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Reportaje

EDICIÓN | Octubre 2012

UN SOLO CORAZÓN

Movimiento de Schoenstatt de La Serena
UN SOLO CORAZÓN

El diecisiete de octubre, esta gran familia fraterna está de fiesta. Celebran veinticinco años —luego de un largo proceso— de la construcción y bendición del Santuario Tabor de Peñuelas, en La Serena. Actualmente son cerca de doscientas setenta personas que integran este movimiento en la zona. Esta es la historia de un largo camino, construida por una familia espiritual y unida por el amor, la que crece y se consolida con el tiempo.

Por Verónica Ramos B. / fotografía: Patricio Salfate T.

En la casa de la familia Cortés Rojas, justo al lado del comedor, hay una habitación especial. En el muro frontal está la imagen de la Mater, “Madre Tres Veces Admirable de Schoenstatt”, rodeada de flores y velas. También hay una fotografía del padre José Kentenich, fundador de esta obra en el mundo. La Mater forma parte de este hogar hace ya varios años, desde que Ernesto Cortés visitó a un amigo kinesiólogo y le ofreció llevarla a su casa. Al poco tiempo, él y su mujer, Mónica Rojas, fueron invitados a participar del movimiento. Conocieron la vida y obra del padre Kentenich y desde entonces, integran esta gran familia espiritual, junto a sus dos hijos. En un principio, como jefes de la rama de matrimonio y actualmente como coordinadores del Consejo de Familia. “A través del movimiento hemos reconocido nuestra vocación schoenstattiana, porque todos tenemos un lugar dentro de la Iglesia y nosotros, como esposos y familia, lo encontramos acá, tanto en lo espiritual, como en lo afectivo e intelectual”, afirma Ernesto.

Así como esta familia, son muchas las que tienen su propia experiencia de vida que las vincula al Movimiento de Schoenstatt, no solo en la región o en el país, sino en todo el mundo. El cuerpo central de esta gran obra son, justamente, laicos, quienes han sido llamados a una vida consagrada al Señor, ocupando un papel esencial y protagónico.

La creación de una nueva comunidad formada por “hombres nuevos” es el primer fin de este movimiento, tal como lo definiera el padre Kentenich en sus inicios: “una comunidad fraterna, libre y solidaria, animada por la fuerza del amor y del espíritu apostólico universal”.

EL CAMINO A UN NUEVO HOGAR

En agosto de 1973, un grupo de alumnas del colegio Sagrados Corazones de La Serena, son invitadas por la Madre Claudia, directora del establecimiento, a integrar, lo que sería la primera semilla de este movimiento: las “Pequeñas Marías”. Cecilia Fernández, quien hace treinta y nueve años formó parte inicial de este primer paso afirma: “recuerdo estos momentos como muy enriquecedores que, sin duda, marcaron mi vida. Partimos con un retiro donde se nos contó lo que significaba el movimiento. Éramos muy jóvenes y la vida del padre José Kentenich nos impactó y aprendimos mucho de él. Conocer a la Mater ha sido una bendición para mí y en lo personal soy muy agradecida”.

Un año después, las madres de estas jóvenes fueron conquistadas por la espiritualidad de este cimiento, formándose el primer grupo de señoras. Luego, son ellas mismas quienes invitan a sus maridos a formar el primer grupo de matrimonios, en 1975.

Posteriormente, los encuentros debieron realizarse en una pequeña sala de la Iglesia San Agustín. Son tiempos fecundos para la nueva familia schoenstattiana, que crece con la integración de jóvenes, universitarios y matrimonios. En diciembre de 1977, la Mater es coronada con el lema "Contigo Madre, todos como un solo corazón".

La remodelación de la Iglesia San Agustín, en 1984, instó a los congregantes a buscar un nuevo espacio. La tierra prometida para levantar el futuro hogar, sería un terreno ubicado en Peñuelas. Aquí, se construye la Ermita del Padre Kentenich, se plantan los primeros árboles y se levanta, también, la sala José Kentenich, reconstruida actualmente.

Todo este proceso de construcción es a pulso. Son los propios miembros quienes en carretillas acercan los materiales, pues no existían caminos y el ingreso era por propiedades aledañas.

El 17 de octubre de 1987, la imagen de la Mater —bendita por el Santo Padre Juan Pablo II, en su visita a la ciudad en abril de este mismo año— se establece en el Santuario Tabor de Peñuelas, ya construido. Con una misa y en presencia de representantes de toda la familia de Schoesntatt de Chile, se abren las puertas del santuario con su bendición, cumpliendo así el tan anhelado sueño.

PADRE FUNDADOR

Los Padres Pallottinos, las señoras y jóvenes fundadoras y la comunidad de las Hermanas de María son los tres grandes pilares que sustentan los inicios del Movimiento de Schoenstatt en nuestro país. Cada una de estas generaciones creyó en el padre Kentenich y orientaron su vida desde la fe.

