Por Francisco Ortiz C. / fotografía Vernon Villanueva B.
Se declara como una profesional a cabalidad. La exigencia es lo suyo, pues trata que sus pupilas sean lo mejor en lo que hacen, sin importar si quieren aprender a hacer una invertida o si se preparan para ir a los Juegos Olímpicos. Da lo mismo si es día o noche, esta Head Coach siempre busca el perfeccionamiento a base de esfuerzo y trabajo, pues para ella la gimnasia es un estilo de vida.
A la cita llega acelerada, cree que viene atrasada, pero no, está en punto donde habíamos acordado. La prisa es porque estaba en una reunión importantísima que le consumió parte de la mañana, en la cual buscaba comenzar a cimentar un proyecto que le permitirá seguir trabajando en su gran pasión: la gimnasia. Todo esto en caso que se concrete, por lo que prefiere mantener en suspenso de qué se trata.
Con 47 años a cuesta, Mabel González disfruta de la gimnasia. No es sólo un deporte o su trabajo, sino su forma de vida. Todo gira en torno a esta disciplina a la que ha estado ligada por casi 40 años, de los cuales ,24 se los ha pasado en el Colegio Saint Dominic enseñando lo que más sabe, y que desde hace un par de años la tiene en el puesto de Head Coach del Club Deportivo Saint Margaret’s.
Nacida en Rancagua, vivió sus primeros años en la ciudad histórica, donde su padre trabajaba en Codelco. Luego de unos pocos años se trasladó a la Quinta Región junto a su familia, donde ha permanecido hasta el día de hoy, lugar en que comenzó su amor por la gimnasia.
¿Cómo nace tu pasión por la gimnasia?
Siempre me encantó el deporte, yo era una persona inquieta. Mi primera noción con la práctica deportiva fue haber corrido en una competencia que organizaba Codelco, de ahí surge un poco la pasión por este estilo de vida. De muy chica fui apasionada por la gimnasia y empecé a buscar instancias para poder realizarme en esta disciplina. Partí en el colegio y empecé a ir a torneos escolares. Yo de todas, era la más mala en condiciones… pero la más empeñosa.
¿Hubo algún hito que te hiciera inclinarte por este deporte?
Con Nadia Comăneci vino el boom. Ahí me enamoré de la gimnasia hasta el día de hoy. Y cada día que pasa esta pasión aumenta.
¿Cómo fue el inicio?
Nos fuimos a vivir cerca de Quilpué y empecé a buscar por mi propia cuenta dónde poder practicar. Me levantaba como a las 6 de la mañana y me iba sola a Playa Ancha. Era muy chica, entrenaba gimnasia en CENDYR (Centro de Deportes y Recreación) donde estaba el velódromo, frente al Estadio de Playa Ancha. Ahí además había una piscina al aire libre, y nadaba en pleno invierno. Finalmente competí en natación y gimnasia, pero sin duda era esta última lo que más me apasionaba. Confieso que no era buena en eso, pero siempre fui muy empeñosa y no me di por vencida nunca.
Con tan solo veinte años, mientras estudiaba Educación Física en la universidad, Mabel comenzó a forjarse como profesora de gimnasia. Diez años después tuvo la posibilidad de realizar un viaje a Europa en países como Alemania, España, Italia y Francia, adquiriendo experiencia en los países que son potencia en este deporte.
¿Quién te inició en la enseñanza de la gimnasia?
Mi gran profesora y gran maestra, fue Lelya Echeverría. Con ella me empecé a formar
como profesional. Fui su ayudante en uno de sus grupos en el cual había varias seleccionadas chilenas. Para mí fue una gran escuela y le estoy muy agradecida. Fueron dos o tres años con un perfeccionamiento al más alto nivel.
¿Qué es lo que más te llamó la atención en Europa?
En España vi escuelas de gimnasia repletas de niños, no estas pequeñas elite que había visto acá formadas por seis o siete niñas!! Eran 80 niños, en distintos niveles, que iban felices a entrenar y eso me encantó. A todos se les daba la posibilidad, ahí supe que eso era lo que yo quería lograr acá, y el Saint Dominic me dio esa oportunidad: desarrollar una academia abierta a la comunidad que funciona todos los sábados, con ocho profesores y cincuenta y cinco alumnas.
