No respeta edad, sexo, raza, tampoco fronteras. En nuestro país, un poco más del nueve por ciento de los chilenos padece de esta afección crónica y la gran mayoría debe cargar en sus mochilas: medicamentos, jeringas, cintas e insulina. Herencia familiar, obesidad, sedentarismo y una alimentación poco saludable son los principales riesgos que predisponen, a cualquier persona, a formar parte de esta preocupante cifra y en aumento.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Los nervios que le provocan esta entrevista, hacen que Paula Fuentes (27) saque de su cartera un estuche que la acompaña desde los dieciséis años. “Esto es un hemoglucotest”, lo dice tan rápido, casi como un trabalenguas, luego se pincha el dedo índice, mientras conversa, y, acto seguido, lo guarda. Cuatro veces al día, mínimo, repite esta acción, de manera automática. Una rutina a la que debe incorporar varias dosis de insulina —hormona que su cuerpo no tiene— y que es proporcionada a través de inyecciones en su estómago.
Paula está feliz, porque hace siete meses contrajo matrimonio. Se iluminan sus ojos al pensar en la posibilidad de tener un hijo. Está consciente de los riesgos de la maternidad, producto de una descompensación durante el embarazo, y es solo en ese momento cuando afloran sus miedos y la ansiedad, porque sabe que su condición —como ella recalca— es de cuidado.
Hace once años, de un momento a otro, Paula comenzó a orinar y a beber agua, mucho más de lo normal. En dos semanas bajó diez kilos y por las noches sufría de fuertes calambres. Visitó a un médico y le hicieron varios exámenes de rutina. Grande fue la sorpresa para ella y para su familia: tenía 750 mg/dl de glicemia (una persona normal tiene xxx). Estuvo tres días en la UTI. Su diagnóstico: Diabetes Juvenil Tipo 1.
Nadie de su familia tiene diabetes, sin embargo, debutó en ella y para siempre. “Nunca me sentí mal, tampoco hice un coma diabético, sin embargo, durante todo este proceso, me hicieron sentir enferma. Siempre digo que esto es una condición y no una enfermedad, porque así como soy mujer, esposa, católica, también soy diabética. Yo sé que la diabetes es crónica y va a estar todo el tiempo conmigo, pero es una buena compañera y he aprendido a quererla”, enfatiza Paula, quien con su juventud y optimismo afirma que no le molesta pincharse, tampoco controlar su glicemia cada vez que abre los ojos al despertar y que, afortunadamente, los chocolates no le atraen. “Creo que lo más difícil es pensar que la diabetes pueda generar algo malo en mí, porque dentro de los parámetros, ya no existe en mi cuerpo un ciento por ciento de normalidad”, afirma Paula.
¡NO, GRACIAS, SOY DIABÉTICO!
En un restaurante, un señor pide pisco sour con endulzante. Más tarde, el mozo trae la carta de los postres, pues, es el turno del placer culpable de la gran mayoría de los comensales. Con su mejor sonrisa ofrece: tiramisú, corazón de café, torta, profiteroles con crema y salsa de chocolate y otras tantas exquisiteces. El señor mira la carta, luego al garzón y pregunta ilusionado ¿hay algo sin azúcar? La respuesta es tajante: ¡señor, todos los postres tienen azúcar! El hombre mira a su mujer y con un dejo de amargura y desazón, afirma categórico ¡No, gracias, soy diabético!
Así como él, son muchas las personas en el mundo que deben negarse al consumo de azúcar refinada, porque padecen de diabetes mellitus. A nivel mundial, se estima que, entre el 2010 y el 2030, habrá un aumento del cincuenta y un por ciento de los casos y en Latinoamérica correspondería a un crecimiento del sesenta por ciento de prevalencia de la diabetes.
En nuestro país, de acuerdo con las últimas estadísticas proporcionadas por la Encuesta Nacional de Salud, uno de cada diez chilenos tiene esta enfermedad, es decir, cerca de un millón doscientos mil son diabéticos. Cerca del noventa y cinco por ciento de los casos, corresponden a diabetes tipo 2, una cifra que tiene relación estricta con sus causas, entre ellas, sobrepeso, obesidad, sedentarismo y tabaquismo. “Estos factores de riesgo son muy altos en nuestro país y la diabetes tipo 2 tiene un factor de herencia importante, lo que se manifiesta en la medida en que el ambiente favorezca esta expresión provocada, en gran parte de los casos, por falta de actividad física, ingesta de grasas saturadas, alimentos ricos en calorías y azúcares refinadas, sobrepeso y obesidad”, recalca el diabetólogo, Pablo Fernández Sola.
EJERCICIO Y ALIMENTACIÓN SANA
En términos simples, la diabetes es un trastorno metabólico, provocado por múltiples causas, ya sea por herencia genética o producto de los hábitos mencionados anteriormente. “El cuerpo no es capaz de manejar el metabolismo del azúcar, por lo tanto hay una tendencia a acumular azúcar en la sangre (hiperglicemia), lo que provoca daños a diversos sistemas del organismo, en especial, al sistema vascular y al sistema nervioso”, sostiene Fernández.
