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EDICIÓN | Octubre 2012

UNIVERSO “MATEMÁGICO”

Catalina Cvitanic, artista y doctora en matemáticas
UNIVERSO “MATEMÁGICO”

Es actriz, escritora, directora de teatro y, entre todo eso, saca a relucir su pasión por las matemáticas, áreas ciento por ciento opuestas, pero que ha logrado fusionar y contagiar a los demás. Es una mujer de perfil renacentista, que trata de abarcar un abanico de áreas del conocimiento, con el claro concepto de calidad como respaldo.

 

Por Daniela Collao V. / Fotografía Patricio Salfate T.

Su padre era actor de radio teatro, un trovador, bufón, mago, tocaba el acordeón y la trompeta. Amaba el teatro. “En las reuniones familiares, él reunía a todos los niños y les inventaba los juegos más increíbles, era muy lúdico. De lo más sencillo hacía cosas muy entretenidas. Recuerdo un caleidoscopio que me regaló. Estaba hecho con un tubo de papel higiénico, al cual le pegó pedazos de papel celofán y lo tapó con un pañuelo. Con eso me entretuve bastante tiempo. A mí me gustaba mucho el diseño, y él me ayudaba a hacer vestidos a las muñecas con papel crepé. Me enseñó entretenciones mágicas con elementos muy simples”, comenta Catalina Cvitanic, quien hace seis años ocupa el cargo de directora de extensión de la Universidad de La Serena.

La pasión por el teatro corre por sus venas, y esas vivencias con su padre la marcaron. Por eso, desde pequeña actuaba y cursó diversos talleres de teatro. Con el paso de los años, escribió obras y formó un taller, el que también integra como actriz.

¿Cómo se manifiesta el legado de su padre en lo que hace hoy?
Es que el teatro es eso, puedes crear cualquier ambiente con nada. Por eso pienso que a los profesores les sirven las herramientas que este entrega, por ejemplo, en las clases solo con la pizarra, es posible crear todo un ambiente. Se pueden hacer actividades mucho más lúdicas. Si te das cuenta, con el internet, la metodología de enseñanza también ha cambiado. Por ejemplo, si antes tenías que investigar sobre la vida de alguna persona, había que ir a una biblioteca y revisar las enciclopedias, era mucho más trabajo, en cambio ahora, tocando una tecla, ya tienes la información. Lo que hice en algún momento con mis alumnos fue pedirles que se disfrazaran de los personajes en estudio. Transformábamos el curso en un estudio de televisión y, entre ellos, se entrevistaban.

ARTE Y CIENCIA

Definitivamente, el arte no es la única faceta en su vida. Catalina Cvitanic es doctora en ciencias con mención en matemáticas de la Universidad de Chile. “Mi formación no tiene nada que ver con el lado artístico. Soy doctora en matemáticas hace más de veinte años, hice clases en la Universidad Católica y en la Universidad de Chile, y después, me vine a trabajar a la Universidad de La Serena, como académica del departamento de matemáticas. Pero desde muy chica, tuve inclinación por el teatro. Esa fascinación la llevo en la sangre, pero no me pude dedicar toda la vida a eso, porque venía de una familia tradicional y había que estudiar una carrera convencional; tenía muy buenas notas, entonces trancé y estudie esto, que era lo otro que me apasionaba.

¿Y se pueden combinar ambos mundos?
En algún momento se me ocurrió dictar una carrera a los alumnos de pedagogía, que se llamaba Expresión Corporal, Oral y Escrita, a través del teatro. La idea era enseñarles que el teatro era una buena herramienta y, así, tener otra forma de enseñar, de manera más creativa para enfrentar a los alumnos. Eso duró cerca de cuatro años. Ahora, llevo seis años como directora de extensión de la Universidad de La Serena, y formé una compañía teatral. Actualmente, estamos preparando una obra, escrita por mí, llamada El Universo Matemágico.

¿De qué se trata?
El objetivo es que el público descubra que las matemáticas no son inalcanzables, que son parte de la vida cotidiana, que se puede vivir con ellas. Trata de un hombre, un tanto enigmático, que llega a una ciudad de Chile y se hace cargo de una cafetería. Ahí se relaciona con la gente y sus problemas, los resuelve a través de las matemáticas. Está inspirado en el libro El hombre que calculaba. El elenco está conformado por ocho personas, incluida yo. Son cuatro adultos mayores, con experiencia teatral; un estudiante de sicología y dos actores profesionales.

¿Y su personaje?
Soy la empleada de la cafetería, es un protagónico. Pero es una bailarina frustrada, una empleada súper “metiche” que tiene la ilusión de ser artista; de hecho, debajo de la cotona anda con su vestido de baile.

