Conoce, en profundidad, el gran valor que posee la segunda Zona TÃpica más antigua de nuestro paÃs. Casco histórico que resguarda toda la riqueza arquitectónica de La Serena. Por eso es que este arquitecto la defiende y exige que se genere una discusión, para no llegar a consecuencias que, a su juicio, podrÃan ser fatales.
Por Daniela Collao V. / FotografÃa Patricio Salfate T.
Pocos años después que Francisco de Aguirre refundara la entonces San Bartolomé de La Serena, sus casas eran de adobe, con techo de paja y tejas, y sus iglesias de mamposterÃa en piedra. En el siglo XIX, la inmigración de carpinteros ingleses y norteamericanos transformó sus construcciones en verdaderas piezas históricas que, hasta hoy, se conservan.
El Plan Serena, de Gabriel González Videla âa mediados del mil novecientosâ incorporó los edificios del Liceo de Niñas, hoteles, se modernizó el hospital, se construyó el edificio del Servicio de Salud Coquimbo y la Avenida de las Estatuas, convirtiendo asà a la segunda ciudad más antigua de Chile, en un atractivo centro turÃstico.
El centro de la ciudad, además, aloja a monumentales edificios de arquitectura neoclásica, como el municipio, el Palacio Arzobispal, los tribunales, la Estación de Ferrocarriles y escuelas. Â
âEn los ochenta, la esposa del ex presidente Gabriel González Videla, Rosa Markmann, eleva una solicitud al gobierno para que se resguarden todas las edificaciones y obras correspondientes al perÃodo de su marido, asà como las que guardaban un valor patrimonial para la ciudad. De esta manera, se decreta la Zona TÃpicaâ, contextualiza Carlos Moreno, arquitecto máster en EconomÃa Urbana y presidente de la Comisión de Urbanismo de la CChC Delegación La Serena.
¿Cuál es el valor que guarda ese decreto para la conservación patrimonial de esta ciudad?
Es una acción que hace el Estado para generar una nueva forma de ordenar las ciudades, porque hasta el gobierno de González Videla no habÃa planificación urbana, es decir, las ciudades crecÃan porque sÃ. Se contrata a un grupo de urbanistas que realizan un plan de desarrollo. Todo eso se hizo hace sesenta años y ahora estamos disfrutando lo que tenemos. En Chile nunca más se tomó una decisión de ese tipo, ni de esa envergadura.
¿Y dónde surge la crÃtica?
Es que para los ciudadanos contemporáneos, no hay conciencia del valor que esto tiene. Sabemos que existe, pero nada más. Y ese decreto es lo que tenemos desde entonces, nunca más se hizo gestión.
Entonces ¿cuál es el valor que se resguarda?
Ese es el punto. Hay un mito urbano respecto a este tema, porque en el fondo se trata de un polÃgono de protección, que al interior resguarda obras importantes, producto de épocas esplendorosas que tuvo esta región, y que son necesarias de preservar; pero también, se está protegiendo el Plan Serena y, de alguna manera, se instaura en la conciencia colectiva que esa arquitectura o ese modelo es lo que se tiene que seguir haciendo. Como ciudadanos, creemos que eso es lo que está bien, porque es bonito y es bueno.
¿Eso es erróneo?
Se genera una distorsión, porque hay edificios que estaban antes de González Videla, como la casa Giliberto y la casa de los Carmona, entre otras. Es una zona donde hay muchas obras, de buena infraestructura, pero también hay urbanismo, como la Avenida Francisco de Aguirre, Pedro Pablo Muñoz, la Plaza Buenos Aires, ese el doble valor que tiene. El resto de los edificios que existen en esta zona demarcada, están casi por casualidad.
¿Entonces no es un beneficio?
