Una mujer íntegra, fuerte y, por sobre todo, feliz, con una tremenda capacidad de resiliencia en su vida personal, lo que le ha permitido sobreponerse ante las vicisitudes; y por supuesto ayudar a sus pacientes con tenacidad, perseverancia y positivismo. A través de la psicoterapia y de terapias complementarias, como las flores de Bach y el biomagnetismo que imparte su marido, la psicóloga Jornet se propone lograr su objetivo: que sus pacientes aprendan a ser felices.
Por María Paz Macaya O. / fotografías Javier Gutiérrez A.
Logramos reunirnos con Claudia (49) en su centro de atención "Huerquehue". "Logramos", porque la vida de esta mujer no tiene segundos de espera, le faltan horas a su día. Aquí nos cuenta un poco acerca de su círculo familiar. "De mi mamá heredé el sentido de familia, ella es contención, es el útero, ayuda a todos; y de mi papá, la responsabilidad, eso de levantarse temprano, ser hija del rigor y del esfuerzo".
Seguramente de aquí es que viene esa buena formación, tanto valórica como emocional, la que motivó a Claudia a estudiar una profesión que le permitiera estar en contacto directo con las personas, poder ayudarlas y acogerlas. Desde joven, esta mujer descubrió su capacidad innata para la observación, para analizar a las personas, para poder entender el mundo y la subjetividad de otros. "Siempre me gustaba observar, descubrir a las personas, analizarlas, sacarles todo el rollo". Por eso esta mujer, más bien introvertida y muy reservada, se dio cuenta de que tenía las aptitudes necesarias para la psicología. Entró a estudiar esta carrera en la Pontificia Universidad Católica. "Estaba segura que eso era lo mío, me gusta leer, escuchar a los demás y siempre me imaginé que una profesión como esta, me permitiría también estar más con mi familia".
En tercer año de la carrera, Claudia conoció en la universidad a Hernán Urzúa -su marido-, quien también estudió psicología. Un año después, con una relación muy afiatada y estable, y con sólo veintidós años, Jornet se casó, y con la perseverancia que la distingue, terminó sus estudios con éxito y comenzó a trabajar en una clínica psiquiátrica, en Santiago.
En el año ochenta y nueve, Claudia, junto a su marido, se vinieron a vivir a Talca. "Dejar Santiago para nosotros significó un cambio en la calidad de vida. Queríamos estar más tranquilos, mi marido siempre ha sido muy naturista, y disfrutamos mucho estar en contacto con la naturaleza. En ese tiempo, Joaquín -su hijo menor (26)- estaba chico, así que vivir en una ciudad como esta, que está cerca de la capital, pero que tiene otros ritmos, nos permitía poder trabajar y estar más en familia".
<strong>¿Qué ves en tu trabajo? ¿Qué es lo que más afecta a la gente y a las familias hoy en día?</strong><br /> Lo que más veo es la falta de amor, falta de amor a ti mismo y con los demás. El no poder perdonar, la falta de comunicación y las carencias que tenemos y que debemos aprender a superar. El sufrimiento de la mayoría de los pacientes es por carencias tempranas, entonces hay que ayudar a perdonar y que las personas se reconcilien con su historia.
<strong>¿Cuál es la mayor recompensa que te deja tu trabajo? ¿Qué te deja satisfecha? </strong><br /> Cuando veo que mis pacientes aprenden a quererse, aprenden a superar sus dolores y logran vivir con ellos, cuando se desprenden de sus culpas y me doy cuenta que están bien, seguros de sí mismos, ahí me siento satisfecha. Y esto es un proceso, donde uno es un facilitador, uno da herramientas para ampliar los esquemas de alguien, para lograr que el paciente se libere de sus dolores y mi mayor recompensa es cuando la persona supera esto.
<strong>¿Cómo te desconectas de tu trabajo, sobre todo cuando tienes un paciente grave?</strong><br /> En una situación grave no me puedo desconectar. En ocasiones, a mis pacientes que están muy mal, les doy mi teléfono personal e, incluso, me ha tocado tener que ir a verlos de urgencia, sobre todo casos críticos y depresiones graves en que hay riesgo de suicidio. Pero siempre trato de darme momentos para mí y me preocupo del auto cuidado, lo que más me repone y me llena de energía es estar con mi familia y disfrutar juntos de la naturaleza.
<strong>¿Siempre te has dedicado a la psicología clínica?</strong><br /> Sí, llevo veinticuatro años en esto, nunca he dejado de trabajar en lo clínico. Mi primer trabajo en Talca, ciudad a la que llegué desde Santiago, hace catorce años, fue en un hogar de niñas, perteneciente a una congregación y que dependía del Sename, en Constitución. Trabajé en hogares de niños-adolescentes infractores de ley y también estuve en el Serpaj (Servicio de Paz y Justicia). Además, integré un equipo en el Centro de Diagnóstico Ambulatorio, donde veíamos niños en riesgo social. Fuimos detectando casos de niños abusados sexualmente. Como equipo comenzamos a denunciar estas situaciones y nos propusimos empezar a trabajar estos temas. Eso fue una tremenda experiencia, pero muy agotadora. Muchas veces nosotros sabíamos quién era el abusador de las víctimas, pero no podíamos hacer nada frente a las resoluciones del sistema judicial, que muchas veces eran poco efectivas.<br /> <strong><br /> NATURALEZA Y ENERGÍAS</strong>
Claudia es de esas personas gozadoras de la vida, alegre y que transmite esa buena onda a primera vista. Tiene la capacidad de cambiarle el ánimo a cualquiera y parece que sus buenas energías nunca se le terminan. Tal vez se deba a su estilo natural y su forma de vida saludable. Muchas verduras, frutas y naturaleza son parte de su terapia re-energizante y de auto cuidado. Más aún cuando su marido es un naturista por excelencia. "Hernán sabe mucho de las propiedades medicinales de las plantas, además come muy sano. Nuestros desayunos son con mucha fruta, jugos y todo muy natural".
