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EDICIÓN | Abril 2012

Dedos de seda

Marcelo Vidal, concertista en guitarra
Dedos de seda

Más que hablar de su extenso currículo, de su tremenda trayectoria, y de su talento desbordante, esta entrevista cuenta la historia de un hombre que de la nada, y a punta de grandes esfuerzos, salió de la pobreza gracias a la música. Las partituras fueron su salvavidas, sin saberlo, sin heredarlo y sin tener ningún conocimiento, Marcelo Vidal se transformó en un concertista reconocido a nivel mundial. Aquí, un ejemplo de vida.

Por María José Pescador D. Fotografías Danny Bolívar U.

<em>Play</em>, empieza la música, es la magia del sonido de la guitarra, y los dedos que como seda van acariciando cada cuerda: son las manos de Vidal. Solo son dos, él y su guitarra, además del escenario de la iglesia St. Laurentius, en Bergheim, Alemania, que otorga una acústica perfecta a la grabación de su disco <em>Música para Laúd de Silvius Leopold, Weiss</em>. Cada tonada de la interpretación <em>La Suite XIII Allemande</em>, traslada a la época antigua del viejo mundo. Gracias a la pasión de Marcelo y su impresionante talento, es posible transportar la imaginación a la época del Barroco, a esa, la vida de los años 1600 a 1750.

Esto es lo que le gusta a Marcelo, esa es su especialidad, la música antigua, y de una época a la que le debemos grandes artistas y genios de la tonada clásica como Antonio Vivaldi, Johann Sebastian Bach y Georg Friedrich Händel.

<strong>SOY DEL BARRIO</strong>

Marcelo (39) se crió en una familia humilde, con su padre, madre y otro hermano. Vivió siempre en el barrio Estación, de Rancagua. Ninguno tenía nada que ver con la música. Esto hasta que a los dieciséis años vio en la televisión a Narciso Yepes -guitarrista clásico español- tocando el <em>Concierto de Aranjuez</em>, escrito en 1939 por el compositor, también español, Joaquín Rodrigo. "Me fascinó e inmediatamente supe que eso era lo que yo quería hacer, tocar guitarra".

Así y con trescientos pesos en el bolsillo partió a comprarse un casete con el concierto para tratar de copiarlo con la guitarra que obtuvo gracias a la gestión de su abuelo, un pastor evangélico, quien prestó uno de estos instrumentos de su iglesia a su nieto y que luego le pagó lecciones con el profesor Ernesto Rosson.

"A la segunda clase le dije a don Ernesto que quería ser guitarrista. Y él me contestó que lograr aquello era tremendamente difícil y que, además, ya era muy tarde por mi edad y no estaba preparado". Pero Marcelo sólo tenía nueve mil pesos, lo que le alcanzaba para tres clases, y su objetivo era convencer a su profesor, durante ese pequeño período, para que le hiciese una carta de recomendación y así poder entrar al conservatorio en Santiago.

Consiguió la carta y lo aceptaron en el conservatorio de la Facultad de Arte de la Universidad de Chile. "Ahí mi vida cambió, cambió cuando escuché a Narciso Yepes, y cuando entré a estudiar. Desde aquella vez no concibo la existencia sin música, porque la música es mi vida". Así, y con ayuda de becas y créditos, Vidal logró su objetivo.

<strong>¿SUEÑO O REALIDAD?</strong>

Marcelo entró a la universidad a los dieciocho años, y ya a los veintidós participó en su primer concurso de "Interpretación Superior" en Caracas, Venezuela. La ayuda para financiar el viaje fue gracias a Santiago Larraín, quien estaba encargado de la Dirección de Actividades Culturales -DIRAC- del Ministerio del Interior. En este desafío llegó a estar entre los tres finalistas, suficiente para ganar sus primeros cinco mil dólares.

Pronto terminó sus estudios con distinción máxima, mientras, paralelamente, viajaba a otros concursos en Brasil y Argentina. Hasta que llegó el más importante: el concurso del gobierno alemán para cursar estudios de postgrado -Beca Servicio de Intercambio Académico, DAA- por dos años y medio en la escuela de música de Colonia. "Concursé, gané y me fui con una mochila y la guitarra bajo el brazo". En esta experiencia obtuvo su segundo título de concertista y nuevamente con distinción máxima.

Pero este rancagüino siempre estuvo en contacto con su ciudad. Cada vez que venía se quedaba en el campo; de ahí nació su idea de crear un archivo audiovisual de música con el objetivo de buscar lo ancestral y patrimonial de su ciudad natal.

<strong>¿Cómo fue llegar a este "otro planeta"?</strong><br /> Fuerte, del barrio Estación de Rancagua a Alemania. Pero para mí viajar nunca fue una cosa alucinante, sí una experiencia, pero, por ejemplo,  nunca he hecho un viaje de vacaciones...Lo raro fue el idioma, que gracias a un curso, que era parte de la beca, pude aprender.

<strong> </strong>

<strong>NO A LA FAMA</strong>

Dicen que Marcelo es el siguiente Roberto Bravo en la guitarra, cosa que a él no le gusta nada. Vidal es humilde, no le interesa el dinero, ni la fama, ni los viajes, ni que su nombre quede en la memoria colectiva del mundo. Él solo tiene un objetivo: que la gente y sobre todo los niños lo escuchen, porque así puede entregar cultura y encontrar, quién sabe, otros futuros concertistas, que se apasionen y, además, salgan de la pobreza.

En Alemania vivió doce años muy fructíferos para su carrera, ya que en esta etapa de su vida ganó tremendos concursos, y viajó por todo el mundo. Fue ganador en el concurso solista de la "Mannheimer Sinfonie Orchester" en Alemania, poco tiempo después de su llegada. Un año más tarde, en 1999, en el concurso "Kutna Hora" de guitarra clásica en Checoslovaquia. En 2001, como mejor intérprete de la música italiana del siglo XIX, concurso de interpretación en Mottola, Italia.

