Hace poco más de un mes que este deportista talquino llegó con una medalla de plata desde el XIV Campeonato Latinoamericano Juvenil de Tenis de Mesa desarrollado en Puebla, México. Ahora sus sueños son: obtener un triunfo para Chile en el próximo mundial de tenis de mesa que se realizará en India. Luego llegar a los ODESUR, a los Juegos Panamericanos, y culminar su carrera con los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez A.
Luego de llegar desde México con su último triunfo —el que le permitió clasificar para el próximo mundial de su disciplina— Gustavo (18) ya prepara otro viaje, esta vez se va a Europa para realizar un entrenamiento exhaustivo por varios meses, con la idea de prepararse para el Mundial de Tenis de Mesa en India, que se realizará el próximo mes de noviembre.
El don innato, la concentración y la agudeza visual, este deportista, claramente, los lleva en la sangre. Gustavo vio desde muy pequeño entrenar a su padre, a su tío, y también a su hermana mayor que fue seleccionada nacional y que, por estudios universitarios, se retiró. “Mi hermana Geovanna es cuatro años mayor y jugaba desde chica. Fue seleccionada por muchos años y campeona de Chile en varias ocasiones e, incluso, en algunos campeonatos nos tocó jugar juntos”.
Gustavo recuerda haber crecido en este ambiente deportivo. Cuando tenía cinco años, apenas alcanzaba la mesa y se subía a una silla para jugar con su hermana o con su papá. Además, cuando él todavía no tenía edad para competir, iban todos en familia a los torneos en que participaba Geovanna. Su padre —Gustavo— además de ser tenimesista toda una vida, ha sido entrenador, técnico y director de la Asociación de Tenis de Mesa de Talca desde sus comienzos.
Así, este joven deportista —bajo la dirección de su papá y el referente de su hermana mayor— comenzó a jugar cada vez más, empezó a participar en campeonatos escolares y se dio cuenta de que esto era lo suyo, que más allá de la herencia familiar, este deporte le apasionaba. “Siempre me ha gustado el fútbol, pero cuando ya tenía nueve o diez años sentí que el tenis de mesa me apasionaba, me esforzaba por mejorar, y sin darme cuenta empecé a tomármelo en serio”. Así y bajo la orientación de su padre, aumentaron las competencias nacionales, llegaron las medallas, y comenzó a formar parte de la selección nacional. De ahí, muchos viajes dentro del país y al extranjero, participar en importantes campeonatos internacionales y lograr un excelente manejo de juego, lo que le ha permitido llegar lejos.
DISCIPLINA Y ESFUERZO
Para Gómez, su vida diaria ha sido bastante diferente a la de sus compañeros de la misma edad. Como todo deportista, las horas del día son escasas porque debe cumplir con todas sus actividades diarias: ir al colegio, en la tarde entrenar para finalmente llegar a su casa tarde y rendido. Muchas veces, cuando estaba en el colegio, viajaba a competir, y al regresar tenía que rendir una prueba sin estar tan preparado. Pero Gustavo agradece que mucha gente lo haya ayudado en su carrera deportiva, como profesores y amigos, pero sobre todo su familia. “Cuando tenía doce años entré a la selección chilena, fue un tremendo logro, pero tiene un costo emocional. Es un entrenamiento duro, de mucha disciplina y esfuerzo; además, implica estar harto lejos de la casa y, a esa edad, es mucho más difícil”.
En el 2007 jugó en categoría juvenil en su primer campeonato latinoamericano, y por su destacada participación le otorgaron una beca de entrenamiento en España. Con solo trece años, Gustavo se fue a jugar con los mejores de Europa y participó en el Eurokids 2007, donde obtuvo el segundo lugar.
Cuando llegaste a ser seleccionado nacional, te tocó competir con tu hermana o jugar juntos. ¿Cómo fue esa experiencia?
Una vez nos tocó jugar juntos, creo que en un sudamericano y latinoamericano del mismo año. Estábamos en distintos niveles, ella era sub-trece y yo clasifiqué y pasé a sub-quince. Entonces nos tocó participar en la misma categoría, como dobles. En el campeonato nacional de 2010 también fuimos pareja de dobles. Nos apoyamos mucho y creo que se siente una sensación distinta, una confianza especial porque yo sé como ella juega. Y cuando ella competía tampoco nunca hubo rivalidades.
¿Cuáles son las diferencias o costos que tienes que asumir por haber comenzado una carrera deportiva desde tan niño?
