Allí, mirando al sur-oeste, muy cerca de Antofagasta, se yergue majestuoso y enigmático el Cerro Coloso. Muchos lo conocen por sus recorridos costeros, por su caleta de pescadores o tal vez por su puerto de embarque perteneciente a una gran empresa minera. Incluso, hay quienes no saben que este cerro es el que bautiza todo el sector, en cuyos alrededores se reúnen amantes de los deportes de agua y quienes buscan disfrutar de un fin de semana al aire libre.
Fotografía y texto Caminantes del Desierto
Pocos deben saber que, a principios 1900, el sector de Coloso nació como un puerto alternativo al de Antofagasta. En este nuevo puerto se embarcarían los cargamentos producidos en el cantón Aguas Blancas, que ascendían a los treinta y tres mil quintales métricos mensuales. En 1905 se construyó el muelle para la exportación del salitre y, ya en 1907, la población de Caleta Coloso superaba los dos mil habitantes. En el máximo punto de su desarrollo, Coloso llegó a contar con cinco mil vecinos. Pero nuestra idea no es recorrer la historia reciente de aquel pintoresco sitio. En realidad, esta contextualización es solo la explicación de lo que nos impulsó a dirigirnos a la cumbre de este cerro en búsqueda de su llamativa biodiversidad y, tal vez, encontrarnos con vestigios del filón histórico o mítico de Nicolás Naranjo.
En 1806, el español Nicolás Naranjo habría recibido de un indígena moribundo la ubicación exacta de una fabulosa veta de oro en Coloso y cada vez que nos enfrentamos a esta cercana cumbre, soñamos con volver a la vida al derrotero de Naranjo, historia narrada por nuestros abuelos. Esta gran veta de oro estaría oculta en el cerro y aunque muchos han ido en su búsqueda no han tenido resultados, ni siquiera el mismo Naranjo, pues en unos de sus viajes, en donde traía todos los implementos necesarios para excavar la mina, naufragó, llevándose consigo el secreto sobre el lugar preciso del mineral. Durante años, muchos antofagastinos fueron seducidos por la leyenda del tesoro de Naranjo y recorrieron esos cerros por cada rincón.
Y aunque ser protagonistas de la búsqueda de un tesoro es una fantasía generalizada, nuestro afán es otro. No queremos riquezas materiales, pues nuestra alegría se refleja en la búsqueda de la flora que nace en estadios tempranos y también de la fauna existente. Esa es nuestra misión como Caminantes del Desierto.
Nos dirigimos al sector sur de la ciudad enfilando por el camino vecinal que nace por la Quebrada Roca Roja y que se dirige al sector de playa Escondida. Para este día en particular se verificaron las condiciones climáticas y se tenían presentes nubosidades con probables precipitaciones, que para nosotros es todo un sueño.
Estando ya en zonas despobladas, aparece enorme y desafiante la cara sur de Cerro Coloso. Entre su monolítica conformación se puede ver nuestro camino, una enorme quebrada que nos insta a explorarla. Debemos reunirnos, verificar nuestros implementos, hidratarnos, compartir las últimas recomendaciones y avanzar.
SE INICIA EL CAMINO
Comenzamos a caminar justo al mediodía. Al principio eran senderos muy amigables en fondo de quebrada. Somos quince personas las que aceptamos el desafío, solo integrantes con preparación, pues un caminante inexperto o solitario, puede tener algunos percances. La primera sorpresa: no estaba nublado. Menos aún algún rastro de precipitaciones. El sol inclemente caía sobre nuestras cabezas, con una sensación térmica de sobre treinta grados.
La temperatura se siente con braveza. No había corrientes de aire para refrescarnos y debimos recurrir a cubrirnos en salientes o grandes rocas aprovechando su sombra y para así capear, en parte, el exceso de calor.
Nuestra marcha estaba considerada para seis horas entre subida y bajada. Al poco andar, el camino se tornó complejo, grandes rodados y enormes rocas cubrían la ruta, Debíamos trepar, escalar pequeños cortes, agarrarnos a cuanto estuviera a nuestro alcance para seguir avanzando. A los cuatrocientos metros aparecieron las cactáceas, las copiapoas. Las más comunes son las copiapoas atacamensis, que dominaban todo el sector, algunas en plenitud, otras ya muertas por escasez de agua o por rodados.