Socioculturalmente, hay valores porque se preservan elementos que reflejan una historia y un pasado. Económicamente, también, desde el punto de vista turÃstico. Pero a los habitantes les ha complicado la vida, porque esta norma les impide desarrollar sus ideas o iniciativas, ya que hay un costo extra. Está depositada en ellos la obligación de mantener una cultura, bajo su propio costo. Entonces, ¿es justo desde el punto de vista social y económico, que una persona que vive en el centro, con una pensión baja, asuma una responsabilidad que no decidió y que, además, nadie lo ayude?
¿Y qué consecuencias trae esto?
Eso significa que el centro se ha transformado en un problema. Por eso la gente comenzó a salir de ahÃ, porque optó por otros modelos de vida que no están en el centro sino que afuera. Esa es la paradoja, porque se preserva, pero, paulatinamente, se está echando a perder.
¿Esto significa que el centro puede perder su razón de ser, como núcleo económico de una ciudad?
El centro es donde se realizan todos los movimientos de la conurbación La Serena y Coquimbo, aquà llega mucha gente a trabajar. Sin embargo, hay un deterioro permanente de las construcciones, las casas pueden tener una linda fachada, pero desconocemos su estado interior. Existe una falta de renovación de ciertas áreas que se deterioran, y hay otras que sà se mantienen porque hay capacidad económica para hacerlo, en especial, los edificios públicos.
âRENOVARSE O MORIRâ
Esa desvalorización⦠¿es responsabilidad de los ciudadanos?
Es que ellos no saben y no tienen los recursos para resguardarla. El valor patrimonial tiene un costo y no existe apoyo. El Estado no genera incentivo para que, desde el punto de vista tributario, se logren beneficios culturales. En otros paÃses, el Estado se preocupa y apoya.
¿Y ese abandono pasa por las autoridades?
Es que nuestro sistema jurÃdico está muy viejo. Una muestra de eso es el hecho de que la Ley de Monumentos Nacionales data de 1982. Necesitamos que las normas se actualicen y estén asociadas a las dinámicas sociales, culturales y económicas que rigen en este paÃs contemporáneo.
¿Esa es la única forma de preservar la zona tÃpica?
La norma te da el sustento para hacer acciones y polÃticas públicas, y esa norma no existe. No nos sirve la retórica, necesitamos acciones especÃficas, contundentes y que se puedan ejercer. Para eso se necesita gestión y recursos.
¿Qué puede hacer la comunidad ante esto?
Hay que tener una discusión ciudadana importante. No podemos permitir que una Zona TÃpica no tenga acción. No la podemos dejar quieta y tranquila como si fuera una vitrina, porque aquà vive gente. Necesitamos analizar qué es lo que está pasando y qué es lo que esperamos de ella.
¿El hecho de que no existan proyectos habitacionales, es perjudicial para la ciudad?
A los ciudadanos nos interesa que la ciudad tenga vida. Necesitamos que haya movimiento, ya sea de actividades culturales, económicas, vivienda, gente leyendo en las plazas, andando en bicicleta. Tiene que haber un concepto de barrio que te identifique.
¿Qué destino se visualiza, si no se toman cartas en el asunto?
No es bueno que se pierdan los espacios. La ciudad tiene que vivirse completamente. No puede ser que no se puedan desarrollar inversiones importantes en vivienda. Hay que reconocer que sÃ, hay iniciativas de gobierno, como la remodelación del museo y la construcción del futuro Teatro Regional. Es necesario debatir sobre este tema. Tenemos un desafÃo importante, si continuamos asÃ, nos deja solo dos alternativas: renovarse o morir.
¿Cuál es el escenario ideal?
Una Zona TÃpica que tenga vitalidad, con gente disfrutando un café en la noche, caminando o circulando en bicicleta. Lo atractivo de los centros urbanos, es la vida que le dan sus propios ciudadanos. Tenemos que sacarnos lo pueblerino. La Serena tiene el carácter y el sustento cultural e histórico, para convertir su centro, en un núcleo mucho más dinámico.
âHay un deterioro permanente de las construcciones, las casas pueden tener una linda fachada, pero desconocemos su estado interior. Hay una falta de renovación de ciertas áreas que se deterioranâ.