Desde muy niño lo cautivaron los colores, las formas y la música. Siguiendo su propia intuición, desarrolló en el tiempo un estilo particular que hoy es reconocido en la región. No tiene moldes establecidos y le gusta experimentar con sus ideas. Así puede montar creaciones en vivo con sus cuerpos pintados, relajarse dibujando mándalas o simplemente componer música en su taller. Un caleidoscopio creativo que quisimos conocer.
Por Laura Valdés P / Fotografía Patricio Salfate T.
Al ver las últimas creaciones de Dennis, la mirada se desvía inevitablemente a una explosión de colores. Los mándalas que han surgido desde hace años en sus telas son un verdadero imán para el público que ha visto sus exposiciones desde que empezara en el Drugstore en Santiago, en los años noventa, hasta sus cursos de pintura que realiza actualmente en La Serena.
Si bien sus comienzos apuntaron a pintar más formas geométricas, Dennis es un artista inquieto, que siempre ha estado incursionando en las distintas expresiones artísticas. Desde que fuera reconocido con un primer lugar en un concurso escolar de pintura a los seis años, este santiaguino, afincado en la zona, no encontró su verdadera vocación hasta recién cumplir los veinte años. Allí descubrió la pintura, especialmente el óleo.
¿Cómo lograste esa conexión con el arte?
Eso fue gracias al servicio militar (risas). Salí de la comodidad de mi casa en las Condes, por primera vez, a batírmelas por mi mismo a Punta Arenas. Allí se dieron cuenta de que era bueno para el dibujo y un capitán me encargó hacer unos planos. Lo hice bien y rápidamente me dediqué a eso en el regimiento. El último año ya me sentía cómodo y lo pasaba muy bien. Eso me sirvió para sentirme útil, darme cuenta de mis habilidades. Apenas llegué a mi hogar como el hijo pródigo, mis padres me preguntaron qué deseaba como regalo de cumpleaños… y les pedí un atril, telas y un montón de pintura. Desde entonces he seguido pintando todo el resto de mi vida, aunque, en ocasiones, he tenido que pintar menos.
¿Por qué?
Porque también me he dedicado a la música. Hace cinco años que desarrollo esta pasión de forma paralela. Y he tenido frutos, ya que incluso me han pedido musicalizaciones para obras de teatro. Estudié artes escénicas en la Uniacc y también en la escuela de Teatro de Fernando González. Todo eso me abrió un mundo y me ha permitido estar actualmente detrás del escenario, ya que ayudo en la escenografía, veo las luces, el diseño teatral. Ahora estoy participando en una obra infantil que se llama El sueño de Petul que dirige mi señora. Ella también es artista, es actriz y ambos pertenecemos a ATEL. (Asociación de Teatristas de Elqui).
¿Siempre has sido autodidacta?
Sí, un autodidacta neto. Me he hecho a pulso, como se dice. Con la pintura me pasó que empecé a observar cómo se pintaba. He investigado harto sobre el tema porque amo lo que hago.
¿Cómo llegaste a hacer cuerpos pintados?
De copión. Vi lo que estaba haciendo Edwards y me gustó. Y me dije, pero si esto yo también puedo hacerlo y me puse a investigar y a dar vueltas pensando cómo armar algo. Ese desafío me fascinó y empecé a reunir a personas, hombres y mujeres que estuvieran dispuestos a que yo los pintara, también del ámbito artístico ya que no existe tanto pudor. Invité a otros pintores de la región y juntos nos reunimos a hacer esto, además casualmente estaba de paso por Chile un amigo, fotógrafo belga, y vino a sacar las fotografías del montaje.
Fue un éxito…
Sí, fue una exposición muy interesante que preparamos en dos días. Después, cuando desarrollé la mía, me tomó más tiempo porque me puse a estudiar fotografía. Me compré la cámara, empecé a ver que también me gustaba y pensé que, en mi segunda exposición, las fotografías además las iba a tomar yo. Y así fue.
¿Cuánto tiempo tardaste?
Tres años. (Risas). Pero fue fantástica la experiencia. Reuní a los modelos, me hice cargo de todo y así salió la exposición multimedial Piel Norte y Mineral, auspiciada por la directiva de la Mina Radomiro Tomic en Calama.
Y ahora… ¿en qué proyecto estás?
Este último tiempo me han tocado varias cosas. La verdad, por un lado pinto, por otro hago música y teatro, también doy clases de pintura. Para mí es muy difícil encasillarme en una sola cosa.
LAS MÁNDALAS
Lo único recurrente en su vida han sido los mándalas. En la época de exposiciones en Santiago ya jugaba con la aproximación a la geometría abstracta llena de colorido. “Me gustaba esto de imaginarme un caleidoscopio y luego revisando libros me di cuenta de que existían los mándalas y me encantó”, señala con una sonrisa a la vez que agrega: “Lo distinto es que son místicos, más esotéricos, representan la flor de la vida”.
¿Qué es lo que más te atrae de ellos?
Me gusta el poder de síntesis de los mandalas, tienen una forma súper simple de hacerse, pero dentro de la sencillez también hay una complejidad enorme. Te aseguro que en una exposición, en la cual se pueden apreciar diversas técnicas pictóricas, el mándala atrae. La gente, de forma natural, se va hacia el mándala. Y tiene un gran éxito.
Actualmente das clases sobre mándalas…
Sí, tengo mis alumnas, hago clases y me motiva. Como encuentro que domino bien esta técnica, me atreví a dar clases. Y me he sorprendido con algunos alumnos, que llegan solo con las ganas de aprender y sin mayores conocimientos y luego terminan haciendo cosas maravillosas.
¿Cómo definirías este momento de tu vida?
Estoy fascinado en este minuto con lo que me ha pasado y el éxito que he tenido con los mándalas. Siento que ahora puedo dedicarme a hacer las cosas que me gustan, las que quiero y las que debo hacer. Porque uno también tiene una responsabilidad como artista.
¿Por ejemplo?
Con los niños. Estamos montando varias obras para transmitir cuentos, historias y hacerles llegar esa magia a niños que no han salido de sus casas, que nunca han presenciado una obra infantil porque no tienen mayores posibilidades. Hay mucho que entregar.
¿Y con la pintura?
También. No solo es un medio por el cual uno crea, también es un puente por el que uno entrega sus conocimientos. Lo veo con mis alumnos, ellos quieren aprender a dominar algo tan bonito como lo son los mándalas y yo les estoy dando, humildemente, esa posibilidad de hacerlo.
“Por un lado pinto, por otro hago música y teatro, también doy clases de pintura. Para mí es muy difícil encasillarme en una sola cosa”.