Por sobre los quinientos metros aparecieron las arbustáceas, especialmente las tetragonias, y una planta de la familia de las malesherbiaceae, la Malesherbia humilis o mejor conocida como piojillo. Estas apariciones nos instan a continuar y seguir verificando la existencia de otras especies por identificar. A los 650 metros, la primera novedad: probablemente es una copiapoa solaris, referida para estos sectores y para Mejillones, aunque son difíciles de avistar porque son muy vulnerables. Por eso nos alegra encontrarla. Su hermoso e intenso color resalta en el área.
Sigue inclemente el sol sobre nosotros, no se divisa una sola nube en el horizonte. Desde la cumbre aparece la camanchaca, pero no logra descender y menos aún rodearnos con sus brazos de humedad y frescura. Debemos continuar. “Falta poco”. Es la frase que se utiliza para darnos ánimo. ¿La hora? Tres y media de la tarde.
Estamos a poco menos de cien metros en altura de subida y aproximadamente a mil metros de la cumbre. Llegamos a las 16:04 minutos al punto más alto de Cerro Coloso, existe una estructura de concreto que marca el punto más alto de este sector y en donde se encuentran instaladas varias antenas de transmisión.
FLORA Y FAUNA
La vista es impresionante: Cabo Jara, sector de Ni Pena Ni Miedo. Morro Moreno y nuestra hermosa ciudad vista desde la altura. Vamos a nuestro cometido: registrar e identificar la flora de lugar. Aunque es escasa y tenemos muy poco tiempo para ir en su búsqueda, se nos presentan algunas variedades conocidas o vistas en otras excursiones: Nolanas, Copiapoas, Tetragonias, Solanum.
En cuanto a la fauna, los jotes cabeza colorada son los actores principales de la avifauna del lugar. Una hormiga de cabeza roja (Dorymyrmex pogonius) nos indica que estos sectores les pertenecen y no las debemos molestar, su mordida es dolorosa. La mosca que no quiere ser mosca (Copestilum sp.) presenta mimetismo batesiano. Se asemeja a una abeja.
Este fenómeno de mimetismo batesiano es aquel por el cual dos o más especies son similares en apariencia, pero solo una de ellas está armada con mecanismos de defensa frente a los depredadores que pueden ser espinas, aguijones, químicos tóxicos o, incluso, adoptar sabor desagradable, mientras que su doble aparente, carece de estos rasgos. La segunda especie no tiene otra defensa más que el parecido a la primera, lo que le confiere protección, ya que los depredadores asocian el parecido con cierta mala experiencia previa.
Un corredor de Atacama (Microlophus atacamensis) nos observa a la distancia, no quiere moverse de su roca solariega. Para esta especie no somos peligro y por eso se mantiene indiferente a nuestras actividades.
Nos reunimos por última vez en la cumbre y viene la fotografía grupal, aquella que dice que estuvimos en el punto referenciado y que es parte de nuestros recuerdos. Es el momento de retornar al camino y volver a la civilización. De nuevo las instrucciones para evitar accidentes en la bajada por lo pronunciado del camino.
Hay un camino de acceso a las antenas, es para 4x4, pero tenemos la certeza que solo es útil para vehículos 8x8 o 16x16 por su dificultad y quiebres pronunciados. Debemos llegar al camino de embarque a más tardar a las 18:30 horas, pues la sensación térmica está cambiando.
Comienza el frio y debemos sacar nuestra ropa de abrigo, no podemos parar, debemos llegar. Avistamos los furgones a las 18:32 hrs. El camino se completó en el tiempo previsto y lo más importante, sin daños o accidentes que reportar, solo el cansancio. Volveremos a este sitio con más tiempo, tal vez hagamos un campamento, pues es la única forma de descubrir toda la biodiversidad oculta en sus laderas y cumbre. Además, quizás podamos tener la suerte de ver a Naranjo o su tesoro. Lo dejaremos para más adelante.
Estos espacios continuarán en soledades y silencio perpetuo. Tan cerca, pero lejos a la vez de los antofagastinos. Sabemos que hay muchas especies que son dignas de conocer, pero quizás es mejor guardar el secreto en aras de su protección.
Solo un consejo final: no adentrarse por ningún motivo en la naturaleza antofagastina sin el conocimiento o guía necesaria por los peligros que esta encierra. Si visitas nuestros medios naturales, procura no dejar rastro de tu visita: lleva contigo tu basura.
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