Descubrió la vida y la prosa de Gabriela Mistral cuando llegó a Pisco Elqui, hace más de diez años. Inspirada por la fuerza de la “nobel poetisa” y motivada por su propio espíritu social, presentó un proyecto con el desafío de fundar la Casa de la Cultura en Montegrande, comuna de Paihuano. Así nació la Corporación Montegabriela. Junto a un grupo de mujeres profesionales, formaron a pulso la biblioteca pública y un taller de arte textil. Desde entonces, ha tenido que luchar para mantener, económicamente, la única biblioteca que existe en la tierra de Mistral..
Por Verónica Ramos Baldi / fotografía: Patricio Salfate Traslaviña.
Desde muy joven estuvo vinculada a la labor social. Trabajó como voluntaria en poblaciones marginales de Santiago y en el sur. La justicia social siempre ha sido su bandera de lucha y, el arte, su mayor pasión.
A los quince años, conoció el Valle del Elqui y se enamoró del lugar, siempre pensó que, a futuro, este sería su destino para vivir. Tiempo después se separó y, con su pequeña hija, se trasladó a Pisco Elqui por seis meses. Volvió a Santiago para estudiar y desarrollarse profesionalmente. Cinco años después, tomó nuevamente sus maletas y regresó a Pisco Elqui, lugar donde se radicó definitivamente. Aquí, pudo dedicarse a la crianza de su hija, al desarrollo social, al arte y a la cultura, integrando en su vida todo lo que siempre anheló.
Comenzó a vincularse con la comunidad y a buscar, con la fantasía propia del artista, su inspiración para crear. En esta incesante búsqueda, la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, presidida por Olaya Errázuriz de Tomic —amiga personal y comadre de la poetisa— traspasó, a María Soledad García Huidobro, una casona del siglo XX, con el objetivo de fundar un centro para el desarrollo de la cultura y promover el legado de nuestra poetisa, en Montegrande.
Este fue el inicio de una larga historia, que nace de las entrañas de la tierra, cuna de Desolación, de Los sonetos de la muerte, de Ausencia y tantos otros…
LIBROS, CALLADOS LIBROS…
“Cuando llegué a esta zona, me di cuenta de que la gente es esclava de la parra, esa es su única fuente laboral y además es esporádica… de cuatro meses al año. Noté una depresión crónica en la comunidad; mujeres, hombres y niños se aplican para trabajar en la parra como único destino. A eso yo le llamo esclavitud del siglo XXI”, sentencia Soledad.
Resulta paradójico que, en la tierra de Gabriela, no existiera, hasta entonces, una biblioteca.
Sí, muy paradójico. Nuestro país utiliza mucho la imagen de Gabriela Mistral y nunca se detiene a analizar lo que ella vivió. La comuna de Paihuano cuenta con cuatrocientos habitantes y en este sentimiento de responsabilidad social teníamos muchos anhelos. La gente dijo ¡por fin tenemos algo en nuestro pueblo!
¿Era necesaria una biblioteca para ellos?
Creamos la necesidad. Es una comunidad que nunca en la historia tuvo acceso a la literatura; por lo tanto, no tenía la necesidad, no sabía qué podía aportarles un libro. Antes de abrir la biblioteca, hicimos una encuesta del promedio de lectura de la comunidad local y encontramos que solo una persona de treinta años había hojeado un libro. Esa era la realidad, entonces fuimos creando la necesidad y aún lo hacemos.
¿Cómo integran la lectura en un pueblo donde no existía el hábito de leer?
Los niños salían del colegio sin leer fluido, sin poder redactar una comunicación, es decir, cosas muy básicas y entonces dijimos: ¡tenemos que empezar de cero e integrar la lectura como un hábito de vida!, y logramos inaugurar la biblioteca pública, con mucho trabajo y gracias a convenios con bienes nacionales, la Fundación Un techo para Chile y la DIBAM. Esto fue una petición del Consejo de la Cultura durante el gobierno de la presidenta Michelle Bachellet.
¿Este fue el primer gran paso para ustedes?
Así es, pero no sabíamos las sorpresas con las que nos encontraríamos en el camino. Con mucho entusiasmo y esperanza, inauguramos la sala de computación, en el 2007 y, en el 2008, complementamos la biblioteca con diversas colecciones literarias.
¿Y este compromiso de ayuda gubernamental tuvo continuidad?
Cuando cambiamos al actual gobierno, nos encontramos con la realidad. Mantener la biblioteca nos significa, en condiciones óptimas, un gasto de un millón quinientos mil pesos mensuales y, lamentablemente, nos encontramos sin dinero.
¿Cómo se financiaron durante este tiempo?
En Nueva York se formó una fundación llamada “Gabriela Mistral USA”, integrada por un grupo de chilenos que nos ha apoyado con recursos y nos envía cajas de libro, etc. ¡Pero ellos no pueden ser los que subvencionen la biblioteca!, resulta irónico. También está la orden franciscana —que administra los fondos de Gabriela Mistral—, quienes nos apoyan regularmente. Cuando llegué a Montegrande, la gente me decía ¿qué pasa con el dinero de Gabriela Mistral?, y yo les decía: ¡yo no lo tengo! (risas)
¿Creyeron que eras la heredera?
