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EDICIÓN | Septiembre 2012

Forjando un sueño

Miguel Sepúlveda
Forjando un sueño

Es representante de una de las empresas más tradicionales de nuestro territorio. Ferrocarril de Antofagasta nació hace más de ciento veinte años para brindar servicios de transporte y conectividad. Hoy, FCAB forma parte del Grupo Antofagasta PLC y asume un rol de liderazgo en la conservación y puesta en valor de nuestro patrimonio, un desafío que su gerente general considera propio y que proyecta hacia la comunidad a través de un concepto que toma cada vez más fuerza: la creación del cluster cultural.

Por Claudia Zazzali C. / Fotografías Andrés Guitérrez V.

La historia de nuestra región está ligada al ferrocarril. En cada una de sus estaciones se forjaron sueños de cientos de hombres y mujeres que llegaron a estas tierras buscando cambiar su destino. Miguel Sepúlveda, gerente general de FCAB conoce cada detalle de este pasado y sabe que reconocerlo es fundamental para construir un futuro mejor.

“Entendemos que tenemos uno de los patrimonios históricos más importantes de la región y por ende, hemos querido hacer una contribución a nuestra comunidad, poniendo en valor el legado histórico que se refleja en los edificios que albergaron nuestras primeras oficinas, rescatando la colección de coches, las locomotoras a vapor y todos aquellos objetos que han sido recuperados para dejarlos como un legado a las futuras generaciones”, declara Sepúlveda.

¿Es muy costoso el proceso de recuperación?
No solo es alto el valor de restaurar, sino además el de mantener. Sin embargo, como empresa nos sentimos muy gratificados al ver que estamos entregando algo útil a la comunidad. Como organización nos dimos cuenta de lo importante que es el edificio que hoy usamos, pues este lugar fue la primera estación que tuvo Antofagasta y es importante que toda la comunidad se diera cuenta de aquello. Por ello, lo abrimos como un espacio de difusión cultural y artística donde todos se sientan parte de una historia común.

¿Por qué nació esta inquietud de recuperar espacios?
Una estación de trenes era un lugar lleno de vida, llegaba gente de todas partes que se desembarcaban precisamente acá al frente, en el Muelle Hisórico. Eran inmigrantes que quizás se alojaban en algunos hoteles o simplemente se sentaban en la estación a seguir su rumbo, conversaban, hacían negocios. Las personas compartían sus ilusiones, sus sueños de cambio de vida. Venían a instalarse a Antofagasta, Calama o Bolivia desde lugares lejanos como Grecia, Yugoslavia o el sur de Chile, llenos de entusiasmo, dejando atrás la tristeza de un pasado que querían convertir en algo mejor.

Pero a pesar de ya no ser estación, FCAB aún tiene aquí su administración…
Efectivamente nuestras operaciones se manejan desde aquí. Pero hemos abrir las puertas de este lugar, de manera de reconfigurar ese pasado y lograr que las personas disfruten de nuestras instalaciones cada vez que esto sea posible. En Antofagasta no hay un lugar donde la gente vaya sin el objetivo de consumir. Los espacios culturales están disgregados y como ciudad, necesitamos de un punto de encuentro donde la gente asista con otro estado de ánimo, que es más bien el compartir, entretenerse, sentirse miembros de una comunidad.

¿Eso es lo que quieren lograr? ¿generar un lugar donde se configure nuestra identidad?
Efectivamente. Por eso como empresa hemos logrado producir una serie de eventos que lleven a la reflexión. Hemos traído óperas de alta factura como “La flauta mágica”, teatro clásico de Shakespeare, de Calderón de la Barca, orquestas sinfónicas, baile flamenco, todo en un espacio abierto donde la gente entra más relajada. Hemos ido recreando lo que ocurre en otras ciudades del mundo, donde la gente va a espectáculos al aire libre de forma masiva. Sabemos que es una necesidad, porque la respuesta de la gente ha sido maravillosa.

Bajo la filosofía del ganar-ganar ¿Cuáles son los beneficios que ustedes obtienen?
Hay varias formas de mirarlo. Hoy en día la competencia por el capital humano es enorme y atraer talento hacia Antofagasta no es una tarea fácil, porque significa sacar a las personas de su lugar de origen e invitarlas a vivir en un entorno nuevo, que para muchos puede parecer agreste. Entonces, generar un espacio como este, que contribuya a mejorar la calidad de vida, contribuye a que Antofagasta sea una ciudad más atractiva para las familias. ¿Y el ferrocarril qué tiene que ver con eso si la gente se va a las mineras? Básicamente son nuestros clientes y si ellos cumplen sus objetivos, nosotros también.

