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EDICIÓN | Diciembre 2011

El desafío de Amalia

Amalia Cubillos
El desafío de Amalia

De un día para otro, tuvo que heredar los desafíos de su padre, un quijote del siglo XXI que le enseñó la otra cara de la moneda social. La palabra compromiso la lleva pintada en la frente y la tiene trabajando para y por los más necesitados desde el Desafío Levantemos Chile, el legado de un navegante de sueños imposibles que, hasta la fecha, ha triplicado sus voluntarios. El legado de Felipe Cubillos.

Por Macarena Ríos R.

Felipe Cubillos sigue viviendo a través de su hija. De su sonrisa ancha, de sus ojos honestos, de su pelo desordenado. Los mechones rubios se mueven con la brisa matutina, inquietos, rebeldes. Son las diez de la mañana y el sol de noviembre acaricia Santiago, sus cerros, las plazas, y se cuela por las ventanas de una construcción modular, emplazada en el Club de Tenis El Alba, ubicado en el sector oriente de la capital. Anclada sobre pilotes de madera, saluda desde una esquina. De ella entra y sale mucha gente. Hay movimiento, hay risas, hay vida, hay juventud, mucha juventud e ideas frescas. Es la sede del Desafío, construida en tres semanas, y que Felipe no alcanzó a inaugurar.

<strong>¿Por qué costó tanto materializar una oficina para el Desafío?</strong><br /> Mi papá nunca quiso tener oficina porque decía que nos íbamos a achunchar, a transformarnos en ratones de oficina. A él le gustaba que estuviéramos en terreno, que saliéramos a conocer para saber a ciencia cierta qué solución dar. Y eso fue así hasta que llegó Joaquín Arnolds, que era un mateo y una verdadera máquina. Fue él quien convenció a mi papá de que era necesario que tuviéramos un punto de encuentro más allá del Café Torres. ¿Has oído hablar de la “quijotización” de Sancho o la “sanchificación” del Quijote? Mi papá terminó rindiéndose a lo que en verdad necesitábamos ordenar y Joaco terminó conviviendo en el caos, que era como mi papá vivía.

Al frente de la construcción, un bote semi destruido descansa en el pasto, la madera partida, la pintura desquebrajada, el tiempo guardado en las letras pintadas de negro que rezan “El Tiburón”, en los remos gastados. Símbolo inequívoco del tsunami, lo trajeron los pescadores en caravana desde Iloca. Fue en ese momento cuando se dieron cuenta del efecto que había tenido el mensaje de Felipe. “Nunca nadie había sido tan claro con nosotros, pero era necesario”, le confesarían más tarde. “Fue como si nos hubieran pegado una cachetada y nos gritaran ¡atina!, aquí nadie te va a venir a ayudar si te quedas mirando”.

<strong>ILOCA</strong>

“Mery, voy camino al sur, hasta donde me alcance a llevar el jeep”, fue lo primero que le dijo Felipe a su hija una vez que lograron comunicarse después del 27F. Amalia estaba en Valencia (España), realizando un intercambio de seis meses en la Universidad CEU, como estudiante de diseño. “Con mi papá siempre fue así, cuando había inundaciones íbamos en zodiac a sacar a las personas anegadas. Partía como un loco a ver dónde y cómo podía ayudar. El terremoto no fue lo primero que lo conectó con lo social, como mucha gente piensa, sino que experiencias de este tipo venían desde mucho antes”.

Me imagino que lo único que querías era volver luego a Chile…<br /> Le rogué a mi papá que me devolviera, pero me dijo “¿sabes qué?, a cada uno lo que le toca vivir, a ti te va a tocar hacer el relevo. Cuando estemos cansados vas a llegar y te vamos a pasar la batuta, pero ahora tienes que aprender todo lo que puedas para que lo hagas bien después”.

Cuando llegó a Iloca, horas después del tsunami, Felipe Cubillos vio que estaba todo hecho pedazos. “Mery, acabo de llegar en helicóptero a Iloca”, le escribiría a su hija horas después. “Joaco Arnolds siempre me decía lo que había pensado mi papá en ese momento: ‘o me hago el tonto o me hago cargo’. Y decidió hacerse cargo”, cuenta Amalia.

Los pescadores miraban sus botes destruidos, los negocios en el suelo, las casas arrancadas de cuajo por el poder del agua. “El Estado nos va a regalar botes”, aseguró uno de los damnificados. Felipe Cubillos se quedó mirándolo. “El viejito pascuero no existe. Aquí vamos a tener que salir adelante juntos”. Anti paternalista y con la palabra “asistencialismo” borrada de su diccionario, convocó a toda el área náutica de la zona y les pidió su apoyo y experiencia para poder reparar los botes junto a los pescadores. “Nosotros no les vamos a regalar los pescados… les vamos a enseñar a pescar”. Y ése fue el comienzo de todo.