José Kentenich, nació en 1885 en Gymnich, cerca de Colonia, Alemania. Fue un hombre alegre en medio del sufrimiento, portador de alegría y humildad. En una de sus tantas pláticas señaló “…debemos ser portadores del sonreír divino… aunque la naturaleza llore o se quebrante. Nadie debiera quitarnos la alegría porque Dios, autor del plan de mi vida, es la causa de mi sonrisa y de mi alegría”.

En 1910 es ordenado sacerdote en la comunidad de los Padres Pallottinos y dos años después es nombrado director espiritual del Seminario Menor, en la localidad de Schoesntatt, cerca de Coblenza. En este lugar, funda con los jóvenes una congregación mariana. Al estallar la Primera Guerra Mundial, convoca a estos jóvenes y pide a la Virgen que con su presencia maternal, transforme la capilla en lugar de gracias y de peregrinación. En estos años, surgen los primeros fundamentos del movimiento. En 1941 es detenido por la Gestapo y luego es enviado, por cuatro años, a un campo de concentración en Dachau.

Años después y con el objetivo de buscar aliados para esta obra, realiza una serie de viajes apostólicos a Argentina, Uruguay, Estados unidos, Brasil, Sudáfrica y Chile (lo visita en cinco oportunidades). En 1951, el Santo Oficio decreta la suspensión de su cargo como director del Instituto de las Hermanas de María y más tarde, se decreta su salida de Europa. Como medida administrativa, el padre Kentenich es enviado a Milwaukee, USA. Después de varios años, el Papa Pablo VI resuelve suprimir los decretos que existían en su contra y, a pesar de su avanzada edad, el padre fundador regresa a Schoesntatt para continuar trabajando por su obra, extendida por todo el mundo. En 1968, inmediatamente después de celebrar la misa, en la Iglesia St. Trinidad en Schoesntatt —construida por iniciativa suya— el padre Kentenich fallece. Es sepultado en este lugar y en su tumba se expresa su voluntad con la inscripción: DILEXIT ECCLESIAM, que quiere decir, Amó a la Iglesia.

CIMIENTOS DE FE EN LA SERENA

Con el objetivo de apoyar la naciente obra y a los primeros grupos que se conforman en La Serena, las Hermanas de María se establecen en el santuario. Junto a ellas, el sacerdote diocesano de Schoesntatt, padre Dikson Yáñez, se convierten en pilares fundamentales de esta creciente familia. Durante los últimos tres años, la Hermana Mónica y la Hermana Yerthy, son las encargadas del santuario, quienes además forman parte de la coordinación del movimiento desde esta ciudad hasta Arica.

El motor de vida y quienes impulsan esta gran obra son las diferentes ramas y quienes lo integran: Matrimonio, Señoras, Juventud Femenina y Juventud Masculina. Cada uno de estos grupos es dirigido por jefes, los que conforman la Coordinación Diocesana. A ellos compete tomar las pequeñas y grandes decisiones de la familia de Schoesntatt.

Daniela Fuentes (19) es jefa de rama de la Juventud Femenina, hace un año y medio. En este grupo participan cerca de cuarenta jóvenes y comenta que, como principio, ellas se enfocan en la pureza, en la alegría, en al amor y en poder aspirar a la santidad a través de la vida diaria. “Nos motiva el regalar nuevos corazones a la Mater y que puedan marcar la diferencia en este mundo de tanta confusión, en especial para los jóvenes”, recalca Daniela, y agrega que “ser schoesntattiana es un estilo de vida… es una forma de responder a la Mater con una actitud de amor”.

Actualmente es presidido por Raimundo Rencoret e integrado por Alfredo Prieto, Francisco González y Ernestina Baldi. “Nos ocupamos de la mantención de la infraestructura e instalaciones, la que ha ido creciendo gracias al aporte voluntario de quienes la integramos, de algunas donaciones y de una actividad sustancial, que es el bingo”, recalca Rencoret, y agrega que su amistad con Daniel Mas Rocha, uno de los fundadores del movimiento en La Serena, lo llevó a integrarse a esta familia hace más de siete años. “He recibido muchos regalos en la vida, de manera que con esta labor, siento que retribuyo todo lo que Dios y la Mater me han dado. El gran desafío ahora es entregar la capilla y sala terminada”.

La Hermana Yerthy, asesora de esta familia schoenstattiana, concluye: “Esta celebración es una oportunidad de agradecer a Dios que nos haya regalado este lugar. El Santuario se ha convertido en un verdadero taller de educación de la personalidad cristiana, en un lugar de paz y armonía, en tierra de vocaciones, de acogimiento para niños y lugar de peregrinación para muchos. Es un tiempo privilegiado para ser testigos de que Schoenstatt es, en primer lugar, una Obra de Dios, que ha permanecido en el tiempo y que sigue creciendo… a pesar de nuestra pequeñez”.


“Es un tiempo privilegiado para ser testigos de que Schoenstatt es, en primer lugar, una Obra de Dios, que ha permanecido en el tiempo y que sigue creciendo… a pesar de nuestra pequeñez”.

 

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