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EDICIÓN | Octubre 2012

Al filo del arte

Raimundo Arteaga, escultor
Al filo del arte

Apasionado por el arte y por dar forma con sus manos a los más diversos materiales que se encuentran en nuestra tierra, este artista está, día a día, descubriendo nuevas posibilidades de creación, buscando no solo la belleza del objeto en sí, sino también encontrándoles un uso práctico. Aquí, los cuchillos artesanales Arteaga.
 

Por María José Garay A. / fotografía Margarita Landeta R.

Desde niño, Raimundo (36) sintió que lo suyo era trabajar con las manos. Amante del campo y de las costumbres y tradiciones chilenas, este promisorio escultor ha pasado largas temporadas viviendo en el fundo familiar en Lontué, comuna situada a ocho kilómetros al sur de Curicó. Su idea era aprender de los diversos oficios que el consideraba eran parte importante del mundo campesino, quería empaparse de los conocimientos que solo estando en el campo podría conseguir.

Es por esto que cuando cursaba cuarto año de diseño industrial en la Universidad Diego Portales decidió que no estaba dispuesto a estar frente al computador diseñando para que otros hicieran sus “monos” y dio rienda suelta a su real vocación: el mundo del arte. “Me desenamoré del diseño industrial y me di cuenta de que lo que realmente quería era ser artista y venirme al campo”.

De abuelo poeta y madre artista, la veta de la creación sin duda corre por sus venas; sin embargo, fue su papá quien siempre le hacía ver que era preferible que buscase desarrollar otras facetas de su personalidad, puesto que del arte le sería muy difícil vivir en Chile.

Su pasión pudo más que la presión familiar; Raimundo decidió ser feliz en esta vida, haciendo lo que realmente le gustaba. “Me la jugué por la escultura a pesar de que me decían que sería muy complicado vivir de esto, pero yo quería trabajar contento, realizado, hacer lo que tu espíritu te dice y no por la seguridad económica que algún trabajo pudiera darme. Muchas veces tuve susto, es verdad, sin embargo aprendí que tener confianza en lo que uno hace es fundamental para lograr tus metas”.

TALLANDO EN BARILOCHE

“Mi primera relación con la escultura fue en Bariloche, donde estuve un mes, durante unas vacaciones de verano, aprendiendo y trabajando en el taller del escultor Gustavo Amadeo, que hace reproducciones en madera de los pájaros de la Patagonia en tamaño natural. Con él aprendí a tallar. Tuve mucha suerte porque Gustavo puso a mi disposición sus conocimientos, sus herramientas, sus materiales y su tiempo. El hacía sus pájaros y a mí me tenía aprendiendo a tallar truchas”.

Después de esa experiencia empezó a asistir como alumno libre a la Universidad Finis Terrae para aprender del profesor y escultor Félix Maruenda, y paralelamente también estuvo trabajando con la reconocida escultora Paula Rubio. “Hasta que un buen día me vine al campo a aprender oficios, como autodidacta. Quería estar cerca de los talabarteros, los mueblistas, donde se trabaja la fragua, que son como los oficios tradicionales de la escultura. Armé un taller, empecé a trabajar acá y viajo constantemente a Santiago. La verdad es que lo que más me gusta es estar en el campo trabajando en lo mío, cerca de la naturaleza y de las cosas simples, sin ruidos, ni tacos, ni bocinazos, pero entiendo que la desconexión total no puede ser, por lo que alterno mi vida y trabajo en el campo, con los viajes a la capital. Es la única forma de estar en contacto con lo que se está haciendo allá, ver galerías, visitar exposiciones, conocer el trabajo de tus pares e ir presentando lo que uno hace”.
 
¿Cuándo decidiste incursionar con los cuchillos?
Los cuchillos los vengo trabajando hace unos diez años, pero hace solo tres meses atrás quise empezar a dedicarme a algo con más constancia. El Loro Coirón, grabador francés, actual pareja de mi mamá, me aconsejó dedicarme a los cuchillos de lleno, no andar picoteando. Creo firmemente en que, para destacarse en un oficio, hay que darle y darle hasta que sobresalgas de la media.


¿Qué tienen que ver con la escultura?
Los cuchillos son piezas absolutamente escultóricas, además tienen una veta práctica, hay una necesidad física. Son de una belleza única. Hay un equilibrio entre lo agresivo, que es un arma propiamente tal y, al mismo tiempo, es una forma tan elegante, tan limpia, tan depurada. Es una manera de expresarse, de representar mi forma de vida muy ligada al mundo del campo, a las costumbres chilenas.

¿Has podido vivir de la escultura?
Al mes de empezar de lleno en esto me llamaron de una empresa grande, la Basf, y me hicieron un pedido de cuchillos. Ellos necesitaban doscientos juegos de cuchillos y tenedores para asados. Estuve dos meses trabajando solo en la fragua, como se viene forjando el acero desde la antigüedad. Es como una parrilla para asados de un latón más grueso que se alimenta por aire y con carbón mineral. Cuando los metales dentro de esta parrilla se encuentran maleables, ya puedes trabajar en ellos, dándole forma al fierro, empezando lo que se llama la forja; con el yunque y el combo vas moldeando hasta lograr el resultado que buscas.

¿Con qué materiales trabajas tus cuchillos?
Principalmente, trabajo con el acero que reciclo de discos de arado, hojas de resorte, uso material agrícola en desuso de aquí del campo o que voy recolectando, porque son de excelente calidad.

¿Los chilenos entendemos el valor de una pieza hecha a mano?
Espero que algún día lo entendamos y lo apreciemos. Hoy es muy difícil encontrar a alguien que valore lo que hay detrás de una pieza hecha a mano, el tiempo, el trabajo invertido. Los chinos y los gringos han llenado nuestro país de cosas desechables y, obviamente, a precios más accesibles, por lo que esos factores, sumados a un bonito diseño, hacen que la mayoría valore más ese producto.

¿Cuáles son tus próximos planes?
A mediados de octubre me voy por un año a hacer una pasantía a Finlandia, en el trabajo del acero; voy a aprender con maestros que trabajan en la herrería hace muchos años. Finlandia, hoy, es la capital del diseño y, sin duda alguna, es una tremenda oportunidad de aprender y conocer cómo ellos le han dado belleza y diseño a los más diversos objetos utilitarios.

“Principalmente, trabajo con el acero que reciclo de discos de arado, hojas de resorte, uso material agrícola en desuso de aquí del campo o que voy recolectando, porque son de excelente calidad”.

 

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