¿Cómo se da la llegada al colegio?
Estaban buscando una profesora de Educación Física que le gustara la gimnasia. Había una rama, a la cual no le iba muy bien del todo. Ahí empecé de a poquito, venía con todo ese ímpetu de joven titulada y con ganas de enseñar lo que tanto me apasiona. Al poco tiempo me comenzó a ir muy bien a nivel escolar.
¿En qué se notó ese éxito?
Competíamos a nivel escolar regional y nacional federado. Creo que fuimos el único colegio que tuvo un equipo campeón nacional federado en nivel iniciación, el resto eran casi puros clubes. Hoy nos mantenemos entre los tres primeros lugares a nivel escolar.
También formaste a María José Rosselot, miembro de la primera representación chilena en un Campeonato Mundial de Gimnasia (Lausanne 1997)…
María José era un talento, sobresalió del grupo y llegó a un nivel tan alto que le dije a sus padres que no podía seguir entrenándola porque no tenía los medios , debía dejarla partir, no podía ser egoísta. El papá me ofreció incluso hacer un gimnasio pero no me atreví. Y se la llevaron al Gimnasio Andino y luego a la rama de la U.C. de hasta llegar al Campeonato Mundial, si no me equivoco, de la mano del mismo entrenador ruso que formó a Tomás González.
¿Eres exigente como entrenadora?
Yo enseño incluso una simple invertida como si fuera a ir a los Juegos Olímpicos. La enseño con técnica, ciento por ciento, y si la niña no lo hace, no lo acepto, porque quiero que logren en cada uno de los movimientos el máximo de perfección. Siempre digo que para hacer algo en la vida, se debe hacer bien. Quiero lograr que las niñas tengan fuerza de voluntad que luchen por sus sueños, mujeres con carácter y que disfruten la vida plenamente. En el plano académico exijo nota sobre 6.0.Durante las prácticas solo está permitido beber agua, comer frutas o cereales. Somos deportistas y hay que tener buenos hábitos alimenticios. Soy formadora y entrenadora. Las alumnas saben las reglas y las respetan.
¿Cómo es la relación con las gimnastas?
Las niñas son como mis hijas, así las quiero y así las siento. Me encanta la retribución que hay, me encanta cuando van aprendiendo, son agradecidas, cariñosas Y a pesar del respeto existente siempre hay demostraciones de cariño y afecto de las niñas. Siento una atmósfera agradable, niñas felices y plenas.
¿Quiénes componen tu grupo de trabajo?
En el colegio trabajo con la profesora, Paola Peñailillo, mientras que en la academia Saint Dominic y en el club Saint Margaret´s somos nueve en total. Algunos son profesores y otros cursando el último año de Educación Física, todos gimnastas. Ahora último se sumó Lautaro Valenzuela, quien ha trabajado en el alto rendimiento de la gimnasia, tiene mucha experiencia.
Con veinticuatro años en el Colegio Saint Dominic y dos como head coach en Saint Margaret´s Sports Club, Mabel González se siente agradecida de su carrera y de la gente y apoderados que la ha apoyado. Si bien reconoce que aún le quedan muchas metas por cumplir, concluye que va por buen camino. Cuenta con el apoyo de dos grandes instituciones que respaldan su trabajo, a más de 150 gimnastas que tiene a cargo y un gran equipo de trabajo.
Se te ha valorado por todo tu trabajo…
De todas maneras. A nivel escolar nos reconocen en todo el país. Me siento valorada y con una alta autoestima profesional. Todo lo que hemos logrado ha sido consecuencia de mucho profesionalismo, y existe una gran satisfacción cuando los buenos resultados se dan.
¿Algún sueño por cumplir?
Mi sueño sería tener una sala especial de gimnasia, con los requerimientos esenciales para trabajar bien y lograr un nivel más avanzado que el actual. Y de ahí, en unos años más proyectarme a nivel nacional e internacional. Sueño con una seleccionada nacional formada cien por ciento en la zona. Confío en mis condiciones.
“Las niñas son como mis hijas, así las quiero y así las siento. Me encanta la retribución que hay, me encanta cuando van aprendiendo, son agradecidas, cariñosas Y a pesar del respeto existente siempre hay demostraciones de cariño y afecto de las niñas. Siento una atmósfera agradable, niñas felices y plenas”.