¡Claro!, pensaron que había llegado la plata. ¡No, qué pena!, con gran esfuerzo teníamos unas sillas, unas mesas y unos block para dibujar con los niños.
DURO GOLPE
Actualmente, la Corporación Montegabriela está integrada por mujeres profesionales, relacionadas con el arte y la cultura. Junto a María Soledad, quien preside la directiva, trabajan, codo a codo, Alejandra del Río, Bárbara Tamblay y Susan Conrrads. “Nosotras tenemos una visión diferente respecto al sistema tradicional, nuestro espíritu es crear nuevas oportunidades de integración comunitaria”, afirma su gestora. “La comunidad es muy participativa y por mucho tiempo trabajamos para que ellos se sintieran dueños del lugar, porque es un espacio que les pertenece”.
Y ese logro ¿se ha visto amenazado por la falta de recursos?
El año pasado tuvimos un casi cierre y el gobierno regional nos envió un salvavidas de cinco millones para hacer actividades en la biblioteca. Formamos el primer Club de Poeta para niños y jóvenes, pero luego se acabaron los recursos y volvimos a nuestra triste realidad.
Realidad que obligó a cerrar la biblioteca…
Llegamos a una deuda de cuatro millones de pesos y la verdad es que tener deudas por una biblioteca es un poquito irónico ¿no? En mayo hicimos una reunión con la directiva, lo meditamos y cerramos.
¿Estaban cansadas de seguir golpeando puertas?
¡Es que no nos correspondía asumir los gastos de la única biblioteca de Paihuano! Una cosa es ser administradores y otra, muy distinta, es ser los sostenedores. De ahí se empieza a develar una problemática nacional, porque en Chile, no existe una ley de bibliotecas públicas, lo que es un drama... ¡es una entidad muerta!
Con esto, ¿se abre también una polémica a nivel nacional?
Es un problema de Estado y donde no hay intención de que exista una ley para las bibliotecas públicas. ¿Tú sabes que Chile tiene el impuesto más caro del libro en el mundo? ¡Del mundo! Es una vergüenza ajena y un lunar en el país.
¿Pediste audiencia con el Ministro de Cultura, Luciano Cruz Coke?
Hubo políticos que nos ayudaron a canalizar reuniones, porque no teníamos respuesta. Presentamos el plan de gestión que tenemos, pero no logramos nada a nivel central. El ministro señaló que no tiene instrumentos para aportarnos, más que los fondos concursables. ¡Pero qué sacamos!, si presentamos los proyectos, son bien evaluados y no son aprobados; entonces, no entiendo ¡así no se puede trabajar! Estamos haciendo un servicio social y queremos hacerlo bien.
¿Qué pasó con la gente de la comuna?
El impacto que causó el cierre de la biblioteca, en la gente de la comuna de Paihuano, fue muy grande. Le mostramos la literatura, la conocieron, hicieron de esto un hábito y luego les quitan todo… ¡es muy fuerte!
La lucha continuó. Finalmente, obtuvieron apoyo del gobierno regional, pero solo por cuatro meses. La biblioteca abrió sus puertas hace unos meses, para alegría de la fundación y de la comuna. En la actualidad, se encuentran realizando una campaña denominada “Dona gabrielas para Montegabriela”, un juego de palabras que alude al billete de cinco mil pesos. Están evaluando los porcentajes reales de costo asignados a la biblioteca.
En lo personal ¿cómo ha sido todo este proceso?
Ha sido muy duro, pero, al mismo tiempo, nos fortalece. Es triste ver que, en nuestro país, prevalece el desarrollo económico por sobre las comunidades y el factor social.
DE LA PARRA AL TEJIDO
Soledad aprendió, hace algunos años, este ancestral oficio, el que utiliza como herramienta para capacitar, en forma gratuita, a las mujeres de Montegrande. En el amplio terreno de la biblioteca, está el taller de tejido a telar. Hasta la fecha ya se han capacitado trescientas mujeres, gracias al financiamiento de diferentes proyectos concursables y al espíritu de esta corporación. “Soy muy exigente en que esto sea un proceso natural, de rescatar la técnica integral y con diseños contemporáneos. Es gratificante ver que mientras las mujeres tejen, sus hijos disfrutan los libros en la biblioteca”, recalca Soledad, y agrega, con orgullo, que en septiembre abrirán un local de venta —al costado de la biblioteca— para ofrecer los productos que se elaboran en el taller textil.
Pese a las dificultades, sigues creando nuevos proyectos…
Queremos crear la Agrupación de Amigos de Montegabriela, con el fin de sostener la biblioteca pública, hasta que nos podamos manejar mejor económicamente.
¿Cuál es tu principal motivación para seguir dando esta lucha?
La gente. Ellos son los que me empujan. Esta labor es muy quijotesca, la responsabilidad social es muy fuerte y digo todos los días: ¡cómo me van a ganar!
“Ha sido muy duro, pero, al mismo tiempo, nos fortalece. Es triste ver que, en nuestro país, prevalece el desarrollo económico, por sobre las comunidades y el factor social”.