Cambió la agitada vida de Santiago por una más reposada y autosustentable en Vicuña, a los pies del cerro Mamalluca. Cambió la antropología por la elaboración de productos ecológicos y orgánicos en base a la leche de cabra. Hoy, disfruta de los resultados de un emprendimiento familiar, que nació hace más de ocho años y que no transa por nada. Su sueño es exportar, de manera asociativa, el mercado de jabones, champús, bálsamos y exfoliantes; todos elaborados a mano y ciento por ciento natural.
Por Verónica Ramos B. / Fotografía: Patricio Salfate T.
Cuenta la historia que Cleopatra, la reina del Nilo, tenía varios secretos mágicos para inmortalizar su belleza. Tome nota, por si no lo sabía: se daba baños de tina con leche de cabra, para mantener su piel hidratada, tersa y luminosa. Esta mítica rutina, conocida ancestralmente, no está lejos de la realidad, por algo, esta hermosa mujer —ícono de la seducción— desató una controvertida y apasionada historia de amor, nada menos que con Julio César y Marco Antonio.
Pues bien, esta es la historia de Alejandra Rojas del Canto, que no pertenece a una dinastía, tampoco se da baños de inmersión en leche de cabra y su apacible vida en el Valle de Elqui está muy lejos de luchar por un trono. Lo cierto es que, entre Cleopatra y Alejandra, hay un factor común: el conocimiento mutuo sobre las propiedades y ventajas de la tan cotizada leche de cabra.
Alejandra Rojas tenía seis años cuando se fue a vivir a Inglaterra y, a los once, su destino fue Botswana, África. Volvió a Chile y estudió antropología. Trabajó en estudios de investigación en la Universidad de Chile y, más tarde, en la Embajada de Australia, a cargo de un programa de emigración para profesionales y refugiados. Cuando tuvo a su primera hija, se cuestionó la idea de criarla en Santiago y junto a su marido, arquitecto, construyeron su casa en Vicuña. El objetivo era adoptar una vida de autosuficiencia.
¿Por qué no continuaste el camino de la antropología?
Comenzaron a escasear los fondos para investigación antropológica. Cuesta dedicarse a esto, porque las personas buscan resultados a corto plazo, utilizan mucho la encuesta y no hay interés por la metodología cuantitativa, de hacer historias de vida de la gente, entonces no era fácil y tampoco había financiamiento.
Y esta vida en el valle, de alguna manera ¿hizo que te reencontraras con la antropología?
Así es, la mayoría de mis vecinos son crianceros caprinos y hemos entablado una relación que se ha ido enriqueciendo con los años. Por mi cuenta he hecho algunos trabajos con ellos, de entrevistas en profundidad y el de rescatar sus historias de vida. Es un mundo que llama mucho la atención y todos los días aprendo algo nuevo de ellos.
¿Y cuándo decides dedicarte a la elaboración de estos productos?
Antes de venirme al valle, comencé a elaborar jabones para mí, porque soy alérgica y con mi embarazo esto se acentuó. Aprendí en forma autodidacta y averiguaba todo por internet, a través de grupos jaboneros que se dedican a esto en Estados Unidos, Inglaterra y Australia. A diferencia de las personas que hacen jabones en Chile, ellos son muy generosos con la información y me daban consejos.
¿Y la base de los productos siempre fue la leche de cabra?
Sí, empecé por investigar sus propiedades que son muchas. Es excelente para las pieles sensibles, es antialérgica, ayuda a neutralizar el PH de la piel, contiene proteínas, vitaminas y minerales. Es muy nutritiva, hidratante y regeneradora de tejidos, ayuda también a atenuar las arrugas. Ha tenido muy buenos resultados en las personas que sufren de soriasis o rosácea; en general es idónea para todo tipo de piel sensible.
¿En qué momento comienzas a producir en escala?
Al principio, regalaba los jabones a mi familia y a mis amigos. Mi hermana, que vivía en Punta Arenas, se llevó varios jabones y los regaló para el cumpleaños de un amigo, que justo estaba inaugurando un hotel ecológico en Puerto Natales. Le encantaron los jabones, me llamó y me pidió cinco mil (risas).
¿Por qué crees que le gustaron tanto?
Detrás de su elaboración, hay conciencia ecológica. Nuestros jabones son naturales y no tienen olor. Mientras más aroma o más color posee un producto, es porque tiene más petróleo. ¿Tú sabes que el noventa y cinco por ciento de las fragancias son derivadas del petróleo? Entonces, hay que tener mucho cuidado con eso.
