Con un español —a ratos— poco fluido, este empresario norteamericano, oriundo de Texas, se alejó del asfalto y de la tecnología para vivir de manera simple, sin lujos y conectado con la naturaleza. Apodado “el gringo loco”, se convirtió en pionero en la región, como productor de viñedos orgánicos, materia prima para importantes vinos nacionales, que también lo han posicionado internacionalmente.
Por Víctor Godoy J. / Fotografía: Patricio Salfate Traslaviña
Partimos por la Ruta 43, entre cerros y planicies. Avanzamos hacia el sur de la “Perla del Limarí” y a unos treinta kilómetros, nos desviamos a la derecha. Un letrero señala nuestro destino: La Ciénega.
Continuamos por este sector, ubicado en pleno estero de Punitaqui. A unos metros de la carretera se encuentra el fundo Agua Tierra, propiedad de James Pryor (78), un norteamericano de nacimiento, pero que tiene tremendo cariño por Chile y, en especial, por el valle del Limarí, zona que lo acogió hace más de diez años. Junto a su pareja, Ana María Álvarez, ovallina de corazón, habitan una pequeña casa de campo, emplazada entre árboles y parras, dentro del fundo.
No más de diez personas trabajan en su campo que tiene cerca de ciento veinte hectáreas, de las cuales treinta y cinco están plantadas con uva vinífera orgánica. Nos explica emocionado que sus viñas están en el terreno más adecuado, bendito por la naturaleza y por Dios. Anualmente, cosecha más de trescientas toneladas de uvas, entre cabernet sauvignon, carmenere y syrah. Toda su producción es vendida a la familia Guilisasti, para vinos de grandes marcas como los Concha y Toro.
Vivió en Canadá, en EE.UU., en el sudeste asiático y en las Antillas británicas, incluso navegó en su propio barco por el mundo. Hasta que se aburrió de la buena vida. Llegó por primera vez a Chile en 1997 y, en 1999, compró el terreno donde vive actualmente.
¿Qué lo trajo a Chile?
Vine por primera vez con mi guía espiritual. Hicimos charlas en Santiago durante un mes y en ese tiempo conocí a la mujer que me ha cautivado hasta ahora. Luego, la volví a encontrar en California… era el destino. De ahí, viajamos juntos por tres años hasta que decidimos volver a Chile y vivimos en Tongoy junto a sus hijos. Creo que ese lugar ha sido uno de los más maravillosos en los que he estado.
¿Por qué comenzó a producir uva?
Antes trabajaba en empresas, con directorios y en grandes ciudades, pero me aburrí de eso. Quería algo real, donde pudiese trabajar con mis propias manos. Un día estaba caminando bajo un parrón, en un campo de Pisco Elqui, vi cómo pendía una hermosa uva y algo pasó conmigo. Me dije, completamente convencido: ese es mi próximo paso. Aún no sé qué tipo de impresión fue la que tuve, pero asumo que emocionalmente fue súper impactante y real. Por algo nuestra producción no es como cualquiera.
¿Qué motivó ese cambio de vida?
A lo largo de mi vida he pasado por distintas etapas. Hay personas que se dedican a una sola cosa en su vida, pero yo no soy feliz con eso. Cuando alcancé varios de mis objetivos y me desempeñé en distintos trabajos y con diferentes personas, me pregunté ¿qué más hay? En esa búsqueda llegué a Chile.
INGREDIENTES MÁGICOS
¿Qué tiene de especial Agua Tierra?
Cuando presento mi vino, enólogos y expertos viníferos me dicen ¿qué es ese sabor?; lo vuelven a degustar y repiten ¿qué es? Ese sabor es Agua Tierra, les digo. No hay ingredientes especiales, nuestro plus está en lo orgánico y biodinámico. Más que un concepto de marketing, manejamos el campo como una unidad y eso entrega un carácter único a la uva.
¿Cuál es la diferencia entre orgánico y biodinámico?
Orgánico es todo lo que tiene que ver con el desarrollo limpio del suelo. Mientras que la biodinámica es un sistema de agricultura, que mezcla la filosofía y la técnica, considerando las fuerzas de la naturaleza.
Entonces ¿cuál es el ingrediente mágico para el suelo?
