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EDICIÓN | Septiembre 2012

Progreso y modernidad en los espacios culturales de La Serena

Autor: Hernán Cortés Olivares. Académico e historiador de la Universidad de La Serena.
Progreso y modernidad en los espacios culturales de La Serena

La voluntad del emperador Carlos V por perdurar en la periferia del mundo conocido, para poblar el territorio que luego se llamará “el antemural del Pacífico”, queda plasmada en la refundación de la ciudad de San Bartolomé de La Serena, el 26 de agosto de 1549. Le corresponde este honor fundacional al capitán general y lugarteniente del gobernador don Francisco de Aguirre, constituyéndose en la segunda ciudad más antigua de nuestro país y que hoy celebra sus 468 años de existencia.
 

Los orígenes de la ciudad de La Serena, se hunden en el umbral del mito y la leyenda al otro lado del río Elqui; un solar conocido, pero aún no encontrado. Han transcurrido 468 años desde que el flamenco Joan Bohon o “Juan Poroto”, levantara los cimientos de la primera ciudadela con su iglesia y empalizada, el año 1544, como testimonio civilizador de la cruz y la espada española.  

¿Cuáles son los mecanismos culturales que los nuevos dominadores utilizan para construir el espíritu del renacimiento y la materialidad arquitectónica de la ciudad-luz, baluarte de la civilización? La primera tarea la cumplirán a cabalidad las órdenes religiosas de los dominicos, los mercedarios y los franciscanos. Ellos son los pedagogos de la transculturación española y, al mismo tiempo, los extirpadores de la ignorancia y la barbarie pagana, centrada en la eliminación de la idolatría mágica religiosa.

La construcción de las iglesias y los conventos se realizará con la mano de obra indígena, entregada por los encomenderos españoles, mediante turnos de trabajo para elaborar los miles de sencillos y rústicos adobes, a la manera de los árabes y de los chinos. La piedra sillar, baldosas y revestimientos de piedra laja se extraían de los minas de cal de Punta del Teatino, Tierras Blancas y Marquesa La Alta.

Los mueblistas y carpinteros, españoles pobres de solemnidad y mestizos con familias arraigadas en los barrios periféricos de la ciudad, confeccionarán los soportes, umbrales, pilares y tijerales de los edificios, las casas urbanas y rurales con las maderas sacadas de los bosques de los Infieles, Talinay, Fray Jorge, Cerrillos y el Ponio.

El mobiliario de sobriedad rústica se fabricará con maderas de Valdivia y Chiloé y con superficies de gruesos cueros de vacas, badanas de chivos y cueros de cerdos. La ropa, la confeccionarán las españolas y mestizas pobres de solemnidad, ayudadas por las sirvientas y esclavas cobrizas de la Araucanía, con telas de Flandes, terciopelos italianos y sedas de la India.

La iluminación de los hogares se lograba con las lámparas fabricadas con el cobre extraído de las minas de Tamaya, Brillador, La Higuera, Los Choros y Andacollo, que era fundido y labrado en los hornos y yunques del barrio de San Miguel, la Chimba y Huanhualí, por manos de fundidores, caldereros, orfebres, maestros y aprendices de las más variopinta etnicidad.

La calefacción durante los meses fríos y lluviosos, se realizaba con calderos y barcinas de cobre labrado y bronce bruñido que permitían quemar el carbón vegetal. Para eliminar el monóxido de carbono, todas las piezas tenían que ser altas, con una pequeña ventanita en la parte superior de las paredes, o bien un orificio en el techo.

Para eliminar los malos olores derivados de la falta de red de eliminación de aguas servidas y excretas, los jardines cercarán la casa, siendo preferidos por sus azahares los naranjos, limoneros, rosales, claveles y hierbas aromáticas. En verano, sencillamente, toda la familia abandonaba la ciudad para refugiarse en el valle o en la playa, con toda la servidumbre y los medios de movilización necesarios para trasladar los bártulos, muebles y artefactos de cocina, es decir, “con camas y petacas”.

La llegada del siglo de la Ilustración y la influencia de la cultura francesa, a través de la dinastía de los Borbones, cambiará los estilos del barroco español, iniciándose un nuevo proceso de modernización, esta vez con mayor sofisticación, nuevas formas de usos y costumbres y ante los cuales la sociedad serenense, no está ajena.
 

 

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