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EDICIÓN | Octubre 2012

¿Pa`onde va la moto, ah?

Por Nicolás Larraín
¿Pa`onde va la moto, ah?

Escuché  que el noventa y siete por ciento de las decisiones de compra son inconscientes… al principio no lo creí, pero después me puse a leer sobre el tema y al analizarme a mí mismo, confirmé que así es.
 

No me hagan contar mis decisiones más personales porque ya entre el programa de radio y el futuro programa docu-comedia-reality sobre mi vida que saldrá en el cable, estoy revelando demasiadas cosas íntimas. Efectivamente, confirmé que había algo que no quería hacer por mucho tiempo, pero que tenía la idea que me rondaba en la cabeza. Este fin de semana, con un pisco sour heladísimo, mirando al mar en Concón, mi playa de toda la vida, con la misma y más abultada deuda de los últimos años, tomé una decisión a la que me había resistido por un largo período. ¿Qué cambió? Solo dos cosas: la vista y el pisco sour. Todo el resto es lo mismo.

Entonces se me están viniendo a la mente chorrocientas mil cosas que me doy cuenta que decidimos, no solo de compra, sino que de vida, dependiendo de la música que esté sonando, de los colores del entorno, de los olores reinantes o de los sabores que estemos degustando. Para qué decir de lo que estemos tocando o quien nos esté besando o acariciando.

Así es, pienso en tanto discurso de experto inundando todo el conocimiento humano, desde los siglos más pretéritos con todo tipo de certezas, sobre el comportamiento de las personas con su típico racional causa-efecto que “ahoritita mismo” se está cayendo a pedazos por todos lados. Aunque aún exista un puñado de viejos pechugones (igual con mucho poder) que no se dan cuenta que están en el Titanic, a minutos del iceberg, y que no son capaces de escribir en Google tres simples palabritas: cerebro, emociones, decisiones para darse cuenta de lo que está cambiando. En especial, recomiendo un artículo que me ha llegado por distintas fuentes a mis mails: “El cerebro emocional que nos engaña y bloquea la innovación”, para ver si alguien comparte mi reflexiones.

El mayor problema del establishment o, mejor dicho, de esos viejos pechugones achanchados en lo millones verdes que han ganado en todos sus años de vida laboral, es no creer en el tamaño del cambio que se viene. Como han ganado tanta plata, no pretenden moverse o correr algún riesgo con algo desconocido. Sin embargo, basta ver la debacle de Europa para saber que, a lo menos, tenemos que abrir un poco más los ojos o no confiarnos tanto en nuestras típicas y exitosas maneras de hacer las cosas.

¿O no me van a decir que un banco grande, grande, diciendo que a veces es mejor no endeudarse tanto, no les parece por lo menos “distinto” a lo que estamos acostumbrados? A mí solo me basta caminar un poco por la calle y ver a la mitad de la gente chateando por whatsapp totalmente gratis, para por lo menos reconocerme un poquito escéptico o ignorante frente a alguien que me pueda decir pa`onde va la moto.

Nadie hoy puede asegurar qué vamos a estar haciendo en… ¿veinte?, no, ¿en diez?, no, ¿en cinco?, no, en tres años más. Si vamos a empezar a ver televisión de todo el mundo gratis en tu pantalla de tv. No, perdón, en tu celular, que además va a ser tu carnet de identidad, llave del auto, llave de la casa, reloj, billetera, etc. No va haber Transantiago. Puro metro, bicicletas y autos eléctricos. No sé, quizás me estoy rayando, pero siento que cosas como estas nadie se atreve a desmentirlas hoy por hoy. Entonces, bajemos el tono, escuchemos a los que hablan algo distinto y reflexionemos un poquito para no creernos tanto que las sabemos todas. Yo, al menos, les juro que estoy cada día más calladito, aunque no me crean. Amén.

“El mayor problema del establishment o, mejor dicho, de esos viejos pechugones achanchados en lo millones verdes que han ganado en todos sus años de vida laboral, es no creer en el tamaño del cambio que se viene”.

 

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