familia?
Súper buena. Los roles están muy bien definidos así que no tenemos ningún problema. Somos bastante unidos; de hecho, todos los días nos vamos los tres a almorzar a la casa de mi abuela. Además, tenemos un directorio formado por siete personas, que nos ayudan a encontrar la visión externa y solucionar los problemas desde afuera.

AGUA CALIENTE

El 2009, justo cuando el ingreso CORFO se acababa, se dictó una franquicia tributaria para la instalación de sistemas solares térmicos, lo que significaba que las empresas constructoras podían recuperar la plata invertida en este tipo de tecnología. “Decidimos que ese era el momento de salir a buscar un socio estratégico, que nos ayudara a crecer. Llegamos a THC, una empresa especializada en la elaboración de tuberías plásticas y fittings. Con ellos tenemos una especie de royalty: nosotros les arrendamos la patente, ellos fabrican y comercializan y nos dan un monto mensual por eso. Ya hemos desarrollado, en conjunto, siete modelos distintos de paneles para diferentes tipos de techos”, aclara.

Por el momento, los sistemas que desarrolla Calder solo sirven para calentar agua, pero, en paralelo, se están haciendo investigaciones que les permitan acceder muy pronto al mercado de los paneles fotovoltaicos (para electricidad) y al de la calefacción y eficiencia energética. “En este momento, tenemos el seis por ciento del mercado de los sistemas solares”, dice Tomás.

¿Cuál es la diferencia entre los sistemas que ustedes desarrollan y los típicos paneles solares?
La mayoría de los sistemas que conocemos están fabricados con materiales rígidos, como vidrio o cobre, que no resisten el congelamiento del agua en invierno, que los hace aumentar de volumen y los revienta. Para evitar eso usan líquidos anticongelantes que, como no pueden llegar a la ducha de los usuarios, debe pasar a su vez por un segundo circuito. Es mucho más complejo. En cambio, nuestros paneles están hechos de plástico y polipropileno, que se moldea con el congelamiento, no presenta óxido ni incrustaciones y es el único que permite trabajar directamente con agua, lo que implica mucho menos mantención. Además, con este sistema el agua se calienta a un máximo de ochenta y nueve grados, que es suficiente para nuestra realidad y para no perder demasiado calor.

¿Se puede instalar en cualquier casa?
Sí, en cualquier casa y también en edificios. Trabajamos con muchas constructoras que aprovechan el beneficio tributario que, seguramente, se alargará hasta el 2020. Después de eso esperamos haber creado la necesidad.

¿Cuál es el ahorro concreto que se obtiene?
La ley nos exige para Santiago un cincuenta y seis por ciento de ahorro y en el norte llegamos a un setenta y cinco por ciento. Hay maneras de aumentar esos números si se acompañan los paneles con otras medidas, como por ejemplo, un calefón solar, capaz de reconocer la temperatura del agua y aportar solo la diferencia.

¿Cuánto vale un sistema como el que ustedes comercializan?
Para una casa, 1,8 millones, pero los costos bajan notablemente cuando aumenta la cantidad. También desarrollamos este sistema para temperar el agua de las piscinas, capaz de mantenerla a veintiocho grados todo el tiempo. Su valor es el mismo que el de una casa.

¿Cuáles son los próximos objetivos de Calder Solar?
Queremos salir del país. Para lograrlo, ya dimos un tremendo paso: acabamos de ganar un programa para la internacionalización de la innovación de ProChile, que nos va a permitir instalarnos en India y México. Elegimos esos dos países después de un acucioso estudio que nos mostró que por clima y necesidades eran los que mejor se adaptaban a nuestro producto. El 2013 será nuestro año.

“Por el momento, los sistemas que desarrolla Calder solo sirven para calentar agua, pero en paralelo se están haciendo investigaciones que les permitan acceder muy pronto al mercado de los paneles para electricidad y calefacción”.

 

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