Como guitarrista, Marcelo se ha presentado en países de América, Asia y Europa como: Alemania, Holanda, Bélgica, España, Francia, República Checa, Polonia, y Japón. Ha participado como solista con las orquestas WDR Orchester en Alemania, Sinfonie Orchester Mannheim, orquesta de la ciudad de Lüttich en Bélgica, orquesta sinfónica de Gummersbach en Alemania. También se ha desempeñado como profesor y encargado de la clase de guitarra clásica en la escuela de música de Gummersbach, además de dirigir la orquesta sinfónica de dicha ciudad.

Hace cuatro años Marcelo llegó a radicarse a su ciudad natal. Porque a pesar de que empezó con el proyecto del archivo audiovisual para el Museo de Rancagua en 1997, quería terminarlo y dedicarse por completo al tema, sin tener que viajar todo el tiempo. Así, el 2010, fue nombrado -en conjunto con la comisión bicentenario- hijo ilustre de la ciudad de Rancagua por su labor de difusión de la música clásica y su tarea de rescate de la música tradicional. Por otro lado, ese mismo año creó y dirigió las "Jornadas Internacionales de Música Patrimonial de Chile" y el Festival de Música Contemporánea "Fundición".

Este año, acaba de ser premiado por la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, para representar al país en diversas giras de conciertos y actividades académicas en universidades de Norteamérica. Paralelamente, Marcelo viaja una vez al mes a México, ya que es el actual director de la Orquesta Sinfónica de Puebla.

<strong>¿Por qué volver?</strong><br /> La decisión era clara. Cuando empecé a trabajar en el archivo de música patrimonial o tradicional para el museo, siempre quise subirle el nivel a la gente que practica el canto a lo divino, el canto antiguo, la música de antaño que es lo que me gusta. Entonces, quise terminar esa etapa de mi vida con un documental que, en vez de tres meses, se tardó dos años. Hice un cambio de eje, me quedé acá y viajaba a Alemania; ahora a México.

<strong>¿Una carrera sacrificada?</strong><br /> Demasiado. Por cinco años toqué la guitarra sin parar, no veía la tele, ni escuchaba la radio, no hablaba, solo practicaba. Estuve por lo menos cuatro años en una carrera muy intensa, llegué a tener dos agentes, uno en Japón y otro en Alemania. Dejé mi país, mi familia, me perdí años de mi hijo que ya tiene dieciséis. Necesitaba un tiempo para mí y mis proyectos.

<strong>¿Sin guitarra qué hubieses sido?</strong><br /> Mecánico o mueblista. A veces sueño con tener ese trabajo que empieza a las nueve de la mañana y termina a las siete de la tarde. Luego llegas a tu casa, ves la tele y te quedas dormido. En mi profesión, no tienes eso, es agotador el tema de los viajes, y más aún el saber que todos los días son distintos, en algunos se pierde y en otros se ganan batallas.

<strong>¿Además del talento, qué es necesario para salir adelante en las artes?</strong><br /> Soy un convencido de que el talento no sirve de nada sin la gestión ejecutiva. Muchos talentos se pierden porque no tienen oportunidades, se les cierran las puertas, es difícil.

<strong>¿Lo fundamental para ti de tu oficio?</strong><br /> El entregar música a la gente, acercarse e interactuar con las personas, no ser un personaje que se vea allá lejos, sino que cercano. Y que esta sepa que no es necesario tener padres músicos para ser músico. La música no es solo una estructura de las artes, es una forma de vida; cuando tocas con otra persona, no existen diferencias ni económicas, ni políticas, ni de color o de edad. Las personas se transforman en iguales, están en un mismo nivel. La música une, reúne, hace que exista un concepto de relaciones humanas distintas, mejores, cosa que no tienen otras actividades. La cultura y la religión pueden ayudarnos a pasar muchas crisis, incluso históricas.

<strong>¿Cuál orquesta te falta por dirigir?</strong><br /> La propia. De música clásica, antigua, y mi desafío es crearla aquí, además, con instrumentos hechos en la zona, porque tenemos los mejores lutieres, grandes maestros. Y dentro de las existentes, me encantaría dirigir la Orquesta Sinfónica Juvenil de Caracas, de todas maneras; son niños de quince años, y creo que es la mejor orquesta del mundo.

<strong>¿Por qué no te gusta que te comparen con Roberto Bravo? En términos de talento innato.</strong><br /> No tengo nada que ver con Roberto Bravo, no me gusta preocuparme por la imagen, yo trato de desaparecer detrás del instrumento u orquesta. No me interesa hacer carrera, para mí la vida es música, y la música ha sido un juego siempre y quiero seguir viéndola como cuando era adolescente. No quiero entregarme a los conciertos y viajes. Yo ya me bajé de ese tren, por lo mismo, no tengo ni página web.

<strong>¿Tu suerte?</strong><br /> Haber encontrado la música y poder vivir de ella.

<strong>¿Tu deber?</strong><br /> Entregar a la gente, del campo, de los barrios de mi región, el conocimiento de la música clásica, porque así como mi vida cambió una vez que vi y escuché por la tele a Narciso Yepes, espero que algún niño pueda cambiar la suya viendo y escuchando alguno de mis conciertos.

<strong><em> </em></strong><strong><em>"La música no es solo una estructura de las artes, es una forma de vida, cuando tocas con otra persona, no existen diferencias ni económicas, ni políticas, ni de color o de edad. Las personas se transforman en iguales, están en un mismo nivel".</em></strong><strong><em></em></strong>

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