Nuestro reconocido artista nacional Gonzalo Díaz, en una entrevista con Gaspar Galaz, le mencionaba, que a un partido de fútbol de Colo-Colo, asistía mayor gente, de la que conocía su obra y eso le reafirmaba lo elitista que seguía siendo el arte en nuestros días.
Para los seres humanos es esencial el contacto y la convivencia con los demás: gran parte del aprendizaje y habilidades esenciales para sobrevivir, dependen del medio que nos rodea y de las relaciones que se forman en él. También sabemos que los patrones de comportamiento, valores y actitudes, están condicionados por la cultura.
El consumo está determinado por diversos factores, entre los que se pueden destacar los aspectos culturales, esto implica que la cultura en la que vivimos le da un especial significado a los productos cotidianos.
Tales significados se difunden a través de la familia, la escuela, los amigos, los medios masivos y electrónicos de comunicación; nadie está fuera de tales influencias. Cada grupo social conforma y comparte creencias comunes generales que satisfacen sus necesidades de alimentación, vestido, vivienda, educación y entretenimiento.
Por eso debemos convertir en una necesidad nuestro paisaje. Salir en una tarde primaveral, un fin de semana cualquiera, con nuestros hijos a observar el desierto, teniendo quizás la mano de Mario Irarrázabal como punto de encuentro.
Si en nuestra región nos seguimos llenando con lo que deslumbra, y no con lo que ilumina, seguiremos siendo un campamento de paso, con gente de paso y deberemos levantar una escultura a la oscuridad de la no belleza, citando a Umberto Eco. Falta poesía en nuestra bella ciudad, como decía Arthur Rimbaud, embriaguémonos de arte y cultura. Todo en su justa medida.