“El primer aprendizaje de mi papá fue escuchar a las personas y no elaborar ideas desde el escritorio como un iluminado. Las soluciones nacen hablando con quienes necesitan la ayuda”. Amalia viene llegando de un fin de semana fuerte. Junto a su mamá, abuela, hermanos y tíos esparcieron las cenizas de su padre en Algarrobo. Fueron días intensos, pero llenos de sol. “Como hubo tantos homenajes, necesitábamos una ceremonia privada e íntima. Jamás nos quisimos exponer, pero en cierta forma era recibir todo el cariño que mi papá les había entregado de vuelta, por eso abrimos tanto las puertas; ellos también tenían derecho a compartir con nosotros nuestro dolor”.

<strong>LOS IMPRESCINDIBLES</strong>

Las navidades nunca fueron con regalos entre ellos, sino que el leiv motiv era dar a los demás. Un año fueron como familia a construir una mediagua. De lejos, el jefe de hogar (para quien estaban construyendo la vivienda básica) los observaba sin intención alguna de ayudar. “Una vez que terminamos de construirla, los futuros dueños, que vivían en un campamento, nos agradecieron, pero nos dijeron que no le hiciéramos tanto cimiento porque después ‘nosotros vamos a pescar esta casita y la vamos a llevar a la playa para tener una casa de playa’. ¡Imagínate! El concepto estaba totalmente mal enfocado…”.

<strong>¿Qué te marcó de tu padre?</strong><br /> Una vez le dije ‘papá, me quiero ir a dar tres meses a África’. ¿Ah sí?, me dijo, ‘te llevo a África en media hora’. Y treinta minutos más tarde me tenía en un campamento fuera de Santiago y me dijo ‘primero se parte por casa, después vas a ayudar a donde quieras’. Mi papá decía que el terremoto también había derribado el muro que no nos dejaba ver la pobreza en la que estamos inmersos en Chile. Hay un Calcuta a veinte minutos de Santiago, con campamentos a los que les llega agua una vez al mes. Con eso se bañan, limpian la ropa, la comida y la vuelven a usar.

<strong>¿Qué se viene para el Desafío?</strong><br /> Se fueron los superhéroes y ahora nos toca a nosotros hacerlo funcionar a nuestro estilo. Como seres humanos, necesitamos de ciertas estructuras para poder organizarnos. La nuestra va a seguir siendo horizontal, cercana, y potenciando siempre a los jóvenes; de hecho, tenemos un coordinador general (José Ignacio Concha) que tiene veinticinco años. Los proyectos se están haciendo igual, los líderes de proyectos siguen funcionando, saliendo a terreno, las ideas siguen surgiendo, las soluciones también, que es lo que más nos importa.

La mesa de la sala de reuniones tiene un mantel de póker con firmas por doquier que recuerdan el campeonato realizado en Pucón el año pasado y que fue todo un éxito. Las paredes tienen varias fotos de Felipe, y algunas de sus célebres frases que dieron la vuelta al mundo y calaron muy hondo en personas idealistas y soñadoras, igual que él. Sentada en esa mesa con historia, Amalia (o Mery, como le dicen sus amigos) dispara: “De una u otra forma, siempre me encantó el Desafío. Yo era tan amiga de mi papá, nos entendíamos tan bien, que sabía que esto pintaba para grande”.

<strong>¿Y cuando participas en proyectos y reuniones no te preguntas qué hubiera hecho él?</strong><br /> Alguien me contó un cuento de cómo había que tratar a la muerte, no me acuerdo muy bien, era la historia de un padre que había perdido a su hija y se la devolvían, pero con la condición de que la tenía que llevar de la mano, pero no la podía mirar. Y lo que tenía que hacer para que ella se mantuviera viva en él era hablarle de lo cotidiano. Eso es lo que trato de hacer yo, sentir que está acá, en otra dimensión, pero cerca de mí. No intento interpretar qué hubiese hecho él, pero sí trato de aplicar lo que aprendí de mi papá.

<strong>¿Te sientes una líder?</strong><br /> No, me falta demasiado. A mí me cuesta mucho hablar en público igual que a mi papá, que era tartamudo cuando chico. Pero quería tanto dar el mensaje, eran tantas sus ganas, que la forma estaba de más.

<strong>¿Cómo supiste manejar todo el impacto mediático que provocó su muerte?</strong><br /> Sentí que tenía que dar la cara, tanto por mi familia como por el Desafío. Si no lo hacía yo, me daba susto que fueran a atacar a mis hermanos más chicos. Si yo hablaba y decía lo que tenía que decir, la prensa se iba a quedar tranquila y no iban a molestar al resto de mi familia.

<strong>EFECTO EUREKA</strong>

La palabra favorita de Amalia es “serendipia”, que significa las cosas que pasan por casualidad. Investigando más acerca del significado de este peculiar término, descubrió que a Arquímedes se le ocurrió su teoría de desplazamiento de masas un día cualquiera cuando se estaba duchando. Y estaba tan feliz que salió pilucho gritando a los cuatro vientos “¡eureka, eureka!”. “Con mi papá decíamos que cuando estabas en la ducha en la mañana, podías cambiar el mundo, porque estás fresco y todas las ideas fluyen”. Y así sin más, Felipe, cada vez que tenía una idea, llegaba gritando a ver a uno de sus hijos ¡eureka, eureka!, aunque fueran las seis de la mañana.

