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EDICIÓN | Septiembre 2012

Tradición de fe

Andacollo

Tiene un poco más de diez mil habitantes, y está ubicado a mil metros de altura. Todos los años llegan unos quinientos mil devotos a sus fiestas religiosas, a venerar a la Virgen del Rosario... a la “Chinita”. El fervor religioso se mezcla con la minería, su principal actividad económica. Los vecinos han sabido cultivar estas dos características, que trazan el desarrollo de su historia y ofrecen una ruta turística que trasciende en la cultura regional.

Por Daniela Collao V. Fotografías: Patricio Salfate T.

Dice la leyenda que el indio Collo encontró una figura de la virgen, mientras extraía oro en una pirca, que ella le habló y lo mandó a contarle a su pueblo sobre su hallazgo. Y que de ahí provendría el nombre de este pueblo, asentado entre cerros, a mil metros de altura, y cuya llegada es antecedida por una serie de curvas.

Sea cierta o no esta legendaria historia, revela tal cual la cultura andacollina. Por un lado, la minería —desde que se tiene conocimiento de sus primeros habitantes— es la principal actividad económica, y su otra cara, la fe, que se manifiesta con la llegada de miles de fieles de la Virgen del Rosario de Andacollo, que visitan a su “chinita” en las dos fiestas religiosas que se celebran todos los años, hace más de cuatro siglos.

No hay casa que no tenga una figura de la virgen y un minero que no le rece antes de comenzar sus faenas. Es su idiosincrasia… que por años los andacollinos han sabido cultivar, para configurar una fuerte actividad turística asociada a intereses especiales, entre ellos, la astronomía, aprovechando la limpieza de sus cielos.

LA REINA DEL COBRE

Sus primeros habitantes fueron de la cultura Molle, influenciada por los incas. Cultivaban la tierra y extraían cobre. Los historiadores echan por tierra la versión de Collo, y más bien atribuyen el topónimo a una herencia de los indígenas peruanos, ya que Anta, en quechua, significa cobre, y Coya, reina o princesa, el resultado: Reina del Cobre.

La “chinita” llegó a Chile a través de los españoles que fundaron La Serena, en 1544. La historia del indio Collo, se remontaría entre 1560 y 1570, fue entonces cuando se construyó una capilla de paja para venerarla.

Pero a mediados del año 1600, la capilla fue destruida, y la imagen de la virgen desapareció misteriosamente, En 1676, el párroco del pueblo ordenó que se le enviara una nueva imagen desde Lima, Perú.

Esta es la que se venera durante la Fiesta Chica, el primer domingo de octubre, que en los orígenes era solo para el pueblo, y la Fiesta Grande, los días 25, 26 y 27 de diciembre, cuando se rememora el hallazgo de Collo. El día 26 es la tradicional procesión por el pueblo.

TEMPLO ANTIGUO

Es monumento nacional y fue construido entre 1772 y 1789. Collares, trajes de bailes chinos, rosarios, medallas, y hasta los objetos más increíbles han dejado los fieles agradecidos de sus milagros. Todos ellos son exhibidos en el museo. En la parte posterior esta el camarín de la virgen, donde se prepara para salir a recorrer su pueblo durante las dos festividades. Está abierto de lunes a domingo, de 9 a 21 horas.

BASÍLICA MENOR

Es de diseño romano bizantino. La altura es de veinticuatro metros en su interior y la cúpula mide cuarenta y cinco metros de alto. Fue inaugurada en 1893, tras veinte largos años de trabajo. Tiene capacidad para veinte mil personas, y en su construcción se utilizaron enormes vigas de pino oregón, trasladadas a lomo de mula desde el puerto de Coquimbo, donde llegaba la madera traída desde Norteamérica. Fue declarada Basílica Menor por el Papa Juan Pablo II en 1998.

Los colores y la música se apoderan de ella durante las fiestas. Todo eso, en manos de las cofradías y agrupaciones de bailes religiosos. Los más antiguos son los bailes chinos, que datan de 1585, los turbantes, de 1752, y posteriormente los morenos, los gitanos, los pieles rojas y los danzantes de Tamaya. En sus bailes utilizan bombos, cajas, flautas de caña, matracas, platillos y tarkas.