Y este fue tu primer pedido…
Sí, fueron cinco mil jaboncitos que requerían de un largo tiempo de elaboración, especialmente, en el proceso de secado.
¿Esto motivó a aumentar tu producción?
Así empezó la idea de crear una empresa familiar, siempre con la idea de mantenerlo artesanal. Este trabajo tiene mucho que ver con la intención, el cariño y el sello personal. Esto es una alquimia para mí, tiene que venir del corazón, si te preocupas solo de ganar dinero, no resulta. La demanda siempre ha sido mayor que la oferta, y esa es la gracia de nuestros productos.
Los clientes han tenido que cultivar la paciencia…
Los clientes que hacen pedidos de mayor volumen, tienen que esperar tres semanas para que los productos estén listos. Si me piden mil jabones de lavanda y romero, les digo que es una producción a escala humana, que tiene su ritmo y que no puedo arrasar con todo mi cultivo, para esa cantidad de jabones.
PRODUCCIÓN ECOLÓGICA
Su producto estrella es el jabón en base a la leche de cabra. Elabora también champú en barra o líquido y bálsamos para todo tipo de cabello. Las plantas o hierbas medicinales, como caléndula, ortiga, romero, ruda, pétalos de rosas, toronjil cuyano, cola de caballo, lavanda, aloe vera y muchas más, se van mezclando de acuerdo con las cualidades de cada una de ellas. Otras de sus creaciones, son los jabones enfieltrados, envueltos con vellón de lana de oveja y teñidos con tinturas totalmente naturales. Bálsamos labiales con cera de abeja y agua de vertiente con aceite esencial para refrescar el rostro y rociar ambientes. Para los envases, utiliza materiales reciclados.
¿Qué marca la diferencia de tus productos?
Hay mucha gente que hace jabones de leche de cabra. No soy la única, la diferencia está en que es un producto elaborado de manera artesanal, tiene relación con el estilo de vida que llevamos, con energía solar, con que nos preocupamos de cultivar las hierbas de manera orgánica. La historia que acompaña al producto y su proceso, es claro… no tenemos nada que ocultar.
¿Quién te ayuda en la elaboración?
Trabajo sola. Siempre me he dedicado a producir los jabones y mi marido, a veces, me ayuda en el corte, en los diseños de moldes, en la parte gráfica.
MADE IN VICUÑA
Alejandra continúa elaborando los jaboncitos para el hotel de Puerto Natales, el mismo que le brindó la oportunidad de ampliar su negocio. Mensualmente, distribuye sus productos en algunos hoteles y tiendas orgánicas de Santiago y del sur. En el Museo Arqueológico de San Pedro de Atacama, en Limache y en el pueblo artesanal de Pisco Elqui. Su taller artesanal lo construyó en Vicuña y hoy, a través de un Capital Semilla, está postulando al registro del Instituto de Salud Pública.
¿Qué proyectos tienes para CAPRA?
Nuestra idea es exportar los productos a tiendas de comercio justo en Europa. Este es un proyecto CORFO, de dos años, y para eso nos estamos capacitando, con el objetivo de cumplir con todas las normas.
Lo de comercio justo, ¿es también un estilo de vida?
Creemos que lo que debiera estar al centro de la economía no es la plata, sino la persona, lo cual no significa que no queremos ganarla, pero sí siempre tratando de velar porque sea una transacción transparente y que nadie salga perjudicado.
¿Estos productos son muy cotizados por los europeos?
Bastante y esto lo veo en San Pedro de Atacama. Allá, los europeos compran un producto que se agota: el champú en barra de leche de cabra con aceite de jojoba, de oliva y de coco. Como ellos andan viajando, se ahorran el envase y es muy práctico.
¿Qué sientes al ver que esta iniciativa ha dado sus frutos?
Estoy muy contenta, porque, en lo personal, me gusta hacer este trabajo y me relaja, pero sobre todo, porque le sirve a la gente y ellos son muy agradecidos. Además de darme esta satisfacción, es también un emprendimiento familiar que me permite estar cerca de mis hijos. He podido ayudar a mis vecinos, a trabajar en conjunto, por eso también hago talleres y capacitaciones. Me interesa que nuestra región sea reconocida por la elaboración de un producto de calidad, con denominación de origen y que nos identifique.
“Hay mucha gente que hace jabones de leche de cabra. No soy la única, la diferencia está en que es un producto elaborado de manera artesanal, tiene relación con el estilo de vida que llevamos, con energía solar, con que nos preocupamos de cultivar las hierbas de manera orgánica”.