<strong>¿Qué heredaste de tu papá?</strong><br /> Mi papá dejó mucho de él en mí y en mis hermanos, me hizo tener esta sensibilidad social de una forma muy particular, porque el estilo de mi papá era bien distinto, decía las cosas claras y directas, era muy pro libertad.

Hace algunos años Mery se fue a vivir con su papá al “secreto de Santiago”, como más tarde bautizaran al cerro San Luis. Luego la siguieron sus hermanos. Tuvieron que buscar una casa más grande en el sector. Olivia, Lupe y Emma, las mascotas, convivían en esta caótica armonía. “Mi papá era de esas personas que sabía vivir en crisis y las manejaba de manera impresionante. Imagínate lo sabia que es la vida que nos permitió a los cuatro convivir con él este último año. Mis hermanos hace tiempo que no vivían con mi papá y lo aprovecharon al máximo. Siempre tenía tiempo para nosotros, podía estar en medio de una reunión importantísima, pero si lo llamábamos, nos contestaba y nos escuchaba.

<strong>DE AMIGOS Y NOCTILUCAS</strong>

Mery corrió dos regatas junto a su papá: Roxy y Columbia-VTR. “A mi papá le encantaba navegar de noche, igual que a mí, es muy mágico. Le gustaba mirar las estrellas y ver que siempre salía el sol. ¿Conoces las noctilucas? Son un plancton que hay en algunos mares, las llaman las luciérnagas de mar, porque si las agitas se iluminan. Cuando pasa el bote dejan una estela de luz, entonces de repente veías a las toninas jugando todas iluminadas, con este plancton adherido a su piel. La noche en el mar te da una calma exquisita, vas prácticamente colgando y viendo todo esto en silencio, las estrellas, el horizonte, las noctilucas. Ahí podíamos estar horas callados con mi papá”.

Mery es una amiga incondicional, de esas que se encuentran pocas veces en la vida. Hace años, cuando se murió el papá de una de sus amigas, pescó un bolso y se fue a vivir con ella tres meses.

<strong>Tus amigas están a tu lado…</strong><br /> Si algo agradezco de mi colegio es el grupo de amigas que tengo. Ese sábado, después del accidente, me desperté a las cinco de la mañana con una angustia tremenda. Acurrucada cerca mío estaba la Emma (el perro de mi papá), a mi lado, la Maca, la Pola, la Sofía, a los pies de la cama, más amigas. Bajo las escaleras, en la alfombra, en los sillones, en los sofás, por todos lados había amigos durmiendo. Te juro que parecía casa en toma, pero no sabes cuánto lo agradecí porque estaban todas ahí, conmigo, apoyándome.

<strong>¿Es verdad que se consiguieron tanques de helio?</strong><br /> Cuando fuimos a Algarrobo a hacerle el homenaje a mi papá se les ocurrió llevar tanques de helio e inflar globos blancos y tirarlos al aire justo cuando empezó a cantar Keko Yungue. Fue precioso. No sé si se programaron para hacer turnos, pero les funcionó increíble, han estado conmigo en todas.

<strong>A MÍ SÍ ME IMPORTA LA NAVIDAD</strong>

A través de la campaña “A mí sí me importa” ( HYPERLINK "http://www.amisimeimporta.cl" www.amisimeimporta.cl), se suben casos de todo Chile desde la página del Desafío. Son el puente entre los que pueden ayudar y quienes necesitan la ayuda y con el tiempo se han transformado en una amplia red de contactos a disposición de todo el país, recibiendo donaciones todos los días. “Nuestro desafío para esta Navidad se llama ‘Campaña el Árbol de los Sueños’ (Facebook: El Árbol de los Sueños) y busca cumplir el sueño de niños en riesgo social”.

El día nos regala su mejor color. Hay movimiento en la oficina del Desafío. Hay fotografías de los invencibles que partieron. De Felipe, de Joaquín, de Catalina, de Sebastián, de Joel, de Jorge. Hay cartas, hay placas recordatorias. Hay fuerza y valentía. Hay coraje en las palabras de Mery: “¿Sabes por qué me gusta tanto estar en Desafío? Porque siento que sus ideas, lo tangible de él, está acá, impregnado en todas partes. Lo siento muy presente en todas las decisiones que tomamos, en los proyectos que nos embarcamos. Pero no te voy a mentir, es demasiado difícil”.

Mery y sus hermanos siguen viviendo en el cerro San Luis. Esta vez con su mamá. Aunque todavía no tiene definido cuál es su verdadero rol dentro del Desafío, Mery es el alma, el motor y la continuación natural de un imprescindible. De un imprescindible como los de Bertolt Brecht.

 

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