Levantarse después de un incendio que lo destruye todo, nos es fácil, pero cuando el teatro se lleva en el alma, todo se hace más simple, así lo tiene muy claro el actor Juan Pablo Sáez (40), quien continúa cosechando éxitos con las obras que presenta en su Teatro San Ginés, e itinerando por Chile.
Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.
Si bien ha estado más alejado de la televisión, solo apareció interpretando a un “pastel” en Soltera Otra Vez de Canal 13 y “como Dios lo echó al mundo” en Infieles de Chilevisión, no es de los que tocan puertas, sino de los que esperan ser llamados, considerando su trayectoria de años. Conversamos mientras ensayaba para presentar la obra Art, otro de sus caballitos de batalla, en la Universidad Andrés Bello de Viña del Mar.
Supe que de chico eres bien comerciante…
¡Cómo supiste! (ríe), como no me sobraba la plata, en vez de acumular bienes en la bodega, vendía los juguetes que ya no usaba y con eso me compraba otra bicicleta mejor.
¿Y por qué no seguiste en ingeniería comercial, tu primera carrera?
Traté de sacar las dos carreras al mismo tiempo y no fue viable. El teatro es 24/7, estás casado con el oficio y el estudio. Además, mi amor por el teatro nació a los doce años, cuando tomé talleres en el colegio San Ignacio con grandes profesores, como Francisco Melo y Felipe Castro.
¿Tu personaje Dj Billy de Adrenalina te marcó en televisión?
Más que a mí, marcó a una audiencia televisiva noventera que lo recuerda mucho. La gente que va al teatro se acuerda más de mí por hitos como la obra Taxi, que superó los cien mil espectadores; Pijamas, muy famosa, y 23 centímetros. Y en cine, B-Happy, Lokas y con El Leyton, con la cual clasificamos en Cannes, San Sebastián y otros festivales.
¿Te sentiste galán en los años noventa?
No, siempre busqué trabajar mis personajes por el lado humano, con su fragilidad e inseguridad, porque los galanes son muy vanidosos y poco humanos. Además, tampoco me considero bonito (ríe), mi apuesta iba por el lado de la simpatía.
¿Por qué animaste Mekano por dos años?
Pese a ser uno de los grandes detractores de Mekano, acepté con la idea de hacer desde dentro algunos cambios. En mi período logré que no hubiera cahuines ni farándula, solo competencias de canto y baile. Renuncié cuando sentí que cumplía un ciclo.
Te volvió a atraer el llamado del teatro…
Sí, eso es lo mío, me permite hacer lo que más me gusta e, incluso, viajar por Chile y el mundo. Me dediqué a dar forma al Teatro San Ginés, que fundé hace catorce años, pasando por etapas de gloria y gran dificultad, como el incendio de 2008.
¿Qué enseñanza sacas del incendio?
Que lo material realmente es solo un medio, la vida de las personas es lo más importante. Recibimos apoyo de muchos y teníamos las ganas de seguir adelante, así que paramos cuatro tablas y a las dos semanas ya estábamos funcionando, pero la infraestructura aún no se termina. Logramos construir una de las dos salas siniestradas (en Mallinckrodt) estamos consiguiendo el financiamiento para levantar la otra, también en el Barrio Bellavista de Santiago. Creo que estando sano y vivo puedes pararte de nuevo una y mil veces.
¿Eres un poco Quijote haciendo empresa de esto, pensando que el público es reacio a ir al teatro?
No me compararía con el Quijote, además cuando uno hace las cosas bien el público responde y viene. Los independientes tenemos que salir a buscar el financiamiento y los recursos para poder subsistir cada mes. Vivimos de las entradas de público, de las empresas que contratan funciones espaciales para fidelizar a sus clientes o de los auspiciadores. Mi queja va más a que el Estado entienda que la cultura es el alimento del alma y es un bien de primera necesidad, que requiere apoyo.
¿Tus padres aún trabajan contigo?
Sí, mi papá, Julio Sáez, está a cargo del área financiera y Lucía Rey, mi mamá, ve cafetería y banquetes. Mi hermana Daniela, que es ingeniera comercial, es la gerente de marketing y tengo un hijo, Lucas (16), que actúa en ciertas obras. Mi otro hijo o hija viene en camino ¡así que no sé si le gustará el rubro! (ríe).
¿Por qué te hemos visto poco en televisión?
Hay que preguntarle a los directores de las áreas dramáticas de los canales, por qué no me llaman. Parece que hay que estar yendo más constantemente a pedirles trabajo y yo claramente, estos últimos diez años, no lo hice. Estoy en conversaciones para una producción dramática del 2013 que aún no se concreta.
¿Y en teatro?
Sigue Taxi en cartelera y la obra Art, en Teatro San Ginés. En itinerancia, nos quedan funciones de la Pérgola de las flores, en algunas regiones de Chile. Hago capacitaciones y talleres en mi teatro, para profesionales de otras áreas como periodistas, abogados o publicistas que quieren mejorar su capacidad de oratoria y desinhibición en sus respectivas labores.
¿Cómo ha sido esto de cumplir cuarenta años?
No tengo ningún rollo con la edad, pienso que es igual a más sabiduría y como mi oficio me permite estar conectado con la juventud, no me siento viejo. Soy el mismo de hace veinte años, pero con más experiencia y seguridad.