Esta obra es una clara representación de usted, de sus gustos e intereses…
Pero no es algo que se me ocurrió a mí. Hace años se está desarrollando en Chile una corriente artística que mezcla estas dos vertientes. Hay poca gente que lo hace, es una rama muy actual. De hecho, a fines de octubre se realizará un festival internacional en Santiago, donde me invitaron a presentar mi obra.

Tal vez si se hubiera concentrado solo en las matemáticas, no se habría desarrollado como usted esperaba. ¿Esa fusión entre mundos tan opuestos es producto de eso?
No creo, porque he pasado por todas las etapas. Estudie álgebra, hice investigación y en esa etapa fui muy feliz, también, por la emoción de descubrir algo nuevo y publicarlo en una revista científica; eso me llenaba la vida. Luego comencé a enseñar las matemáticas, hice una pasantía en Japón, conocí otras experiencias y volví con la necesidad de aplicar todo lo que había conocido. Ahora estoy en matemáticas teatro. Mi mensaje es que uno debe entregar lo mejor, en cada cosa que uno realiza. No se debe hacer nada por encima; lo haces bien, de lo contrario, no lo haces.

El desarrollo de su trayectoria profesional, desde el arte a la ciencia  ¿es lo que esperaba?
Sí, es que en realidad cada momento que va pasando en mi vida, me siento más realizada y no me arrepiento de dejar algún momento atrás. Y aunque haya tenido que dejar pasar alguna etapa, por circunstancias de la vida, no siento frustración. Cambiar de rumbo siempre es para mejor. Si tengo que doblar la esquina, lo hago, y no miro para atrás.

Y ahora, ¿siente que algo está pendiente?
Hay algo que tengo pendiente y que me pesa… tengo varios escritos guardados de cuentos y libros. No me he dado el tiempo para publicarlos y me gustaría hacerlo.

¿Incursionó también en la literatura?
Sí, la verdad es que siempre tuve la inquietud de escribir una novela. Comencé casi por accidente. Se me ocurrió escribir libros sobre la vida de mis hijos. Me quedaron bastante entretenidos, y me sentí con la capacidad y el entusiasmo de hacer algo más grande, que tuviese relación con sociología contemporánea. Entonces, escribí Siete Reinas de Corazones, que trata del recorrido natural y sin reconocimiento que debemos efectuar las mujeres para cumplir con las metas que nos proponemos, ya sea en lo profesional, o bien, como madres, esposas o amantes.

GESTIÓN CULTURAL

El centro de operaciones de Catalina Cvitanic está en un lugar privilegiado: la ex casa Piñera, ubicada en pleno centro de La Serena. Una casona, cuyos patios son envidiables, con grandes pasillos y frondosas hortensias. Rápidamente nos trasladan a unos cien años atrás.

¿Cuál es su sello en esta gestión?
Mirar la cultura con una visión macro. Un todo, donde se mezcla la ciencia con los temas sociales, porque la cultura es todo: filosofía, matemáticas, física, todo incluido y más. Ahora bien, como equipo nos importa la calidad, es decir, si vamos a ofrecer un espectáculo, que empiece a la hora, y entregar lo que se prometió, de modo que la gente lo valore. No porque el evento sea gratuito, debe ser malo.

¿Cuesta traspasar el gusto por la cultura en esta región?
Cuesta un poco, pero la gente está valorando lo que se entrega. Cuando se presenta algún espectáculo, por ejemplo, en el Coliseo, se llena, y ya no importa si es invierno y hace frio. Y eso lo notamos, también, en las ofertas que entregamos. Lo que sí siento es que la gente de provincia no valora lo suficiente para pagar lo que se ofrece. En una ocasión, presentamos una obra de teatro para niños y la gente preguntaba si los niños pagaban (ríe).

Y por espacios, ustedes no tienen problema
Le hemos sacado mucho provecho a esta casona, de hecho, en el verano, los patios se transforman en un escenario natural. Hemos tenido hasta cuatrocientas personas acá y eso muy positivo, porque en la región no hay tantas alternativas para ofrecer cultura.

¿En qué están ahora?
Acabamos de terminar un curso de cueca y las actividades fijas como: café poético, conciertos de piano, exposiciones y conferencias. Ahora comenzamos a preparar las actividades de verano, con la Universidad de los Niños, y los espectáculos que son doce, en total.

¿Cómo se imagina su futuro? ¿Hacia dónde le gustaría que apuntara su carrera?
De partida, no me veo jubilada a la edad que corresponde. No me imagino sin trabajar, que no necesariamente tiene que ser en esto. Tal vez, me gustaría seguir haciendo clases o como directora de teatro, pero también… escribiendo.


“Le hemos sacado mucho provecho a esta casona, de hecho, en el verano, los patios se transforman en un escenario natural. Hemos tenido hasta cuatrocientas personas acá y eso muy positivo, porque en la región no hay tantas alternativas para ofrecer cultura”.

 

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