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EDICIÓN | Enero 2012

Infinita energía

Carmen Vicuña, pintora
Infinita energía

Con una dulzura y simpatía desbordante, esta reconocida pintora curicana es una mujer que, a través de sus obras de arte, logra cautivar a todo aquel que está frente a una de sus creaciones. Gozadora y divertida, Carmen se ha propuesto imprimir su sello en cada uno de los lugares y objetos que interviene con la idea de hacer de ellos algo único y especial. Su última exposición, Impresiones de Luz, en la galería santiaguina QuQu, la ha vuelto a llenar de energía y entusiasmo y la tiene feliz porque, según confiesa, tiene cuerda para rato.

Por María José Garay A. /fotografía Margarita Landeta R.

Carmen se reconoce enferma de "cachurera" y todo lo que encuentra por ahí le puede servir para decorar algún lugar, para usarlo en una de sus creaciones o, simplemente, lo guarda para cuando aparezca la oportunidad de ocuparlo. Su casa en el campo, ubicada camino a Comalle, en las cercanías de Curicó, es un vivo ejemplo de que realmente, con las cosas más insólitas, esta multifacética mujer arma verdaderas obras de arte. <br /> <br /> Un lindo pesebre hecho por ella en un costado del jardín da muestra de cómo, con mucha creatividad y cosas recogidas por ahí -ramas de árbol, restos de tela, mallas de alambre, piedras de distintos tamaños, entre otros- se puede echar a volar la imaginación y obtener un resultado único y sorprendente. Por dentro, la casa tiene muchas fotografías familiares y, por supuesto, cuadros de su autoría, sumados a otros de su hija menor Josefa y de su nuera Ana María Benedetti. Aquí todo parece puesto con especial cuidado y dedicación. Acogedora y luminosa, sin lugar a dudas, cada detalle en este lugar refleja el alma de esta consagrada pintora, que con su particular estilo, busca crear atmósferas llenas de encanto y cariño, haciendo de su casa un verdadero refugio.<br /> <br /> "He llegado a convencerme de que todo lo relacionado con el arte, la música, la decoración, la jardinería, la artesanía y otras creaciones van de la mano. Me encanta incursionar en cada una de esas áreas y desplegar toda mi energía y creatividad en los proyectos en los que me involucro, y sorprenderme con los resultados". Carmen siempre tuvo el bichito de crear cosas. Confiesa que cuando era chica se entretuvo mucho sola porque vivía también en el campo -en Pelequén, cerca de San Fernando-, era el "concho", la única mujer y tenía mucha diferencia de edad con sus dos hermanos. "Entonces armé mi propio mundo y absolutamente todo me servía para jugar o inventar cosas". <br /> <br /> Recién a los nueve años esta renombrada artista entró al colegio y, según recuerda, no fue una gran alumna. Cuando quiso seguir Bellas Artes, sus papás no la dejaron, por lo que, sin amargarse mucho, optó por hacer cuanto curso se le pasó por la mente. A los veintidós años se casó y armó familia con su marido, Juan Balbontín, en Curicó, con quien lleva cincuenta y tres años de matrimonio. Vivió y crió a sus cinco niños en esta ciudad, hasta que, por razones de trabajo, tuvieron que trasladarse a Santiago, manteniendo, eso sí, su casa en el campo. <br /> <br /> <strong>NUEVOS RUMBOS</strong><br /> <br /> Al llegar a Santiago, Carmen recuerda que, junto con matricular a los niños en el colegio, se metió en cursos de dibujo con Carmen Silva, también en clases de pintura y experimentó con todo lo que pasó por sus manos. También se interesó por seguir a algunos profesores que dictaban clases en la Universidad Católica e iba de oyente con la idea de perfeccionar ciertas técnicas e imbuirse de todo lo que pasaba en materia de arte en general. "Los profesores eran súper agradables con las personas como yo, que ya estaban casadas y tenían niños. Yo valoraba mucho el hecho de que ellos me recibieran en sus clases, porque no se pagaba nada, y recibías todos los conocimientos y amistad. Esto claramente te llevaba a ser mucho más responsable, porque te dabas cuenta de la gran oportunidad que estabas teniendo".<br /> <br /> <strong>¿Y como lo hacía para organizar su tiempo entre la universidad y los niños?</strong><br /> El tema no fue difícil, los niños eran súper independientes y sabían que yo, para las cosas importantes, siempre estaba con ellos.