Cuadros, mesas, bandejas, figuras y todo lo que uno se pueda imaginar hecho a partir del mosaico, es la técnica con la que hoy Marisol traspasa todo lo que siente, cuenta su historia, sus vivencias y expresa sus emociones. Lo mismo les enseña a sus alumnos: dar rienda suelta a la imaginación y crear con sentimiento, a través de la estética y funcionalidad.
Por María Paz Macaya O. / fotografía Javier Gutiérrez A.
Su amor por el arte fue motivado, desde pequeña, por su abuela, quien descubrió esa veta artística, esa sensibilidad especial que Marisol llevaba en el corazón, en las manos y en sus ojos. "Mi nonna me motivó, ella pintaba y me fue mostrando el mundo del arte. Me regalaba pinturas y telas; así comencé. A los once o doce años, empecé a descubrir que esto me gustaba. Al salir del colegio quise irme a Santiago a estudiar arte, pero mi mamá no me dejó. Entonces, me quedé en Talca y entré a estudiar pedagogía en arte".
Por veinticuatro años se dedicó a enseñar arte en un colegio de Talca, y después de eso llegó un momento en su vida que sintió ganas de hacer algo distinto. "Mi primer trabajo fue en una escuela rural en Keri. Ahí, vi como los niños desarrollaban su creatividad, mejoraban su concentración y fortalecían su autoestima".
"Cuando terminó mi trabajo en el colegio, mi hijo me dijo que tenía que reinventarme, porque el arte era mucho más que pintura". Esa frase fue la que empujó a Marisol a incursionar en otras técnicas.
<strong>TROZOS DE COLORES</strong>
La casa de esta artista está llena de cuadros con firma propia, cada uno refleja lo vivido en las distintas etapas de su vida. Sus creaciones en mosaico también decoran cada rincón: mesas, cuadros, bandejas y figuras, como una rana cubierta en mosaico que está junto a la piscina y lanza un chorro de agua. Colores y trozos que puestos de manera y combinaciones distintas dan forma a trabajos artísticos vivos, innovadores y entretenidos que transmiten conceptos, movimiento y emociones.
En búsqueda de hacer cosas nuevas, Marisol descubrió el mosaico, y un verano, en Viña del Mar, tomó cursos sobre esta técnica. También en Santiago participó en algunos talleres para interiorizarse más. "Yo busco la novedad, la perfección en lo estético. Lo importante es que lo que haga me satisfaga a mí. No es copiar ni hacer lo que más se vende o lo que más gusta. La idea es hacer cosas nuevas, inventar, probar y, realmente, crear algo que me deje conforme".
La idea de poseer su propio taller siempre fue algo que Ballart tuvo pendiente, hasta que llegó la oportunidad de arrendar una sala en el condominio Villa Esmeralda, donde ella vive. "Mi idea, al principio, fue hacer una casa para el arte, donde se impartiera danza, pintura, mosaico o música. Que fuera un espacio para la mujer y también para la tercera edad. Y aunque no logré hacer esto en forma tan masiva, mi taller tiene esa esencia, sigue siendo así, un lugar abierto para todos, y cada uno hace lo que quiere, elige en qué va a trabajar, algunos están pintando, otros hacen mosaico. Esto es libre, yo solo los asesoro en la técnica". Aquí Marisol ya posee varios alumnos, niños, jóvenes, y mujeres.
<strong>¿Qué es lo que te gusta del mosaico?</strong><br /> Me encanta porque es como la pintura, irrepetible, es una obra personal y creativa. Cuando se está haciendo, vas configurando los trozos con distintas texturas y combinaciones de colores, y se te van ocurriendo ideas para usar otros materiales, no solo cerámica, sino que pedazos de corteza, vidrio, cuero o conchitas.
<strong>RECICLAJE EN EL MOSAICO</strong>
El arte del mosaico es una técnica milenaria que, a lo largo de la historia de la humanidad, se ha ido desarrollando y enriqueciendo. Sus estilos y los materiales han variado, de acuerdo a cada época, hasta llegar a la actualidad, en que las obras con trozos siguen cambiando: ahora más vanguardistas, en colores más atrevidos.<br /> Las últimas tendencias en mosaico apuntan a usar materiales reciclados, reutilizar cosas que ya no sirven, y que sus pedazos den colores, brillos o texturas diferentes, novedosas y originales. "Después del terremoto, en Talca nos empezamos a encontrar con pedazos de cerámicas antiguas que estaban rotas, con maderas de puertas, ventanas o postigos que estaban inutilizables, pero eran muy bonitas. Entonces comenzamos a reciclar cualquier resto que pudiera ser trozado para trabajar en mosaico y resultaron obras increíbles y muy originales".
<strong>¿Qué has creado con materiales reciclados?</strong><br /> Una mesa, por ejemplo, que hice con una ventana que encontré. Bajo el vidrio realicé el trabajo en mosaico y quedó una combinación perfecta, con tonos que se integran con la madera. También he trabajado con pedazos de cuero, cortezas, vidrios, conchitas de mar y eso le da a todo objeto tonalidades y texturas muy novedosas.
<strong>¿Qué es lo que más has hecho en mosaico?</strong><br /> No sé si haya algo que más he hecho, porque he probado mucho, me gusta inventar. Todo en esto es un crecimiento creativo, uno va pasando etapas, igual que en la pintura. También tiene que ver con los momentos de tu vida. Yo creo que al principio las imágenes que hice en mosaico tuvieron que ver mucho con el campo, la naturaleza, la tierra. Eso es lo que me conecta con mis raíces, con mi infancia en el campo. Después pasé por un momento de mucha espiritualidad, hice cantidad de imágenes religiosas y vírgenes. Pero quise hacerlo de manera distinta, con más colorido, no imágenes aburridas, con poco color, apagadas, sino que fueran dibujos religiosos alegres, vivaces, que llamaran la atención, que no pasaran desapercibidos. Ahora estoy en una nueva etapa de búsqueda.
<em><strong>"Siempre sigo buscando la novedad, la perfección en lo estético. Lo importante es que lo que haga me satisfaga a mí. No es copiar ni hacer lo que más se vende o lo que más gusta".</strong></em>