¿Cómo se manifiesta la diabetes?
Existen cuatro grupos. La diabetes Tipo 1 es una enfermedad autoinmune; el sistema de defensa, por determinadas circunstancias, desconoce y ataca a la célula beta que es la productora de insulina (hormona que regula el azúcar), por lo tanto, daña al páncreas y lo termina destruyendo. En este caso, el paciente requiere, en forma vital, el uso de la insulina desde un comienzo. La diabetes Tipo 2 es más común y se asocia a mayor edad. Acá el problema primario es de todo el organismo; el páncreas se ve obligado a trabajar mucho más y a secretar más insulina para manejar el azúcar. El Tipo 3 se refiere a diabetes producida por enfermedades específicas del páncreas (pancreatitis) y el Tipo 4 es la diabetes gestacional, que consiste en la elevación del azúcar a raíz del embarazo.
¿Cuál es el tratamiento base para esta afección crónica?
El régimen y el ejercicio. No existe un buen manejo del azúcar, si no existe una dieta y actividad física. El ejercicio acondiciona a los músculos para que trabajen en forma óptima, que sean capaces de utilizar el azúcar aprovechando al máximo los niveles de insulina dando vueltas en el organismo y permitiendo que el páncreas trabaje lo menos posible.
Katty Mery (36), es madre de tres hijos. En el control de los siete meses de su primer embarazo, le diagnosticaron diabetes gestacional. Con su segunda hija, corrió mejor suerte, pero en el tercero, nuevamente tuvo que darle la bienvenida a la rigurosidad de la dieta, a los cinco meses de embarazo. El sobrepeso y la herencia diabética de su abuela materna, generaron una mayor predisposición a esta enfermedad. Rápidamente debió cambiar sus hábitos alimenticios para regular la glicemia. “Esto para mí fue muy fuerte, porque todo lo que me prohibieron es lo que me encanta comer. No tengo mucha fuerza de voluntad, así que por el bien del bebé y el mío, tuve que controlar la alimentación. Por fortuna, no fue necesario el uso de insulina, pero existe la posibilidad de generar una diabetes de por vida”, comenta Katty, y agrega que “después de esto me detectaron resistencia a la insulina y debo tomar metformina todos los días. Me controlo cada seis meses, pero me queda un gran desafío: bajar de peso. En la medida que lo logre, puedo controlar la glicemia”.
CIRUGÍA: CAMBIO DE CONDICIONES
La medicina es categórica en afirmar que la diabetes es una enfermedad progresiva y sin cura. Al existir una predisposición genética, el ADN de una persona no es mutable, por lo tanto, la diabetes permanece en el individuo como una condición. Sin embargo, y esto es una alentadora noticia, la cirugía ha desarrollado, en el último tiempo, avances importantes en términos de corregir esta y otras enfermedades. “Esto parte de la cirugía bariátrica para obesidad. Al operar pacientes obesos, muchos de ellos diabéticos, normalizan la glicemia, la hipertensión arterial y el colesterol, en gran parte de los casos. Su efecto metabólico va más allá de la baja de peso, porque los alimentos pasan por vías distintas del intestino y eso estimula la liberación de hormonas intestinales que favorecen la secreción de insulina y otros procesos, esto hace que el páncreas mejore su función y sea capaz de mantener los azúcares a nivel normal”, resalta Fernández.
¿La cirugía es recomendable para todo tipo de diabéticos?
Depende del paciente. Si tiene obesidad mórbida, sobre cuarenta de masa corporal o tipo dos, es recomendable, lo que no significa que no tenga que cuidarse. En los pacientes Tipo 1 que se han operado, hoy solo usan medicamentos y sus glicemias han mejorado notablemente. En la actualidad se está utilizando el EndoBarrier, un dispositivo plástico que impide que el alimento entre en contacto con la pared intestinal. Esta es una buena alternativa y, mejor todavía, si el paciente hace un buen régimen y ejercicio.
SÍNTOMAS FRECUENTES
Aumento de orina (poliuria), mucha sed (polidipsia), baja de peso, calambres frecuentes y visión borrosa. El síntoma más común de un diabético Tipo 2, es no tener síntomas. La glicemia en un paciente puede estar alta y se siente normal ¡ojo!
RECOMENDACIONES
Ciento cincuenta minutos semanales de ejercicio (intensidad moderada), eliminar azúcar refinada, cuatro comidas y dos colaciones (porciones acorde al peso), asesoría nutricional, controles médicos y no fumar.
MAYOR INFORMACIÓN
www.adich.cl
www.diabeteschile.cl
“La base del tratamiento para un diabético es el régimen y el ejercicio. No existe un buen manejo del azúcar si no existe una dieta y actividad física”.