Hace catorce años atrás, y con ese afán de buscar siempre estar conectados con la naturaleza, Jornet y su marido compraron una parcela en las afueras de la ciudad de Talca. En el noventa y ocho comenzaron a construir su actual casa, que con un estilo muy del sur de Chile, es cálida y está decorada con muchos detalles que sus dueños han cuidado especialmente. Acogedora y rústica, cada rincón está pensado para algo, y tiene algún toque especial.
Años después, el matrimonio decidió construir un centro de atención al costado de su propia casa, dividiendo el sitio de su parcela. El centro, que empezó a funcionar el 2008, es el lugar donde este matrimonio de psicólogos tiene su consulta. También trabajan ofreciendo distintos tipos de terapias como flores de Bach y biomagnetismo, temas que el marido de Claudia estudió con el fin de complementar el trabajo clínico.
<strong>¿En qué consiste el tratamiento con flores de Bach?</strong><br /> La teoría del doctor Bach -médico y homeópata- que planteó hace setenta años atrás, es que las enfermedades físicas tienen un origen emocional. Entonces, él experimentó con varias flores silvestres nativas de la región de Gales que sanarían estos problemas emocionales como miedos, estrés, angustia y depresión, entre otros. Una de las formas de diagnosticar qué tipo de desequilibrio psico-emocional afecta al paciente, es a través de la técnica de la kinesiología holística. Pero todo esto siempre tiene que tratarse en conjunto con una adecuada terapia psicológica.
<strong>¿Y el biomagnetismo cómo funciona? </strong><br /> Es una técnica que plantea que tenemos varios centros de energía en el cuerpo y consiste en reconocer cuál de estos puntos energéticos están alterados, y que originan una enfermedad o un malestar agudo y muchas veces crónico. Para detectar la causa se usan unos imanes pasivos -no electrificados- con el fin de hacer un rastreo biomagnético.
<strong>¿Por qué el nombre de "Huerquehue?</strong><br /> En lengua mapuche, Huerquehue significa lugar de mensajeros. Y creemos que nuestro centro es un lugar de sanación, de tranquilidad, donde se transmite un mensaje de paz, de fortaleza y de fe. Un mensaje de energías positivas, de acoger y animar. La idea es ofrecer una atención integral para la sanación del alma, y también para renovar energías, por eso ofrecemos yoga, reiki y reflexología.
<strong>RESILIENCIA AL CIENTO POR CIENTO </strong>
Pero más allá de toda la teoría que Claudia pueda aplicar con sus pacientes, esta tenaz y carismática mujer es un ejemplo de valentía, de lucha y pone a prueba su gran tenacidad, su espíritu de superación y fuerza interior que heredó de su familia. La teoría puesta en práctica frente a las adversidades y difíciles pruebas de la vida.
Con veintiséis años de matrimonio y dos hijos -Paula (26), arqueóloga, y Joaquín (22), estudiante de psicología-, Claudia es un testimonio de que la vida no es fácil, pero hay que vivirla intensamente. "La vida tiene momentos difíciles, pero también cosas buenas. Hay que aprovechar cada momento al máximo y tener gratitud por lo que se tiene, son cosas que debemos incorporar para aprender a ser felices." <br /> Y ha sabido incorporar esto a su propia vida, luego de que en el 2004 a su marido le diagnosticaran un cáncer a la médula ósea, llamado mieloma múltiple. "Fue terrible, sobre todo cuando los médicos le dieron un pronóstico de tres años y medio. Pero Hernán tiene una fuerza interior increíble; a veces él nos da ánimo a nosotros. A pesar de que estuvo muy grave, en cama, sin poder moverse, ahora volvió a caminar y retomó su trabajo y ya lleva siete años".
<strong>¿Has tenido momentos de rebeldía, te has preguntado por qué les tocó vivir esto?</strong><br /> Nunca me he preguntado por qué a nosotros. ¿Quiénes somos nosotros como para que no nos pasara esto? Pero he rezado mucho, para que Dios nos dé fuerza y me he preguntado para qué y le pido que me dé esa respuesta.
<strong>¿Qué le puedes decir a la gente que está pasando por un mal momento?</strong><br /> Que siempre tenemos alguna razón para ser feliz, a pesar de los problemas. La enfermedad de Hernán me ha enseñado que la vida es ahora y que es corta, por eso hay que aprovecharla con lo que se tiene y vivirla intensamente.<br /> <em><strong><br /> "Lo que más veo en los pacientes es la falta de amor, falta de amor a ti mismo y con los demás. El no poder perdonar, la falta de comunicación y las carencias que tenemos y que debemos aprender a superar... hay que ayudar a perdonar y que las personas se reconcilien con su historia".</strong></em>