<br /> <br /> Durante todos esos años, Carmen siguió  pintando y perfeccionando su técnica, buscando encontrar su propio estilo. "Yo creía que el óleo era lo óptimo, me costó veinte años darme cuenta que eso no era cierto. Alguien me convenció de que si no era eso no era nada. Para mí es una lata, con mucho respeto por quienes lo usan. Lo mío va por lo más suelto, rápido, más espontáneo, el óleo es para los que pintan más delicadamente". Hoy Carmen Vicuña es reconocida en el medio por su temática sobre la figura humana que, sin ser figurativa, reduce el cuerpo a contornos, los insinúa mediante torsos que resultan muy atrayentes. Notable es su manejo del color en gamas de blanco, negro y beige, con toques de rojos fuertes y cálidos que agregan a su obra una nota de audacia.<br /> <br /> <strong>¿Cuáles son las técnicas con las que se siente más cómoda?</strong><br /> Me gusta trabajar con el acrílico, experimentar con técnicas mixtas, papeles, tintas, láminas. <br /> <br /> <strong>¿En qué minuto su trabajo comenzó a ser reconocido?</strong><br /> Las cosas que yo iba haciendo empezaron a gustar. Se dio naturalmente. Me ofrecieron hacer exposiciones, la primera fue en el Instituto Cultural de Las Condes. Después me empezaron a llamar. Debo haber tenido entre treinta y cuarenta años en esa época. Me empecé a creer el cuento, participaba en concursos.<br /> <br /> <strong>¿Siente que ya tiene un nombre en el circuito artístico?</strong><br /> Tener un nombre en el mundo del arte se fabrica con mucha delicadeza. Cada uno se maneja a su pinta. He tenido la suerte de poder elegir y ser libre, seguir avanzando y hacer lo que tengo ganas de hacer, meter la pata, sin ninguna presión. Lo importante es saber que tengo que aprender un cerro de cosas todavía. Hoy estoy en la galería QuQu de Alejandra Quintana, en Santiago, con una exposición que se llama Impresiones de Luz y estoy feliz porque ella se ha encargado de todo y eso me permite seguir gozando de toda la libertad del mundo.<br /> <br /> <strong>¿Cuál ha sido su mayor logro como pintora, alguna exposición, algo que recuerde con especial cariño?</strong><br /> No tengo un registro de nada de lo que he hecho, solo sé que tengo a mi haber diecisiete exposiciones personales; que he llevado cuadros a México, Estados Unidos y Francia y, la verdad, nunca le he dado mayor importancia a las cosas que he ido creando. No me creo mucho el cuento, solo lo disfruto al máximo y me considero muy afortunada de poder hacer lo que me gusta. Hoy puedo estar pintando, mañana haciendo cosas en gres o experimentando con distintos materiales. Me gustaría tener más tiempo. Por ejemplo, nosotros tenemos un hotel en Curicó, Raíces, y me preocupo de muchos de los detalles, de la decoración, de que todo esté bien y funcione.<br /> <br /> <strong>¿Sus pintores chilenos favoritos?</strong><br /> Dentro del circuito me gusta Samy Benmayor, Bororo, Ana María Benedetti, Hugo Marín, que es lo máximo, es escultor y pintor con un gusto increíble, María Elena Mardones, muy amiga mía; en fin, la lista es larga...<br /> <br /> <strong>¿Ha pensado alguna vez hacer clases?</strong><br /> ¡No!, me carga hacer clases, no tengo paciencia y no soy profesora. Como ya comenté, hay que saber guiar sin que se note tu mano, sin intervenir más de la cuenta, dejando que cada cual saque su máximo potencial, y eso es muy difícil y, de verdad, no creo que yo sirva para aquello.<br /> <br /> <strong>¿Algún tema pendiente con la pintura?</strong><br /> Me gustaría saber que lo que estoy haciendo está bien, pues a veces soy muy insegura en eso. Gozo con lo que hago, pero cuando otra persona me pide un cuadro de regalo, por ejemplo, me pongo nerviosa pensando que no le va a gustar. Si alguien lo compra es porque realmente le gusta, eso es diferente.<br /> <br /> <strong>¿Algo que pedirle a la vida?</strong><br /> Nada, soy una afortunada, bendecida, qué más puedo pedir. Para mí lo más importante ha sido mi familia, mis niños, mis nietos, el cariño que tengo de todos ellos. El estar juntos. Una de las cosa buenas que llegan con la experiencia y los años es que después de haberte preguntado tanto el para qué hago esto o lo otro, qué quiero hacer con el don que Dios me dio, descubres que solo quieres crear, que eso te satisface, todo lo demás viene de "yapa".<br /> <br /> <em><strong>"He llegado a convencerme de que todo lo relacionado con el arte, la música, la decoración, la jardinería, la artesanía y otras creaciones van de la mano. Me encanta incursionar en cada una de esas áreas y desplegar toda mi energía y creatividad en los proyectos en los que me involucro, y sorprenderme con los resultados".</strong></em>

 

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