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EDICIÓN | Octubre 2012

China: salto (o asalto) a la diplomacia del Mar del Sur

Por Sergio Melitón Carrasco Álvarez Ph.D.
China: salto (o asalto) a la diplomacia del Mar del Sur

El interés chino por el mar comienza con los Ming, dinastía que reinó de 1368 a 1644. La anterior, la Yuan o mongol, manejó la economía orientada al Norte. Por sus conexiones, disponía de libre tránsito por la Ruta de la Seda; pero al decaer esa dinastía Yuan, el paso por el Noroeste se complicó. Forzados por esas circunstancias, los Ming comisionaron al marino y geógrafo Zhenghe, a que saliese a explorar rutas marítimas en la dirección al Sur y al Occidente. Se construyeron dos mil navíos, que se usaron en siete viajes entre 1405 y 1433.  Zhenghe recorrió el Mar de China, el Sudeste Asiático, las costas de India, la Arabia y el África Oriental, invitando a comerciantes a concurrir a Zhōngguó, es decir a China, usando las rutas recién trazadas y cartografiadas. La misión diplomática y comercial de Zhenghe consistió en mostrar las maravillas del imperio, e incitando a participar de su riqueza y protección. La estrategia Ming de atraer a los reinos de la periferia Sur dio resultado y el Mar de China se transformó en una zona de alto tráfico comercial. El sistema funcionó hasta la década de 1860, cuando la dinastía Qing reinante, debió ceder y plegarse a un nuevo sistema impuesto por las naciones europeas; así, la relación con el Sur pasó a manos de otros vencedores. China pocas veces intervino en la política vecinal de manera directa; nunca instaló puestos de vigilancia; tampoco expandió su poder para proteger pasos y estrechos, sino se confió a la dinámica comercial. Su larga experiencia en la custodia de vías de acceso y atracción al comercio la hizo prudente en no amedrentar a los visitantes. Mas, esa ingenua llaneza la hizo ciega a la gradual penetración de los europeos que no tardaron en descubrir el carácter confiado del imperio chino. Después vino el abuso y el desmembramiento. Por eso, en 1949, China se encerró dentro de los muros a reconstruirse políticamente y poca importancia le dio al mundo exterior. El encierro maoísta dio paso a la apertura tras las reformas de Deng Xiaoping; lo que obligó a cambiar de actitud respecto a las reciprocidades exteriores.
Hoy, contrario a las opiniones que ven una expansión china sobre el radio del Sudeste Asiático, o la explicación evasiva que da Beijing, se podría decir que China actúa acomodándose aprehensivamente a las circunstancias: ni afirma, ni niega, sino aprovecha espacios y oportunidades. China participa en foros y grupos que buscan la libertad del comercio, siempre evitando lo que se pueda devolver en su contra, cauta en contraer compromisos que pongan en riesgo sus intereses y afecten su posición y soberanía. Esa precaución se aplica a su relación con la ASEAN, organización que tiene entre sus objetivos, justamente, defenderse de los gigantes regionales. Pero esos socios abrigan querellas y reclamos territoriales superpuestos, a la vista en estos días. China ha percibido las dificultades de entendimiento y está lista para ofrecerse como garante de unidad y paz. Según su justicia, lo mejor sería congelar los reclamos que, siendo de todos, conciernen especialmente al ángel custodio. El gato cuidando el pescado. Pero antes debe marginar a otros que ofrezcan el mismo patrocinio, tema casi logrado entre abrazos y negocios con Washington.

Xi Jinping, vicepresidente y muy probable próximo presidente, habló ante los miembros de la ASEAN, anunciando que China tiene ahora una renovada actitud de diálogo amplio, integral y profundo. “Hay un espléndido porvenir común; podemos crecer y compartir juntos como nunca antes se hizo”. Xi traza en este y otros discursos, lo que será la política regional que le tocará comandar. China evidencia su filoso interés de participar en el esfuerzo por mantener el Sudeste Asiático en orden, para máxima prosperidad general. Las cifras hablan solas: el intercambio entre China y la ASEAN, al comenzar los noventa, era de US$ 7.000 millones. Hoy son casi US$ 400.000 millones. Para China, la estabilidad y el orden en la región es prioridad. China cederá e invitará a los demás a hacer lo mismo, pero en un contexto de reconocimiento a quién lleva la batuta en esta orquesta. Textual de Xi Jinping: “Nosotros seremos muy firmes en la salvaguarda de la soberanía, la seguridad y la integridad territorial; a la vez que nos comprometemos a resolver de forma pacífica las diferencias inter-vecinales en lo relativo a intereses, derechos territoriales y marítimos”. Con maestría diplomática, China abre su círculo, abarcando la ASEAN; filosofía hacia zonas insulares y marítimas enmarcada en una tradición de conservación del libre tránsito y la coexistencia pacífica para prosperidad universal, de vieja y prestigiosa data. El mismo argumento que ofreció la dinastía Ming; la misma línea que mantuvo la dinastía Qing, y que hoy renace como la diplomacia del Mar del Sur.

El artículo completo de doce páginas, se puede solicitar a smcarrasco@vtr.net.

“China pocas veces intervino en la política vecinal de manera directa; nunca instaló puestos de vigilancia; tampoco expandió su poder para proteger pasos y estrechos, sino se confió a la dinámica comercial”.

 

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