PLANTA DE TRAPICHES EL SALITRE

Alejandro Monreal, tal como su padre y abuelos, es pirquinero. Herencia de esfuerzo y trabajo duro que se repite entre la mayoría de los habitantes de Andacollo. “El 2003, la minería del oro entró en crisis y esta planta estaba parada. Se me acercaron desde la municipalidad, puesto que tenían la intención de crear una ruta turística y decidimos dedicarnos a mostrar nuestro trabajo del trapiche, para que la gente conociera como es la pequeña minería”. El proyecto terminó, pero él quiso seguir con este emprendimiento. Asegura que ha sido una muy buena experiencia porque “la gente se va muy contenta, llegan adultos mayores, estudiantes de todo el país y muchos extranjeros”.   

La tradición minera es tan fuerte que, en muchas casas, todavía se conservan los trapiches en sus patios. En este caso, además del museo, todavía hay pirquineros que recuperan el oro en este mismo lugar, utilizando el maray, un antiguo molino de origen indígena que funciona como un gran mortero de piedra, y el trapiche, un molino que era usado en España para majar aceitunas y que también se utilizaba en Perú, en el siglo XVII, para moler minerales de plata. La entrada general tiene un valor de mil pesos. El ingreso de estudiantes y adultos mayores cuesta quinientos pesos.

LÁMPARAS DE MINERO

En nuestro recorrido, encontramos a don Luis Segundo Lazo, en su taller ubicado en calle Lynch con El Cobre. El bronce abunda y, entre medio, restos de lámparas que ha comenzado a diseñar. Nos muestra el producto final. Es la número tres mil ciento diecinueve, eso por lo menos dice en su base, donde registra la cantidad de ejemplares que lleva. Cada una de ellas tiene un valor de cincuenta mil pesos. Nos muestra, además, un trapiche que funciona con electricidad. También los diseña en cobre y en acero inoxidable.
Estas lámparas se usaron en la minería antes del año 1900. Sustituyeron a las velas y el aceite que eran más peligrosas durante la actividad minera. Constan de un depósito de agua y a través de una válvula deja gotear agua al depósito que entra en contacto con el carburo, produciéndose gas acetileno que genera una llama intensa. Eran el medio óptimo para la iluminación al interior de las minas en el siglo XIX, hasta que aparecieron las eléctricas.

Los primeros en recibir las lámparas de don Luis como regalo, fueron el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, y un embajador de Japón. También los ex presidentes Frei, Lagos y Bachelet. Acaba de ser reconocido por el Consejo de la Cultura por su labor artesanal a favor de la cultura regional, lo cual lo hace sentir muy orgulloso. A pesar de todos sus logros, conserva su humildad, propia de la mayoría de los andacollinos, hijos del rigor y el esfuerzo. Actualmente, trabaja en el diseño de cuarenta  lámparas más.

OBSERVATORIO COLLOWARA

Los cielos de Andacollo son extremadamente limpios. Están fuera del alcance de la contaminación lumínica. Esas cualidades son las que se quisieron aprovechar para potenciar el turismo astronómico y Collowara es uno de los centros de observación astronómica turística, más recientes del país.

A mil trescientos metros sobre el nivel del mar, en la cima del Cerro Churqui, se emplaza este observatorio, el que es administrado por la Municipalidad de Andacollo. Su diseño contó con un equipo de expertos astronómicos, que dio como resultado una moderna infraestructura, equipos de observación astronómica y una bella línea arquitectónica.

Su principal cúpula de observación es un telescopio tipo Smith Cassigrain de catorce pulgadas, con una sala de proyecciones o conferencias con capacidad para más de cincuenta personas, y tres terrazas de observación directa en forma de cruz dispuestas hacia el oriente, desde donde se pueden ver, a la distancia, los grandes observatorios de Tololo y Gemini. En ellas se encuentran dos telescopios: modelo  Smith newtoniano de diez pulgadas automáticos y un telescopio dobsoniano de dieciséis pulgadas.

El recorrido dura dos horas y consiste en la observación de planetas y constelaciones, a través de tres telescopios. Nuestro encuentro con la magia del universo, finaliza en la cúpula central y desde aquí, entre cerros y bajo un cielo cubierto de luminosas estrellas, observamos la tranquilidad de un pueblo fértil, que reposa en medio de la noche y que lleva en sus hombros, largos años de historia.

NUESTRO DATO:
Observatorio Collowara
Cerro Churqui
Entrada: Adultos $3.500. Niños y adultos mayores $2.500
Reservas: 09 – 94381593


“Sus primeros habitantes fueron de la cultura Molle, influenciada por los incas. Cultivaban la tierra y extraían cobre. Los historiadores echan por tierra la versión de Collo, y más bien atribuyen el topónimo a una herencia de los indígenas peruanos, ya que Anta, en quechua, significa cobre, y Coya, reina o princesa, el resultado: Reina del Cobre”.

 

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