A través de su mueblería taller Campo Terraza, este porteño, radicado en Limache, convierte el pino oregón nacional y el raulí en mobiliario elegante y funcional, rescatando una tradición casi olvidada en la región.
Por Maureen Berger H. / Fotografías Vernon Villanueva B.
Siempre elegantes, cálidos, acogedores y hogareños, los muebles en madera de pino oregón nacional y raulí, envuelven los ambientes de un modo especial, realidad que tiene muy clara Efraín Zambrano Vergara (70), mueblista porteño de la vieja escuela que hoy, radicado en Limache, hace todo tipo de mobiliario para comedor, living, dormitorio, sala de estar y terraza interior, imprimiendo su sello artesanal.
Efraín nació en Valparaíso y es el menor de ocho hermanos, “nunca estuve solo, además crecí en un cerro y en aquellos tiempos éramos amigos de todos, así que cuando jugábamos normalmente nos juntábamos más de veinte vecinos del barrio”, recuerda con una sonrisa en el rostro.
Su familia la integran su mujer Pilar y su hija Mayra Fernanda, además, tiene dos hijos de un matrimonio anterior; Olga Lidia, que es bióloga y Williams Efraín, ingeniero. De sus inicios laborales es sincero al confesar sus tropiezos: “comencé instalando una frutería que solo duró como tres meses. No era lo mío y no fui capaz de manejarlo solo. ¡Perdí no sé cuanto!”.
No obstante, en el rubro en el cual hoy es exitoso partió por mera casualidad: “mis inicios en mueblería fueron fortuitos. Yo trabajaba en la ex Empresa Portuaria de Chile y, en 1976, mi polola de aquellos tiempos —y actual señora— se cambió de empleo y se fue a una fábrica de muebles llamada Jorge Lehuede, en el Barrio O´Higgins de Valparaíso, donde tuve un primer contacto con la madera”. Posteriormente, Efraín se fue a vivir a Venezuela y allá entró a trabajar en el departamento de muebles de una gran tienda. “Como las ventas superaban la producción, los operarios del taller de muebles teníamos que trabajar muchas horas extras, de lo contrario no se podía cumplir con los pedidos de nuestros clientes, de esto hace más de treinta años”.
SIN ROCOCÓ
¿Cómo fue su llegada a Limache con estos muebles?
Recuerdo que desde nuestros primeros meses en Limache causamos sensación, porque no había ni hay en el sector un negocio como el nuestro. Las ventas son parejas y ha sido imposible aumentarlas, pues no hay en el mercado local carpinteros de muebles de madera ni tampoco mucha existencia de madera buena para esto. Normalmente, debo ir a comprarla a Santiago.
¿Qué estilo lo caracteriza?
Mi estilo es bien definido, con artículos apropiados para el campo. Diseño muebles bien fuertes y firmes, pero sencillos, de líneas simples, sin rococó. Así nació mi empresa, que llamé Mueblería Campo Terraza.
¿Por qué escogió trabajar solo dos tipos de madera?
Los artículos que nosotros hacemos son en madera de raulí, por su belleza y fina terminación, y en pino oregón nacional, por su calidez y presencia algo más rústica. Con esto me basta.
¿A qué se debe que se defina como mueblería artesanal?
Bueno, cada vez que puedo me gusta dejar claro que somos una mueblería artesanal más ligada al arte, pues no hacemos las cosas en serie. Todo se elabora uno en uno, se vende y se hace otro. Si alguien necesita dos muebles iguales, debe pedir los dos en una misma oportunidad. Por esta misma razón, no trabajamos para las grandes tiendas, ni exportamos, ni tampoco tenemos sucursales. Nuestra propaganda está en el boca a boca, entre amigos, familiares, compañeros de trabajo, etc. También estamos en internet
www.muebleriacampoterraza.cl.
¿Qué muebles están haciendo?
Hacemos todo tipo de muebles para comedor, living, dormitorio, sala de estar y terrazas cerradas. En general, no hacemos muebles de cocina porque como trabajamos en madera pura, resultan muy pesados para colgarlos, salvo que vayan apoyados en el suelo. Me enorgullece el estilo y calidad de todo lo que nace en nuestro taller. Hacemos, por ejemplo, muebles con cubiertas de dos pulgadas, con cajones reafirmados y en general, súper pesados.
¿Por qué piensa que se está perdiendo el oficio de mueblista?
El oficio de mueblista se ha estado perdiendo porque las maderas duras han sido reemplazadas por macizas o por maderas confeccionadas por chips, las que se mandan a cortar y solamente se arma el mueble. Por otro lado, tampoco se enseña la profesión en universidades o escuelas de artes y oficios. Solo queda, entonces, los que aprenden por los conocimientos que les derivan sus padres o abuelos.
¿Y su familia participa en la empresa?
Claro, debo reconocer que Pilar, mi señora, es mi gran ayuda y mi hija Mayra actualmente está aprendiendo la artesanía en totora sobre pisos y sillas. Además, ella se desenvuelve de maravillas en el manejo de los trabajadores y atención de público.
¿Es cierto que usted sueña con crear una escuela?
Sí, como objetivo tengo en mente, desde hace mucho tiempo, crear una escuela para enseñar el oficio de maestro mueblista en madera. Alguna vez espero cumplirlo.
“Recuerdo que desde nuestros primeros meses en Limache causamos sensación, porque no había ni hay en el sector un negocio como el nuestro”.