Muy buen punto, además de mantener felices a sus propios trabajadores…
Nosotros buscamos gente talentosa que sea de la región, pero hay disciplinas que solo encontramos afuera y siempre es bueno proyectar la preocupación que tenemos por nuestra gente. Somos una empresa centenaria y nos sentimos con el deber de devolver algo a la comunidad que nos ha acogido. Además, el principal controlador de esta compañía es la familia Luksic, cuyos orígenes están acá y hay un tremendo cariño de los hijos y la viuda de don Andrónico por esta ciudad. Entonces si bien esto es un negocio y como empresa tenemos metas financieras, para la compañía y la familia Luksic es fundamental aportar a la ciudad.

CIUDADANOS COMPROMETIDOS

“Antofagasta nació como una ciudad ferroviaria y portuaria, para exportar minerales, transportar materias primas, recibir gente para el desarrollo de territorio, es decir, aquí hay una necesidad primaria que es mantener el contacto con el mundo”, reflexiona Sepúlveda.

¿Y en este escenario qué rol juegan las personas?
Yo creo que existe una evolución institucional y personal, en que nos damos cuenta que existen cosas que nos incomodan y que debemos hacer algo por cambiarlas. Esto es algo que  vivimos en Ferrocarril, donde nos sentimos ciudadanos comprometidos. Sería más fácil aportar con un cheque. Pero al interior de nuestra organización, lo que buscamos es un compromiso real.

¿Es un perfil del trabajador de FCAB?
Creo que es un filtro que se da de manera natural. Muchos de nuestros funcionarios trabajan en diversas instituciones. Algunos en puestos más visibles y la gran mayoría tras bambalinas. Y es que más allá de los formalismos, de verdad queremos ser protagonistas del desarrollo de la ciudad. Muchos son de la ciudad, otros hemos venido de afuera, pero nos mueve lo mismo. No podemos quedar impávidos ante lo que nos rodea porque está en nuestras manos dejar un mundo mejor. Y lo que queremos lograr es mucho más que simplemente hacer actividades con los recursos que podemos destinar a aquello, porque además de formar parte de una gran empresa, queremos sentirnos mejores personas.

¿En este contexto nace el concepto de cluster cultural?
Ese es un verdadero sueño y nace de observar el entorno. En Antofagasta, a pesar de la gran actividad económica, existen pocos atractivos creados por el hombre. Contamos con un clima privilegiado y un mar que es un regalo. Pero más que eso, hay poco que disfrutar. La Mano del Desierto y hoy en día los murales nos dan un plus, pero si somos objetivos, existe poca oferta. Nosotros hemos partido por mejorar esta situación, restaurando nuestros objetos patrimoniales. Sin embargo, queremos contagiar a otros de este entusiasmo y conformar un sector donde podamos ofrecer atracciones y servicios. Queremos que el Barrio Histórico sea más que solo un nombre, porque aquí está el Museo, el Muelle, el Teatro Municipal, va a estar la Biblioteca, la propia Plaza Colón, la Casa Gibbs, en fin. En torno a este lugar hay una serie de instituciones culturales tanto municipales, del gobierno regional y privadas que pueden potenciarse entre sí para formar el cluster cultural y así ofrecer un panorama estable que invite a recuperar este espacio.

Que además está justo en el centro de la ciudad…
Precisamente. Hay catorce kilómetros al norte y catorce kilómetros al sur del Barrio Histórico, por lo tanto, en este punto tenemos la oportunidad de crear un espacio que rompa con el estilo de vida que se nos impone, donde nos encerramos en nuestras casas, salimos a comprar, hacemos trámites y nunca nos permitimos encontrarnos como antofagastinos independiente de clases sociales, de niveles socioeconómicos. La posibilidad de cumplir este proyecto nos va a hacer muy bien como ciudad y en lo personal, participar en él me entusiasma muchísimo.

¿Qué se necesita para lograrlo?
Estamos conversando con los distintos actores y hay muy buena voluntad. Lo que queda es generar una institucionalidad con objetivos y un plan de trabajo. Yo creo que vamos a avanzar rápidamente. Es importante generar alianzas y abrir canales para aquellas empresas que quieren ayudar pero no saben cómo hacerlo. Si existe una estructura, quizás otros se pueden sentir tentados de decir yo también quiero estar ahí, yo también quiero hacer mi contribución para potenciar nuestra ciudad.

Y usted ¿Cómo se proyecta?
Yo nunca me he hecho planes de muy largo plazo en mi vida. Voy a estar acá todo el tiempo que pueda que me den las fuerzas. La mayoría de mis hijos emigraron, solo el mayor está acá y quizás en el futuro quiera estar más cerca de los nietos, pero ¿sabes? no es el final del camino lo que me interesa, me concentro más en el viaje. Muchas veces nos preocupamos solo de alcanzar un objetivo y nos olvidamos de disfrutar el proceso. Yo estoy disfrutando intensamente cada minuto de este viaje.

“Muchas veces nos preocupamos solo de alcanzar un objetivo y nos olvidamos de disfrutar el proceso. Yo estoy disfrutando intensamente cada minuto de este viaje”.
 

 

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