Las consecuencias de seguir un deporte desde niño es que uno asume muchas responsabilidades que tienen costos emocionales. Desde séptimo básico empecé a viajar y a ausentarme periódicamente de mi casa para participar en torneos. También he perdido muchos panoramas juveniles, como fiestas o reuniones de amigos, pero son cosas que se dejan a cambio de otras. Al final, todo sacrificio trae recompensas, como mis logros y cumplir los objetivos propuestos en el deporte.
DEPORTE EN CHILE
Gustavo tiene claro que muchos han apoyado su carrera como tenimesista, pero sobre todo agradece a su padre que lo ha guiado y le ha gestionado muchos financiamientos para viajes y entrenamientos. Su papá, gracias a que fue director técnico del CER, por nueve años, pudo ayudarlo en algunas cosas, como en su implementación y otros gastos. De no haber sido así, Gustavo no hubiera tenido los medios para llevar a cabo su pasión. Además, tiene muy claro que en Chile no se puede vivir de una carrera deportiva. “Por eso, muchos deportistas, a cierta edad, dejan su carrera y se ponen a estudiar o a trabajar”.
Gómez acaba de terminar el colegio y se tomó este año para entrenar y dedicarse por completo al tenis de mesa. Pero, a pesar de estar en un excelente momento deportivo y ser el jugador que más medallas regionales ha obtenido, sabe que en los próximos dos años tendrá que decidir qué hacer profesionalmente, y lo más seguro es que opte por una carrera. Por supuesto, su idea es compatibilizar sus estudios y tratar de seguir compitiendo, en forma más amateur, mientras pueda.
¿Quiénes han apoyado tu carrera deportiva?
En primer lugar, mi familia, en forma incondicional, sobre todo ahora que no estoy en mi casa. Vivo en Santiago desde hace tres años, en el hotel del CEO (Centro de Entrenamiento Olímpico), y a pesar de que tengo las mejores condiciones para prepararme deportivamente, ha sido difícil. En el ámbito estudiantil agradezco las facilidades que me dio el Liceo Abate Molina y al director de aquel entonces, Víctor Insulza. También agradezco al Consejo Local de Deportes de Talca, que siempre me ha apoyado a mí y a la asociación de tenis de mesa de nuestra ciudad.
¿Qué opinas sobre las instituciones deportivas de nuestro país?
Creo que falta mucho por hacer y por mejorar el desarrollo del deporte en Chile. Yo comparo con otros países donde he estado, y allá los deportes individuales o de menor escala los apoyan completamente, lo que aquí no sucede. En nuestro país, los auspicios son mayoritariamente de privados que solo apoyan deportes más masivos como el fútbol, por un tema comercial. Por eso es difícil que podamos tener deportistas chilenos dedicados ciento por ciento a su disciplina, ya que aquí no existen a mayor escala —sin contar el fútbol o el básquetbol— deportes con clubes profesionales o una liga, a través de la cual un deportista pueda vivir estable, compitiendo, entrenando y con financiamiento. En mi caso, el tenis de mesa no es un deporte profesional en nuestro país; por eso, si uno quiere dedicarse a esto y que le permita vivir, debe irse al extranjero. O bien, nos obliga a tomar la decisión de dejar el deporte y ponernos a estudiar. Esto es lo más recurrentes en los deportistas de mi edad, que tienen que decidir si el deporte o el estudio, a menos que tengas medios propios para financiarte.
¿Cuáles son tus metas?
Ahora me voy a Alemania, a Eilenburg o a Madrid, todavía no está decidido el lugar. Esto es para un entrenamiento por seis meses, gracias a un proyecto de la Municipalidad de Talca, en conjunto con el gobierno regional. Esta preparación es muy importante para mí, poder jugar con los mejores de otros países, para lograr más experiencia y confianza. Después, viajo en noviembre a India, para participar en el mundial. Como metas futuras, me encantaría estar en los Juegos ODESUR de 2014 y lograr clasificar para los Panamericanos de 2016. Mi sueño es llegar a los próximos Juegos Olímpicos, en Río de Janeiro.
“Las consecuencias de seguir un deporte desde niño es que uno asume muchas responsabilidades que tienen costos emocionales. Desde séptimo básico empecé a viajar y a ausentarme periódicamente de mi casa para participar en torneos. También he perdido muchos panoramas juveniles, como fiestas o reuniones de amigos, pero son cosas que se dejan a cambio de otras. Al final todo sacrificio trae recompensas…”.