La pureza del aire, la limpieza del cielo, el poder de la luz, lo virgen del suelo, son nuestros fertilizantes. Nosotros no utilizamos ni necesitamos químicos, solo lo dejamos en manos de las fuerzas de la naturaleza, basadas en la física y química natural. Al utilizar materiales biodinámicos, las plantas crecen más saludables, lo que evita cualquier tipo de plagas. Hasta tenemos una huerta para nuestro consumo, en la que se puede apreciar, a simple vista, su sana calidad.
¿Materiales biodinámicos?
Hacemos mezclas de diversas plantas silvestres, como ortigas o hierbas valerianas y las enterramos bajo la tierra, aprovechando al máximo las energías de la tierra. Quedan allí durante meses, hasta que cumplan su tiempo. Utilizamos otros ingredientes como cachos de cabra, cráneos de vacunos, composta a base de guano, además de nuestro plaguicida estrella: la lombricultura. Todo esto hace más sabroso y mágico nuestros cultivos.
“EL GRINGO LOCO”
Desde joven se consideró un hombre rebelde. Muchas veces se peleó con su padre, y siempre pensó que su carácter lo llevaría lejos. Sus vecinos le dicen “el gringo loco” por la excesiva seguridad que aplica en sus propiedades. Sentencia que el azar y “una fuerza superior” han sido sus grandes aliados para contar lo que ha vivido y vivir lo que ha logrado.
¿Cree en Dios?
No sabría cómo contestar tu pregunta. De lo que sí estoy seguro es que hay una fuerza mucho más grande y poderosa que yo. No dudo que hay una inteligencia universal, pero en todo caso he sido beneficiado por ella. El rol de nosotros en este planeta es que tenemos la oportunidad de vivir.
¿Y cómo han sido sus otras vidas?
Tengo varias vidas. Primero viví mucho tiempo como militar en Estados Unidos. Aprendí de estrategias y de armas, pero lo que más rescato es la disciplina que adquirí. Después pasé largo tiempo trabajando en telecomunicaciones, fui controlador de Moffat Communications, en radios y televisión. Luego estuve un tiempo dictando charlas sobre relaciones interpersonales en organizaciones de todo tipo. Hasta que llegó mi etapa reflexiva, comencé a buscar respuestas filosóficas y por eso recorrí varios países conociendo el mundo espiritual.
¿Es de aquellos que cumple exitosamente sus metas?
Soy tejano, eso explica un poco mi carácter. Nos caracterizamos por hacer cosas grandes. Siempre hago lo que quiero y aunque no hay recetas para el éxito, el conocimiento y la pasión en el trabajo es la mejor fórmula. Si no tienes ganas de hacer lo que haces, es mejor olvidarlo y dejarlo. Yo, si no estoy constantemente aprendiendo, me muero.
Respecto a su fortuna, se dice que es mucha…
Administré la empresa de telecomunicaciones de mi suegro en Canadá, donde logré una gran fortuna. Parte de ella la deposité en Suiza, invirtiendo, también, grandes montos en lingotes de oro. Años después vendí parte de dicha fortuna, para invertir en acciones en Exxon Mobil, Microsoft, Intel y SQM, entre otras.
En sus doce años en Chile, sigue cautivado por la magia de los valles y paisajes. Ahora, alejado de sus finanzas en el extranjero, aprovecha las frescas noches y las cálidas temperaturas diurnas, en Agua Tierra. Su vino, producido a baja escala, ha participado en concursos nacionales e internacionales obteniendo, en cada uno, al menos una medalla (Santiago, Bruselas y España).
Actualmente, tiene ciento cincuenta mil parrones en crecimiento dentro de su invernadero. Además, tiene un proyecto para poner una bodega gravitacional, en uno de los tantos sectores del fundo. Incluso nos declara que ya hay muchos interesados en comprar parte de su terreno para casas y parcelas, quienes también podrían tener ciertos derechos sobre la producción de estos prodigiosos vinos orgánicos, únicos en la región.
¿Cómo definiría esta etapa de su vida?
Espectacular. A esta edad todos me dicen que ya es tiempo de jubilar, pero ¿jubilar de la vida? Jamás, jubilar para mí no significa nada. En esta vida, después de las tantas que he vivido, me siento pleno y feliz gracias a que hago lo que amo.
“Cuando presento mi vino, enólogos y expertos viníferos me dicen ¿qué es ese sabor?; lo vuelven a degustar y repiten ¿qué es? Ese sabor es Agua Tierra, les digo. No hay ingredientes especiales, nuestro plus esta en lo orgánico y biodinámico”.